miércoles, 20 de marzo de 2024

“LAS OBRAS QUE YO HAGO EN NOMBRE DE MI PADRE, ÉSTAS DAN TESTIMONIO DE MÍ.” Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino

 


 

Miércoles de la I semana de Pasión

 

Comentarios al Evangelio

de la Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino

 

Juan 10, 22-30     Y se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación, y era invierno. Y Jesús se paseaba en el Templo por el pórtico de Salomón, y los judíos le cercaron y le dijeron: "¿Hasta cuándo nos acabas el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente". Jesús les respondió: "Os lo digo y no me creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí; mas vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen. Y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y ninguno las arrebatará de mi mano. Lo que me dio mi Padre es sobre todas las cosas, y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una cosa". (vv. 22-30)
 

Alcuino

Hemos presenciado la paciencia de Dios y su predicación de salvación en medio de los oprobios de los judíos; pero éstos, endurecidos, más bien querían tentarlo que obedecerlo. "Y se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación".
 

San Agustín, in Joanem tract 48

La palabra encaenia 1 está formada de la palabra griega kai n o n , nuevo, y se designa por ella toda dedicación de alguna cosa nueva.
 

Crisóstomo, in Joanem hom 60

Esta palabra significa el día de la dedicación del Templo, o la vuelta de los judíos de la cautividad de Babilonia.
 

Teófilacto

Celebraban los judíos esta fiesta con esplendor, como recobrando la ciudad su propio brillo después de tan largo cautiverio.
 

Alcuino

O esta dedicación era en memoria de la celebración que hizo Judas Macabeo. La primera dedicación fue celebrada por Salomón en el otoño; la segunda por Zorobabel y por el sacerdote Jesús en la primavera, y ésta en invierno 2: "Y era invierno".
 

Beda

Leemos que Judas Macabeo estableció que esta dedicación se celebrase en recuerdo con solemnes ceremonias.
 

Teofilacto

El Evangelista expone que era la estación del invierno, para dar a entender que se acercaba el tiempo de la pasión, porque en la primavera siguiente tuvo lugar la pasión del Señor, y por eso se hallaba entonces en Jerusalén.
 

San Gregorio, Moralium 1, 2

O bien tiene cuidado de expresar la estación del invierno para indicar los fríos sentimientos que existían en el corazón de los judíos.
 

Crisóstomo, ut supra

Cristo asistía a esta solemnidad con mucho empeño; por lo demás, iba a menudo a Judea, porque estaba próxima la pasión. "Y Jesús se paseaba en el Templo por el pórtico de Salomón".
 

Alcuino

Se llamaba pórtico de Salomón el lugar en que este rey se ponía para orar. Los pórticos que rodeaban el Templo solían tomar el nombre del Templo. Si, pues, el Hijo de Dios quiso pasearse en el Templo en que se le hacían ofrendas de animales irracionales, ¡con cuánta mayor razón se alegrará de venir a nuestra casa de oración, en la cual se consagra su carne y su sangre!
 

Teófilacto

Mientras dura el crudo invierno, es decir, la vida presente, azotada por las tormentas de la iniquidad, esfuérzate en celebrar las encaenias espirituales de tu templo, renovándote siempre a ti mismo, y preparando ascensiones en tu corazón. Entonces Jesús estará propicio a ti en el pórtico de Salomón, concediéndote una vida tranquila y pacífica bajo su propio techo, porque en la vida futura nadie podrá celebrar la solemnidad de una renovación.
 

San Agustín, in Joanem tract 48

Como el sentimiento de la caridad se había resfriado en el corazón de los judíos, y el afán de hacer mal se había despertado en su alma, no se acercaban tocados de la fe, sino que perseguían movidos por la rabia: "Y los judíos le cercaron y le dijeron: ¿hasta cuándo nos acabas el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente". Hablaban así los judíos, no por el deseo de saber la verdad, sino para preparar el camino a la calumnia.
 

