lunes, 2 de febrero de 2015

PENSAMIENTO DIARIO DE SANTA TERESA DE JESÚS:EL SEÑOR SE MANIFIESTA DE MUCHOS MODOS

EL SEÑOR SE MANIFIESTA DE MUCHOS MODOS
A los que El ve que se han de aprovechar de su presencia El se les descubre; que aunque no lo vean con sus ojos corporales, tiene muchos modos de manifestarse al alma por grandes sentimientos interiores y por diferentes caminos. Permaneced con él de buena gana; no perdáis tan buen momento de negociar con El, como es el tiempo después de haber comulgado (C 34, 10).
Tampoco no veía el justo Simeón más del glorioso niños pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca gente de acompañamiento que iba en la procesión, más pudiera juzgarle por romerito, hijo de padres pobres, que por Hijo del Padre celestial, mas dióselo el mismo Niño a entender. (CE 53,2)

Esto me dijo el Señor: “No pienses , cuando veas a mi Madre que me tiene en sus brazo, que gozaba de aquellos contentos sin gran tormento. Desde que le dijo Simeón aquellas palabras, la dio mi Padre clara luz para que viese lo que ya había de padecer” (Cuentas de conciencia 26,1)

NECESIDAD DE LA ASCESIS. Homilía del Domingo de Septuagésima. P. Carlos


Queridos hermanos:
Damos comienzo con este domingo de “septuagésima” al ciclo litúrgico de Pascua. Es el inicio de un recorrido hacia la Pasión del Señor, su muerte y resurrección. La Iglesia nos propone por tanto un tiempo “fuerte” de conversión y penitencia que irá acentuándose progresivamente hasta la noche pascual. De este modo en estas tres semanas de septuagésima, sexagésima y quincuagésima se nos irá introduciendo suavemente en los rigores de las prácticas cuaresmales que empezaremos el miércoles de ceniza, por tanto, la liturgia nos ofrece una anticipación de la sobriedad y austeridad propias del tiempo cuaresmal.
La Santa Iglesia, como prolongación de la llamada a la conversión que Jesucristo nos hace en el Evangelio, realiza por medio de sus pastores una invitación continua a morir al pecado para vivir conforme a nuestra vocación de hijos de Dios. Y esto lo hace especialmente en la Sagrada Liturgia, que además de ser el acto supremo de culto que ofrecemos a Dios, es el manantial y fuente de donde se va nutriendo nuestra fe.
La vida del cristiano, nuestra vida, está llamada a ser en palabras del apóstol San Pablo, “logiké latreia” es decir, un culto racional, “un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. Estamos llamados a hacer de nuestra propia vida una verdadera ofrenda, un acto de glorificación y adoración de Dios, con nuestros pensamientos y nuestras palabras, con nuestros actos y comportamientos. La acción de la gracia, que recibimos en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, verdadera comunión con Cristo, nos hace capaces de ser transformados por la acción del Espíritu Santo, dejando así que aparezca el “hombre nuevo” a imagen de Dios. De este modo el verdadero creyente debe vivir con intensidad cada celebración, cada acto de culto, como íntima expresión de fe, y al mismo tiempo ir “sacralizando” la vida, haciendo de su vivir cotidiano un culto, una oblación agradable a Dios.
Los textos de la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece en este domingo son una propuesta clara de conversión y esfuerzo en la vida cristiana. Es una invitación al ascetismo, a “ponernos en forma”. En el ámbito greco-romano la ascesis consistía en los ejercicios metódicos que servían para el entrenamiento físico de los atletas y los soldados, igualmente en el ámbito del pensamiento y la filosofía se refería a los desprendimientos y los esfuerzos necesarios para adquirir la virtud, para alcanzar la sabiduría.
