Continuación
del Santo Evangelio según San Lucas 21, 25-33
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las
estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del
mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que
se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces
verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece
a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Y les
dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis
que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.
Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca
el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Por
la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor
mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te
adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para
hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre
y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACIÓN
I
domingo de Adviento.
Del Juicio universal
PUNTO
PRIMERO.
Considera las señales espantosas que precederán a este día último y final del mundo, como preceden en los
hombres cuando se llega su fin, hallándose cercanos a la muerte, las cuales,
dice Cristo, que serán tales, que los hombres se quedarán secos y pasmados de puro
temor, porque los mismos cielos se turbarán y perderán su curso, y el orden y
concierto que han guardado hasta entonces; y desconcertado aquel reloj, por el
cual se rige y gobierna todo el mundo, el también se desconcertará, y los
elementos sintiendo su fin se alterarán, batallando entre sí terriblemente; el
mar se embravecerá rompiendo sus lindes, y saliendo furiosamente de sus
términos, sumirá en su abismo a cuantos en aquella ocasión le navegaren; los
aires bramarán horriblemente y con tan gran furor, que trastornarán los montes,
y sepultarán las ciudades; la tierra temblará y abrirá sus entrañas por muchas
partes, y sepultará vivos a los hombres, y arruinará todos sus edificios, y las
fieras buscarán los poblados, y los hombres las cuevas de los brutos y fieras
para guarecerse en ellas, y ninguno hallará seguridad: las estrellas se
desencajarán de los cielos y caerán: sobre la tierra, como cuando se sacude un
árbol y cae la fruta en el suelo; y últimamente el fuego contra su propio
natural caerá de su región, y abrasará toda la tierra, y cuanto la hermoseaba y
había de valor en ella, dejándola por todas partes cubierta de funestas
cenizas. Considera qué tal será el día, cuando su víspera es tan espantosa y tremenda,
y qué sentirán los hombres que se hallaren vivos en aquel tiempo, y ¿qué
sintieras tú, que con un trueno de las nubes te cubres de temor y temblor?
Contempla el mundo desnudo de esta apariencia, y manifestando lo que encierra
en su seno, que todo es un poco de polvo y ceniza: mira en qué pararon sus
honras, sus dignidades, sus riquezas, sus delicias, sus ciudades, jardines y paraísos,
y aprende a despreciar lo que vale tan poco, y apreciar solamente lo eterno y
verdadero, que nunca se ha de acabar.
PUNTO
II.
Considera que, estando el mundo en este silencio, acabada la farsa que ahora se
representa, y vuelto a su primera desnudez, asomará por lo alto un arcángel,
como dice el apóstol San Pablo (1),
y dará una voz como de trompeta, llamando a todos los hombres a juicio, la cual
será tan poderosa, que por virtud divina resucitará a todos los difuntos,
juntando sus cuerpos y uniéndolos con sus almas en un momento, en que los congregará
en el valle de Josafat: no mires esto como muy distante, sino como si ahora sucediera
y lo vieras, y te hallarás presente a todo, pues infaliblemente has de ser uno
de los que han de oír aquella voz, y levantarse de los sepulcros para ir a
juicio: mira cuán solos se levantan los que andaban acá muy acompañados; como
acabada esta comedia, todos son iguales; cómo ya no hay riquezas, ni deleites,
ni poderíos, ni posesiones, ni grandezas, ni diferencia alguna entre el noble y
el plebeyo, ni entre el amo y el criado; cómo solo les acompañan sus obras y
las que quisieras haber hecho entonces: mira como se levantarán los malos,
feos, tristes, miserables, pobres y sin remedio; atiende a sus llantos y a la
penitencia que hicieran, si les fuera concedida una hora de tiempo de cuantas
ahora gastan vanamente; y luego vuelve los ojos a los buenos, y míralos salir
de los sepulcros, hermosos como el sol, bañados de gozo y alegría, y dándose
mil parabienes por la penitencia que hicieron en este siglo, y las buenas obras
en que emplearon los días de su vida; y pues necesariamente has de ser de uno
de los dos gremios, logra el tiempo que Dios te concede, у resuélvete en su
acatamiento a dejar la vida ancha que lleva a la perdición, y abrazar con todas
tus fuerzas la estrecha, que es el camino de la vida eterna y verdadera.
PUNTO
III.