Crisóstomo, ut supra

No pudiendo recriminar en nada sus acciones, andaban en acecho para cogerlo en las palabras. Y mira su perversidad. Cuando El les instruye con palabras, le dicen: "¿Qué milagro nos muestras?" Y cuando El se lo manifiesta con las obras, le dicen: "Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente", estando siempre en continua contradicción. Llenas de odio estaban las palabras que le dirigían: "Dínoslo abiertamente", y sin embargo, El lo decía todo en público, hallándose presente siempre a las solemnidades, y jamás hablaba nada en secreto. Mas con estas palabras intentan adularle, diciéndole después: "Hasta cuándo nos acabas el alma", provocándolo de este modo para ver si podían hacerle caer en algún lazo.
 

Alcuino

Alegan que les tiene los ánimos en suspenso y en la incertidumbre el que había venido para salvar las almas.
 

San Agustín, ut supra

Pretendían oír de los labios del Salvador estas palabras: "Yo soy el Cristo", y tal vez conocían a Cristo en cuanto hombre, pero no entendían su divinidad en los Profetas. Por esto, si El decía: "Yo soy el Cristo", según lo que ellos sabían de la descendencia de David, lo habrían calumniado de que se apropiaba el poder real.
 

Alcuino

Y así pensaban entregarlo a la potestad del gobernador para que lo castigara, como a usurpador del trono de Augusto; por lo cual el Señor templa su respuesta de tal modo que cierra los labios de los calumniadores, enseña a los fieles que El es Cristo, y descubre los misterios de su divinidad a los que preguntaban sobre su humanidad. Jesús les respondió: "Os lo digo y no me creéis", etc.
 

Crisóstomo, ut supra

Les echa en cara su malicia, porque fingían bastarles una sola palabra para persuadirse, los que no se habían persuadido con tantas obras; como si les dijera: ¿si no creéis en las obras, cómo habéis de creer en las palabras? Y cuál sea el motivo de su incredulidad lo dice al punto: "Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas".
 

San Agustín, ut supra

Esto les dijo porque los veía predestinados a la muerte eterna, y no a la vida eterna que El les había conquistado con su sangre. Lo que hacen las ovejas es creer al pastor y seguirlo.
 

Teófilacto

Después de haberles dicho: "No sois de mis ovejas", les exhorta al punto para que se hagan sus ovejas, diciendo: "Mis ovejas oyen mi voz".
 

Alcuino

Esto es, siguen de corazón mis preceptos. "Y yo las conozco", es decir, yo las elijo. "Y ellas me siguen" aquí abajo, yendo delante de ellas por el camino de la mansedumbre y de la inocencia, y después entrando en los goces de la vida eterna: "Y yo les doy vida eterna".
 

San Agustín, ut supra

Estos son los pastos de que poco antes había dicho ( Jn 10,9): "Y encontrará pastos". Buen pasto se dice de la vida eterna, en donde ninguna yerba se marchita; todo allí está verde. Mas vosotros echáis mano de la calumnia, porque sólo pensáis en la vida presente. "Y no perecerán jamás". Puedes sobreentender: Vosotros pereceréis para siempre, porque no sois de mis ovejas.
 

Teófilacto

Pero ¿cómo vemos a Judas perecer? Porque no perseveró hasta el fin. Empero, Cristo sólo había hablado de los que perseveraren, porque si alguno se separa del rebaño de las ovejas y deja de seguir al pastor, al punto cae en peligro.
 

San Agustín, ut supra

El añade por qué no han de perecer: "Y ninguno las arrebatará de mis manos". Habla de las ovejas, de las que se dice: El Señor conoce a aquellos que le pertenecen ( 2Tim 2,19); ni el lobo los arrebata, ni el ladrón los roba, ni el salteador los mata; seguro está del número de aquellos, el que sabe lo que ha dado por ellos.
 

San Hilario, De Trin 1, 7

Esta palabra es el testimonio de un poder, del cual tiene conciencia. Aunque estando en la naturaleza de Dios, debe ser considerado como naciendo de Dios, y por eso añade: "Lo que me dio mi Padre, es sobre todas las cosas". No oculta que El ha nacido del Padre y lo que recibió del Padre lo recibió al nacer, no después.
 