El apóstol San Pablo en la Epístola a los Corintios recoge la idea de las competiciones de atletas en el estadio; la aplica a la vida cristiana y confiere a la ascesis un sentido religioso, que posteriormente desarrollarán los Santos Padres refiriéndolo especialmente al régimen de vida ordenado a la perfección evangélica, especialmente en el estado de continencia o en la profesión monástica.
Lo que pretende el apóstol es orientarnos en la búsqueda de la perfección mediante el esfuerzo personal y el uso de prácticas de penitencia para luchar contra los defectos y adquirir las virtudes. Y esto, queridos hermanos, es Evangelio puro, no una teoría rigorista preconciliar, porque Nuestro Señor Jesucristo no solamente predicó la ascesis, sino que Él mismo la realizó en su propio cuerpo, sometiéndose a un ayuno de cuarenta días en la soledad del desierto. De este modo inauguró su combate espiritual con el demonio.
De este modo, nosotros, al practicarla, realizamos un acto de comunión con los sufrimientos de Cristo, a través de pruebas de todo tipo aceptadas por el Evangelio, a fin de tener parte en la alegría de su Resurrección. Así, la búsqueda de la perfección es también un prolongado combate que le sugiere al Apóstol la comparación del cristiano con el atleta que participa en las carreras y pugilatos del estadio: «Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible».
Pero, la verdadera ascesis debe fundarse y producir la caridad. Durante algún tiempo, y también en nuestros días, se ha mirado con sospecha la ascética cristiana incluso llegando despreciarla, por ver en ella una corriente de rigorismo egocéntrico que produce soberbia y engreimiento sobre los demás. Pero estos, queridos hermanos, es una caricatura de la ascesis. Por el contrario, la ascesis cristiana es un camino hacia la libertad espiritual que pertenece al amor. Como tal, constituye una contestación radical respecto al mundo en que vivimos, en la medida en que está conducido por el deseo de poseer, de gozar y de dominar, por la atracción del dinero, del sexo y del poder, y se deja deslumbrar por la tentación de una libertad sin trabas ni medida. El compromiso con la pobreza, la castidad y la obediencia ataca directamente estos deseos; pero traslada el debate al corazón del hombre para sustituir en él la voluntad de poder, que es una voluntad de ser «como dioses», según la expresión del Génesis, por una voluntad de amor que nos llega a través del humilde y alegre reconocimiento de Dios como nuestro Dios, especialmente a través de la acogida de su misericordia en el perdón ofrecido en Jesucristo.
El Santo Evangelio de hoy nos manifiesta esta bondad y justicia de Dios manifestada plenamente en Jesucristo, que se contrapone a nuestros juicios, a nuestros falsos méritos, a nuestra autojustificación y exigencia. Dios quiere comunicarnos su bondad y misericordia, esforcémonos por acoger su Palabra, por hacerla vida en nosotros y avancemos, fortalecidos por la gracia, al encuentro del Señor.

Misa cantada de la Presentación y la Purificación. En Directo a las 8:15

LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO CONSTITUYE UN ICONO ELOCUENTE DE LA ENTREGA TOTAL DE LA PROPIA VIDA


COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DÍA
La Purificación de Nuestra Señora y la Presentación en el Templo
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En la fiesta de hoy contemplamos a Jesús nuestro Señor, a quien María y José llevan al templo «para presentarlo al Señor» (Lc 2, 22). En esta escena evangélica se revela el misterio del Hijo de la Virgen, el consagrado del Padre, que vino al mundo para cumplir fielmente su voluntad (cf. Hb 10, 5-7). Simeón lo señala como «luz para alumbrar a las naciones» (Lc 2, 32) y anuncia con palabras proféticas su ofrenda suprema a Dios y su victoria final (cf. Lc 2, 32-35). Es el encuentro de los dos Testamentos, Antiguo y Nuevo. Jesús entra en el antiguo templo, él que es el nuevo Templo de Dios: viene a visitar a su pueblo, llevando a cumplimiento la obediencia a la Ley e inaugurando los tiempos finales de la salvación.
Es interesante observar de cerca esta entrada del niño Jesús en la solemnidad del templo, en medio de un gran ir y venir de numerosas personas, ocupadas en sus asuntos: los sacerdotes y los levitas con sus turnos de servicio, los numerosos devotos y peregrinos, deseosos de encontrarse con el Dios santo de Israel. Pero ninguno de ellos se entera de nada. Jesús es un niño como los demás, hijo primogénito de dos padres muy sencillos. Incluso los sacerdotes son incapaces de captar los signos de la nueva y particular presencia del Mesías y Salvador. Sólo dos ancianos, Simeón y Ana, descubren la gran novedad. Guiados por el Espíritu Santo, encuentran en ese Niño el cumplimiento de su larga espera y vigilancia. Ambos contemplan la luz de Dios, que viene para iluminar el mundo, y su mirada profética se abre al futuro, como anuncio del Mesías: «Lumen ad revelationem gentium!» (Lc 2, 32). En la actitud profética de los dos ancianos está toda la Antigua Alianza que expresa la alegría del encuentro con el Redentor. A la vista del Niño, Simeón y Ana intuyen que precisamente él es el Esperado.
La Presentación de Jesús en el templo constituye un icono elocuente de la entrega total de la propia vida para cuantos, hombres y mujeres, están llamados a reproducir en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, «los rasgos característicos de Jesús virgen, pobre y obediente» (Exhort. apost. postsinodal Vita consecrata, 1). Por esto, el venerable Juan Pablo II eligió la fiesta de hoy para celebrar la Jornada anual de la vida consagrada. 
Quiero proponer tres breves pensamientos para la reflexión en esta fiesta.
El primero: el icono evangélico de la Presentación de Jesús en el templo contiene el símbolo fundamental de la luz; la luz que, partiendo de Cristo, se irradia sobre María y José, sobre Simeón y Ana y, a través de ellos, sobre todos. Los Padres de la Iglesia relacionaron esta irradiación con el camino espiritual. La vida consagrada expresa ese camino, de modo especial, como «filocalia», amor por la belleza divina, reflejo de la bondad de Dios (cf. ib., 19). En el rostro de Cristo resplandece la luz de esa belleza. «La Iglesia contempla el rostro transfigurado de Cristo, para confirmarse en la fe y no correr el riesgo del extravío ante su rostro desfigurado en la cruz... Ella es la Esposa ante el Esposo, partícipe de su misterio y envuelta por su luz. Esta luz llega a todos sus hijos… Una experiencia singular de la luz que emana del Verbo encarnado es, ciertamente, la que tienen los llamados a la vida consagrada. En efecto, la profesión de los consejos evangélicos los presenta como signo y profecía para la comunidad de los hermanos y para el mundo» (ib., 15).
En segundo lugar, el icono evangélico manifiesta la profecía, don del Espíritu Santo. Simeón y Ana, contemplan al Niño Jesús, vislumbran su destino de muerte y de resurrección para la salvación de todas las naciones y anuncian este misterio como salvación universal. La vida consagrada está llamada a ese testimonio profético, vinculado a su actitud tanto contemplativa como activa. En efecto, a los consagrados y las consagradas se les ha concedido manifestar la primacía de Dios, la pasión por el Evangelio practicado como forma de vida y anunciado a los pobres y a los últimos de la tierra. «En virtud de esta primacía no se puede anteponer nada al amor personal por Cristo y por los pobres en los que él vive... La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con él, de la escucha atenta de su Palabra en las diversas circunstancias de la historia» (ib., 84). De este modo la vida consagrada, en su vivencia diaria por los caminos de la humanidad, manifiesta el Evangelio y el Reino ya presente y operante.
En tercer lugar, el icono evangélico de la Presentación de Jesús en el templo manifiesta la sabiduría de Simeón y Ana, la sabiduría de una vida dedicada totalmente a la búsqueda del rostro de Dios, de sus signos, de su voluntad; una vida dedicada a la escucha y al anuncio de su Palabra. «”Faciem tuam, Domine, requiram”: tu rostro buscaré, Señor (Sal 26, 8… La vida consagrada es en el mundo y en la Iglesia signo visible de esta búsqueda del rostro del Señor y de los caminos que llevan hasta él (cf. Jn 14, 8)… La persona consagrada testimonia, pues, el compromiso gozoso a la vez que laborioso, de la búsqueda asidua y sabia de la voluntad divina» (cf. Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, Instrucción El servicio de la autoridad y la obediencia. Faciem tuam Domine requiram [2008], I).
Queridos hermanos y hermanas, ¡escuchad asiduamente la Palabra, porque toda sabiduría de vida nace de la Palabra del Señor! Escrutad la Palabra, a través de la lectio divina, puesto que la vida consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. El vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en "exégesis" viva de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, en virtud del cual se ha escrito la Biblia, es el mismo que ha iluminado con luz nueva la Palabra de Dios a los fundadores y fundadoras. De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Verbum Domini, 83).
Hoy vivimos, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, una condición marcada a menudo por una pluralidad radical, por una progresiva marginación de la religión de la esfera pública, por un relativismo que afecta a los valores fundamentales. Esto exige que nuestro testimonio cristiano sea luminoso y coherente y que nuestro esfuerzo educativo sea cada vez más atento y generoso. Que vuestra acción apostólica, en particular, queridos hermanos y hermanas, se convierta en compromiso de vida, que accede, con perseverante pasión, a la Sabiduría como verdad y como belleza, «esplendor de la verdad». Sabed orientar con la sabiduría de vuestra vida, y con la confianza en las posibilidades inexhaustas de la verdadera educación, la inteligencia y el corazón de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo hacia la «vida buena del Evangelio».
En este momento, mi pensamiento va con especial afecto a todos los consagrados y las consagradas, en todos los rincones de la tierra, y los encomiendo a la santísima Virgen María:

Oh María, Madre de la Iglesia,
te encomiendo 
toda la vida consagrada,
a fin de que tú le alcances 
la plenitud de la luz divina:
que viva en la escucha
de la Palabra de Dios,
en la humildad del seguimiento
de Jesús, tu hijo y nuestro Señor, 
en la acogida
de la visita del Espíritu Santo,
en la alegría cotidiana del Magníficat,
para que la Iglesia sea edificada
por la santidad de vida
de estos hijos e hijas tuyos,
en el mandamiento del amor. Amén.
Benedicto XVI

EVANGELIO DEL DÍA: Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel


LA PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA 
Y PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la madre, según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, para presentarle al Señor,  como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que nazca el primero, será consagrado al Señor;  y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos, como está ordenado en la ley del Señor. 
Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba de día en día la consolación de Israel o la venida del Mesías, y el Espíritu Santo moraba en él.  El mismo Espíritu Santo le había revelado, que no había de morir antes de ver al Cristo o Ungido del Señor.  Así vino inspirado de él al templo. Y al entrar con el niño Jesús sus padres para practicar con él lo prescrito por la ley,  tomándole Simeón en sus brazos, bendijo a Dios, diciendo: 
Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa.  Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado,  al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos,  sea luz que ilumine a los gentiles y la gloria de tu pueblo de Israel.
Lc 2,22-32 

domingo, 1 de febrero de 2015

Santa Misa en directo. Domingo de Septuagésima. A las h

EL ROSARIO DE HOY CON EL BEATO LUIS VARIARA


Santo Rosario.
Por la señal... 
Monición inicial: Se hace hoy memoria del beato Luis Variara, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales, que dedicó toda su actividad en favor de los leprosos y fundó la Congregación de Hermanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María (1923). Con algunos de sus pensamientos meditamos el rosario de hoy.