Considera como luego se abrirá el cielo, y bajará Cristo a la tierra a juzgar
el mundo con grande poder y majestad, porque vendrá acompañado de todos sus
ángeles y cortesanos, y formará en las nubes su trono, a donde, como dice San
Pablo, subirán volando a cubrirle y acompañarle todos los escogidos; y los
condenados quedarán en la tierra apegados y pesados, sin poderse mover, con
indecible confusión y dolor de sus corazones. ¡Oh qué rabia, oh qué despecho
padecerán, viendo en tanta honra y gloria a los que acá despreciaron, y tuvieron
por locos y miserables, y a ellos en tanta deshonra y confusión! Cada uno llevará
en la frente para mayor deshonra suya sus delitos escritos y la causa de su
sentencia, que será manifiesta a todo el mundo, afrentándolos Dios de esta
manera a los ojos de todos, y así afrentará Dios a los malos el día del juicio,
y honrará a los buenos, grabando, como lo testifica San Juan (2), su propio nombre en sus frentes y
los títulos de su gloria, con que resplandecerán más que el sol : acuérdate que
forzosamente te has de hallar allí presente, sin tener por donde huir, y mira
qué suertes tan desiguales son las de los buenos y los malos; y por cuanto no
quisieras errar en negocio que tanto te importa, pues no va menos que vivir o
morir para siempre, dispón ahora tus cosas, como las quisieras haber dispuesto
en aquel día del juicio .
PUNTO
IV.
Considera como empezará luego el juicio, el cual será tan estrecho y el Juez
tan recto y riguroso, que como dice San Crisóstomo, hasta a los mismos ángeles
hará temblar: no hay palabra, ni seña, ni pensamiento de que no se haya de
pedir allí estrecha cuenta; y será tal, que el más ajustado con dificultad,
como dice el santo Job (3), de mil
cargos apenas podrá responder solo uno; y si el justo con dificultad se
salvará, el malo y pecador ¿a dónde irán? Allí nadie rogará por otro, ni el
Juez se ablandará con dones, ni recibirá excusas. ¡Oh cómo se publicarán allí
los pecados ocultos, que nunca se confesaron! Tú los hiciste en secreto, y
Dios, como dijo Natán a David (4),
los manifestará el día de aquel universal teatro del orbe a vista de ángeles y
hombres: mírate ahora como has de estar entonces; considera la cuenta que te piden,
los cargos que te hacen y la aflicción en que te ves, sin otros abogados o valedores
más que tus obras, esperando el fallo de la sentencia, y mira qué cuenta darías,
y qué sentencia te dieran ahora de tu vida pasada; y pues tienes tiempo,
arrójate a los pies del Juez, y pídele con lágrimas perdón de tus culpas y
treguas para enmendarlas, y hacer dignísima penitencia de ellas: pon a los
santos por intercesores, y en especial a la Reina de los ángeles, la cual rogará
ahora por ti, y te alcanzará la gracia que deseas y necesitas para enmendar la
vida y disponerte para el día del juicio .
Te
doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones
que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra.
Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda:
interceded por mí.
EMPEÑO
DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO, PARA CONSEGUIR LA SALVACIÓN ETERNA A SUS
BIENHECHORES
MES DE NOVIEMBRE
EN SUFRAGIO DE
LAS BENDITAS ALMAS
DEL PURGATORIO
Francisco
Vitali
Por la señal…
ORACIÓN INICIAL
Oh
María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el
purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede
para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la
admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu
Hijo bendito.
Oh
glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo
por las almas del purgatorio. Amén.
Se lee lo propio de cada día.
DÍA
30
MEDITACIÓN
Empeño
de las almas del Purgatorio, para conseguir la salvación eterna a sus
bienhechores
Si
mucho ruegan por nosotros, si nos obtienen muchas gracias mientras son
infelices prisioneras las almas del Purgatorio, ¿cuánto más eficaz será su
intercesión cuando lleguen a ser gloriosas reinas en el Paraíso? No serán ellas
como el ingrato copero de Faraón, que vuelto de la cárcel a la corte, olvidó en
su prosperidad al afligido intérprete de su sueño, José. El sentimiento de su
gratitud se aumenta en proporción que se proporciona y se sublima su estado, y
estando en el cielo más próximas a Dios y animadas de una caridad más perfecta
para con nosotros, no cesan de rogar hasta haber alcanzado las más especiales
gracias temporales y espirituales a sus devotos. ¿Quién, pues, no querrá
esforzarse por enviar al Cielo el mayor número posible de intercesores tan
eficaces? La Pernera gracia que apenas entradas al Cielo pedirán como
embajadoras nuestras aquellas almas bienaventuradas, será la salvación eterna
de sus bienhechores. Gran Dios, dirán ellas postradas ante el trono del
Altísimo, tened misericordia de aquellos que tuvieron piedad de nosotras, ellos
nos libraron de las abrasadas cadenas del Purgatorio, libradles también vos de
las duras cadenas del pecado. Ellos nos abrieron las dichosas puertas del
Paraíso, abridles también vos las puertas y el camino para llegar a vos. ¿Serán
excluidos de este reino los que tanto se empeñaron por aceleradnos su
posesión?, ¿serán privados de vuestra visión beatífica los que nos hicieron
prontamente volar a deleitarnos en vuestro seno?, ¿no se salvarán aquellos que
nos salvaron? ¡Ah! no, dad, ¡oh dulcísimo Señor!, a nosotras que somos vuestras
hijas y vuestras esposas, ya que tanto os complacéis en nosotras, dadnos
aquellas almas por quienes nuestra gratitud os ruega con el mayor fervor. Por
lo cual, es común sentir de los santos Padres y Doctores, que quien se empeña
en sufragar a las almas del Purgatorio, no podrá perecer jamás. ¡Oh dichosa
suerte!, ¡oh seguridad envidiable!, seguridad y suerte digna de adquirirse si
necesario fuese con cuanto poseemos. Con vuestros bienes de fortuna, decía
nuestro Señor Jesucristo, haceos a tiempo de amigos que cuando faltaréis os
reciban en los eternos tabernáculos. Estos amigos son los pobres; pero no todos
los pobres de la tierra llegan a los eternos tabernáculos. Las ánimas del
Purgatorio sí, que siendo las más pobres, están seguras de entrar en aquella
gloria, y si llegan a ella merced a nuestros sufragios, ¡oh!, cuán ansiosas y
solícitas estarán por recibirnos en su compañía a gozar de Dios eternamente.