San Agustín, in Joanem tract 48

No por su crecimiento y desarrollo, sino por su nacimiento, es igual al Padre el que desde la eternidad nació Hijo del Padre, Dios de Dios. "Esto es lo que me dio el Padre", lo que es sobre todas las cosas, a saber: que yo soy su Verbo, que yo soy su Hijo único, que yo soy el brillo de su luz. "Y ninguno puede arrebatar las ovejas de mi mano", porque tampoco nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre: "Y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre". Si por mano entendemos el poder, uno es el poder del Padre y del Hijo, porque es una la Divinidad. Si por mano entendemos al Hijo, la mano del Padre es el Hijo mismo; lo que no decimos porque Dios tenga miembros corporales, sino porque Dios ha hecho todas las cosas por su Hijo. Así los hombres suelen decir también que sus manos son otros hombres por los cuales hacen lo que quieren. Alguna vez también suele llamarse la mano del hombre a la misma obra del hombre, porque se hace mediante la mano; a la manera que decimos que un hombre reconoce su mano cuando reconoce lo que ha escrito. En este lugar, por la mano del Padre y del Hijo, debemos entender su poder; no sea que después de haber tomado al Hijo por la mano del Padre, nuestro pensamiento carnal empiece a buscar al hijo del Hijo.
 

San Hilario, ut supra

A fin de que puedas comprender por una comparación material un poder de la misma naturaleza, se ha llamado a la mano del Hijo mano del Padre, porque la naturaleza y el poder del Padre se encuentran también en el Hijo.
 

Crisóstomo, in Joanem hom 60

Después, para que no pienses que El es débil, y que sólo por el poder del Padre es por lo que las ovejas están seguras, añade: "Yo y el Padre somos una misma cosa".
 

San Agustín, in Joanem tract 35

Escucha estas dos palabras, somos y una cosa, y te librarás de Escila y de Caribdis 3. La palabra una cosa te libra de Arrio; la palabra somos te libra de Sabelio. Si una cosa, luego no es diferente; si somos, luego Padre e Hijo.
 

San Agustín, De Trin. 6, 2

Una cosa somos, se ha dicho: lo que El es, yo lo soy por esencia, no por relación.
 

San Hilario, de Trin. 1, 8

Como los herejes no pueden negar estas cosas, las tratan de corromper con las tremendas mentiras de su impiedad. Pretenden referir esto a la unidad de consentimiento, de manera que haya en ellos sólo la unidad de voluntad, mas no de naturaleza. Esto es, que el Padre y el Hijo son uno, no porque ellos son, sino porque quieren lo mismo. Pero son uno por unidad de generación, en la que Dios no pierde nada de sí por efecto de esta generación. Son uno, en tanto que no se quitan de la mano del Hijo las cosas que no se quitan de la mano del Padre. Mientras el Padre es obrado en su obrante, mientras El está en el Padre y el Padre permanece en El. Esto no es efecto de la creación, sino del nacimiento; no lo hace la voluntad, sino el poder; no la unanimidad que habla, sino la naturaleza. No negamos, pues, la unanimidad entre el Padre y el Hijo, como nos atribuyen los herejes, afirmando que nosotros admitimos solamente la concordia para la unanimidad. Pero oigan qué unanimidad es la que nosotros no negamos: El Padre y el Hijo son uno por naturaleza en honor y en poder, y siendo la misma la naturaleza, no pueden tener dos voluntades diversas.
 

Notas

1. Dedicación, en griego egkainia . Sustantivo derivado del verbo egkainizw : renovar. Los LXX se valen del sustantivo para designar la fiesta que recuerda la nueva dedicación del Templo en el año 165.

2. La fiesta de la dedicación del Templo, en hebreo hanukka, consagración, celebra la renovada dedicación del Templo por Judas Macabeo, después de la victoria sobre los sirios, en el año 165 a.C. La primera consagración fue durante el reinado de Salomón (970-930 a.C.). Durante el gobierno Zorobabel, que fue gobernador de Judá bajo soberanía persa, siendo sumo sacerdote Josué, en el año 516 a.C. se dedicó nuevamente el Templo reconstruido tras el destierro.