MISTERIOS GLORIOSOS
1.-La Resurrección del Señor.
“Aprended de Jesús esa santa humildad, que es el mejor adorno de una víctima y sin la cual es imposible agradar a Dios..”
2.- La Ascensión del Señor
“Cuanto gozo pensando en el Cielo, pues allí nos encontraremos todos y todos seremos para siempre felices.”
3.- La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María
“Consagrarse a Jesús… ser de Jesús… he aquí vuestro anhelo y vuestro cielo”.”
4.- La Asunción de María Santísima a los Cielos
“Jesús para Ti, sólo soy y seré"
5.- La Coronación De La Virgen Como Reina Y Señora De Todo Lo Creado.
“¡Oh Dios mío! ¡Solo Vos habéis podido elevar a estas pobres creaturas a un estado tan del cielo y; solo vos, cuyas misericordias hemos de cantar eternamente!”

Señor mío Jesucristo... 

PENSAMIENTO DE SANTA TERESA: ES DIOS MUY PAGADOR

ES DIOS MUY PAGADOR

 ¡Oh, hijas mías, que es Dios muy pagador, y tenéis un Señor y un Esposo a quien no se le pasa nada sin que lo entienda y lo vea! Y así, aunque sean cosas muy pequeñas, no dejéis de hacer por su amor lo que pudiereis. Su Majestad las pagará; lo que mira es el amor con que lo hacéis (Mdt C 1, 6).

EL SER LLAMADOS ES LA PRIMERA RECOMPENSA

COMENTARIO AL EVANGELIO
DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En el Evangelio de hoy (Cf. Mateo 20,1-16a), Jesús narra precisamente la parábola del dueño de la viña que, en diferentes horas del día llama a obreros a trabajar en su viña. Y al terminar el día da todos el mismo salario, un denario, suscitando la protesta de los obreros de la primera hora. Está claro que el denario representa la vida eterna, don que Dios reserva para todos. Es más, precisamente aquellos que son considerados los "últimos", si lo aceptan, se convierten en los "primeros", mientras que los "primeros" pueden correr el riesgo de ser los "últimos".
Un primer mensaje de esta parábola está en el mismo hecho de que el dueño no tolera, por así decir, el desempleo: quiere que todos trabajen en su viña. Y, en realidad, el ser llamados es ya la primera recompensa: poder trabajar en la viña del Señor, ponerse a su servicio, colaborar en su obra, constituye en sí un premio inestimable, que recompensa de todo cansancio. Pero lo comprende sólo quien ama al Señor y a su Reino; quien, por el contrario, sólo trabaja por el salario nunca se dará cuenta del valor de este tesoro inestimable.
Quien narra la parábola es san Mateo, apóstol y evangelista, de quien se celebra precisamente hoy la fiesta litúrgica. Me gusta subrayar que Mateo, vivió en primera persona esta experiencia (Cf. Mateo 9,9). Antes de que Jesús le llamara desempeñaba la profesión de publicano y por este motivo era considerado un pecador público, excluido de la "viña del Señor".
Pero todo cambia cuando Jesús, al pasar junto a su despacho de impuestos, le dice: "Sígueme". Mateo se levantó y le siguió. De publicano se convirtió inmediatamente en discípulo de Cristo. De "último" se convirtió en "primero", gracias a la lógica de Dios que --¡por suerte para él!-- es diferente a la del mundo. "No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos" (Isaías 55,8).

EVANGELIO DEL DOMINGO: ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA


DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA
Forma Extraordinaria del Rito Romano
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: semejante es el reino de los cielos a un hombre, padre de familias, que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña. Y habiendo convenido con los trabajadores en un denario por día, los envió a su viña. Y saliendo a eso del a hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré el salario justo. Y ellos fueron. Volvió a salir a eso de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo. Salió por fin a eso de la hora de vísperas, y vio a otros que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí, todo el día ociosos? Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha contratado. díceles: Id también vosotros a mi viña. Y al llegar la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los últimos hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido a eso de la hora de vísperas, recibieron cada cual un denario. Y cuando llegaron los primeros, creyeron que recibirían más; pero no recibió sino un denario cada uno: Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familias, diciendo: Estos últimos sólo han trabajado una hora, y los has igualado con nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago ningún agravio: ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete: pues yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿O es que no puedo yo hacer de lo mío lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno? Así que los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos. Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.
Mateo 20, 1-16