Nos saldrán al encuentro con la milicia celestial, serán nuestra compañía y
nuestra corona y nos conducirán como en triunfo ante el trono del Eterno a
recibir el galardón de nuestra generosa caridad. ¿Quién hay que no sienta
conmovérsele el corazón en vista de un tan dichoso fin?, ¿quién hay que no
quiera ejercitarse de todos los modos posibles en una devoción tan piadosa como
ventajosa?, ¡ah, sí!, mantengámosla siempre, no la abandonemos jamás, que
demasiado grande es el interés que debe empeñar a nuestro corazón.
ORACIÓN
Un
interés universal, ¡oh Señor!, empeñan nuestros corazones en la devoción de las
almas del Purgatorio; un interés en la tierra que nos libra de casi todos los
males, nos colma de casi todos los bienes y hace venturosos los días de nuestra
vida; un interés en el Purgatorio que nos hace acreedores de la gratitud de
aquellas almas, nos dispone al goce de muchos sufragios y nos libra de la
prolongación de aquellas acerbísimas penas; un interés en el Cielo que nos
adquiere poderosos patronos, mueve a piedad hacia nosotros vuestro corazón y
asegura el importantísimo negocio de nuestra eterna salvación. ¿Pues si tal y
tan grande es el interés que nos mueve, cuál deberá ser el empeño con que
debamos procurarlo? Muy grande queremos ponerlo, ¡oh Señor!, y perseverante en
todo tiempo, tanto para borrar toda mancha de injusticia o de desconocimiento
que en lo pasado haya usado con aquellas almas, cuanto, para corresponder en lo
venidero a los deberes generales y especiales con los cuales la naturaleza, la
religión, la patria, la sangre, la amistad y los beneficios nos ligan al
Purgatorio; para lo cual no habrá miramiento que nos distraiga, ni dificultad
que nos desaliente, ni tedio que nos resfríe, ni otro motivo alguno que nos
retraiga. La devoción hacia el Purgatorio será el alma de nuestra fe, el objeto
más tierno de nuestra caridad, la práctica más constante de nuestra vida. Tal
es el firme propósito que hacemos a la conclusión de este santo ejercicio.
Bienaventurados y santos del Cielo, Virgen Santísima y Redentor Nuestro
Jesucristo, que tanto os gozáis en la libertad de las almas del Purgatorio,
impetradnos vos y concedednos virtud y fuerza para mantenerlo siempre constante
con el uso de todos los eficacísimos medios de gracia y de justicia que nos
suministra la religión y la Iglesia. La Iglesia del Cielo coadyuve y
corresponde a la de la tierra en socorrer a la purgante, a la cual Dios Nuestro
Señor, si bien lo desea sobremanera, no suele socorrer directamente en su
presente providencia y que no puede ayudarse a sí misma. Alíviese aquella
infeliz Iglesia que bien lo merece, por su santidad, por su largo penar y por
su heroica resignación. Alíviese de tan acerbas penas de daño, del gusano, del
fuego y, en suma, del infelicísimo estado del Purgatorio, al cual, la razón y
la fe nos representan con los más negros colores. El cielo, el Purgatorio y la
tierra os ruegan por la desolación de las almas que padecen, escuchad sus voces
y haced bienaventuradas para siempre en vuestra gloria a aquellas infelices.
Así sea.
JACULATORIA
Eterno
Padre, por la preciosísima sangre de Jesús, misericordia.
(x3)
V.
No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R.
Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V.
Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.
R.
Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
V.
Dales, Señor, el descanso eterno y luzca para ellos la luz eterna.
R.
Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.
Padre
nuestro… (se recita en silencio)
V.
Libra, Señor, sus almas.
R.
De las penas del infierno.
V.
Descansen en paz.
R.
Amén.
V.
Señor, escucha nuestra oración.
R. Y
llegue a ti nuestro clamor.
Oremos. Oh Dios mío, de
quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas
de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, especialmente por las
almas de nuestros familiares, amigos y bienhechores (pueden nombrarse por su
nombrepropio), para que no las
dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las
lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no
padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por
Cristo nuestro Señor. Amén.