3. Escila y Caribdis, respectivamente escollo y remolino del estrecho de Mesina, Italia. Eran temidos por los navegantes antiguos. En Homero aparecen como habitados por sendos monstruos.

               

31-38          Entonces los judíos tomaron piedras para apedrearle. Jesús les respondió: "Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ellas me apedreáis?" Los judíos le respondieron: "No te apedreamos por la buena obra, sino por la blasfemia, y porque tú, siendo hombre, te haces Dios a ti mismo". Jesús les respondió: "No está escrito en vuestra Ley: Yo dije, dioses sois. ¿Pues si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede faltar; a mí, que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Que blasfemas, porque he dicho, soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque a mí no me queráis creer, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre". (vv. 31-38)
 

San Agustín, in Joanem tract 48

Los judíos oyeron estas palabras: "Yo y el Padre somos una cosa" y no lo pudieron soportar. Y según su costumbre, endurecidos, acudieron a las piedras: "Entonces los judíos tomaron piedras para apedrearle".
 

San Hilario, De Trin. 1, 7

Ahora los herejes, con la misma impiedad, bramando de furor y rehusando obedecer a sus palabras, emplean contra el Señor, que está sentado en los cielos, su furor sacrílego; lanzan sus palabras, que son como piedras, y, si pudieran, lo volverían a traer de su trono a la Cruz.
 

Teófilacto

El Señor, para mostrarles que no tenían razón alguna para enfurecerse contra El, les recuerda los milagros que ha hecho. Jesús les respondió: "Muchas buenas obras os he mostrado", etc.
 

Alcuino

A saber, sanando enfermos, en la manifestación de mi doctrina y de mis milagros, que mostré eran del Padre, porque siempre busqué su gloria: "¿Por cuál obra de ellas me apedreáis?" Aunque contra su voluntad, se ven obligados a confesar que muchos beneficios les venían de Cristo; pero llaman blasfemia a lo que había dicho de su igualdad y de la de su Padre. "Los judíos le respondieron: No te apedreamos por la buena obra, sino por la blasfemia", etc.
 

San Agustín, ut supra

Es su respuesta a esta palabra: "Yo y el Padre somos una cosa". He aquí que los judíos entendieron lo que los arrianos no entienden, y se enfurecieron porque conocieron que no podía decirse "Yo y el Padre somos una cosa", a no ser que haya igualdad del Padre y del Hijo.
 

San Hilario, ut supra

El judío dice, siendo hombre; el arriano, siendo criatura. Uno y otro añaden: "Te haces Dios". El arriano habla de un dios, de una sustancia nueva y extraña, de tal suerte, que resulta un dios de otro género, o ni aun dios siquiera, puesto que dice: "No es dios por nacimiento, no es dios en verdad; es una criatura superior a todas".
 

Crisóstomo, in Joanem hom 60

El Señor no destruyó la opinión de los judíos que creían que El se hacía igual a Dios; antes bien hace todo lo contrario. Jesús les respondió: "No está escrito en vuestra Ley".
 

San Agustín, in Joanem tract 48

Es decir, en la Ley que se os ha dado, "Yo dije: ¿dioses sois?". Dios dijo esto a los hombres por el Profeta en un Salmo, y el Señor llama generalmente Ley a todas aquellas Escrituras, aun cuando alguna vez la llame Ley, distinguiéndola de los Profetas, como se ve en aquel pasaje de San Mateo (22,40): "De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los Profetas". Alguna vez divide en tres las mismas Escrituras, cuando dice ( Lc 24,26-27): "Convenía que se cumpliesen toda las cosas que de mí estaban escritas en la Ley, en los Profetas y en los Salmos". Aquí llama también a los Salmos con el nombre de Ley. He aquí su argumento: si El llamó dioses a aquellos a quienes se dirige la palabra de Dios, y la Escritura no puede faltar, ¿cómo podéis decir que blasfema Aquel a quien Dios santificó y envió al mundo, porque dijo: soy Hijo de Dios?
 

San Hilario, ut supra

Antes de demostrar que El y el Padre eran una misma cosa por naturaleza, comienza a refutar el ridículo y estúpido ultraje de acusarlo porque se llamaba Dios, no siendo sino hombre. Aplicando la palabra de Dios, este nombre a los hombres santos, y apoyando así en esta autoridad irrefragable la atribución hecha de este nombre a los mortales, ya no es un crimen que El se haga Dios siendo hombre, cuando la Ley llama dioses a aquellos que son hombres. Y si la usurpación de este nombre no es sacrílega entre los demás hombres, ¿por qué ha de parecer que la usurpa imprudentemente, al haberse llamado Hijo de Dios, Aquel a quien Dios santificó, pues aventaja a todos los demás que de manera impía se permiten llamarse dioses, porque El ha sido santificado para ser Hijo, como lo dice el Apóstol San Pablo por estas palabras ( Rom 1,4): "Porque ha sido predestinado Hijo de Dios con poder según el espíritu de santificación". Toda esta respuesta concierne al Hijo del hombre en cuanto el Hijo de Dios es también Hijo del hombre.
 

San Agustín, ut supra

O de otra manera: Lo santificó, esto es, al engendrarlo le dio el ser santo, porque lo engendró santo. Ahora bien, si la palabra de Dios se ha hecho para los hombres a fin de que puedan llamarse dioses, el Verbo mismo de Dios ¿cómo no es Dios? Si los hombres, participando del Verbo de Dios se hacen dioses, ¿no ha de ser Dios el Verbo de donde toman la participación?
 

Teófilacto

O lo santificó, esto es, lo consagró para que se sacrificara por el mundo; en lo cual mostró que El no era Dios como los demás, porque salvar al mundo es una obra divina, pero no de un hombre deificado por la gracia.
 

Crisóstomo, in Joanem hom 60

O esperando que sus palabras fuesen recibidas, habló con más humildad. Pero después los lleva a cosas más elevadas, diciendo: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis", manifestando así que en nada era menor que el Padre. Como a ellos les era imposible ver su substancia, les da una prueba de la igualdad de su poder, produciendo la igualdad de las obras.
 

San Hilario, ut supra

¿Qué lugar hay aquí para la adopción, para conceder un nombre, de manera que no sea Hijo de Dios por naturaleza cuando la prueba de que es Hijo de Dios son las obras del poder de su Padre? Porque la creatura no se equipara a Dios, puesto que a El no se le puede comparar naturaleza alguna que le sea ajena. Da testimonio de que El cumple no lo que es suyo sino lo que es de su Padre, a fin de no destruir el hecho de su generación por la grandeza de sus actos. Y como bajo el misterio del cuerpo, tomado y nacido de María, no se veía la naturaleza del Hijo del hombre y de Dios, la fe nos lo avisa por los hechos, diciendo: "Mas si las hago, aunque a mí no me queráis creer, creed a las obras". ¿Por qué, pues, el misterio del nacimiento humano ha de impedir el conocimiento del nacimiento divino, cuando Aquel que ha recibido este nacimiento divino cumple todas sus obras, rodeado de esta humanidad que lo sigue? Haciendo, pues, las obras de su Padre, ha querido demostrar lo que debía creerse en las obras, porque añade: "Para que conozcáis y creáis que El está en mí, y yo en el Padre". Esto significan aquellas palabras: "Soy Hijo de Dios", y esto ( Jn 10,30): "Yo y el Padre somos una cosa".
 

San Agustín, in Joanem tract 48

Porque el Hijo no dice: Mi Padre está en mí y yo en El, a la manera que lo pueden decir los hombres; pues por los buenos pensamientos estamos en Dios, y por medio de una vida santa vive en nosotros. Participando de su gracia e iluminados por su luz, estamos en El y El está en nosotros. Mas el Hijo Unigénito de Dios está en el Padre y el Padre en El, de la misma manera que un igual en aquel que es su igual.