jueves, 11 de noviembre de 2021

JESÚS SALVADOR Y ENMANUEL. LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA. San Pedro Julián Eymard

 

JESÚS SALVADOR Y ENMANUEL. ... by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOL...

 

Puntos de Adoración

 

V

JESÚS, SALVADOR

1.º Adorad a Jesús sacramentado como a vuestro salvador. Su amor ha hecho de la Eucaristía el calvario perpetuo de la redención.

Jesús está en el altar en estado de víctima como en la cruz. Es nuestro mediador perpetuo junto a su Padre, le muestra sus llagas para obtener su gracia. Es nuestro abogado poderoso, que continúa sobre el altar su oración del calvario. Derrama sobre vosotros esa sangre que nos ha redimido y que santifica nuestros cuerpos y nuestras almas. Adorad las cinco llagas de Jesús, de las que emanan raudales de gracia y de amor.

2.º Ofreced en acción de gracias a este buen Salvador el homenaje de vuestro cuerpo y de vuestra alma; el amor y el recogimiento de vuestra santa madre la Iglesia, y el de la santísima Virgen al pie del tabernáculo.

3.º Desagraviad a Jesús, crucificado por sus propios hijos hasta en su Sacramento de amor y en su mismo estado glorioso; reparad a este corazón que tanto ha amado a los hombres y que no recibe sino ingratitud y menosprecio de los desagradecidos, los cuales hieren profundamente su Corazón, porque tornan estéril su pasión y se privan de los méritos de su sufrimiento y de su muerte.

4.º Ofreceos como víctimas de reparación a vuestro amable Salvador, a fin de consolar su Corazón desolado y abandonado; haceos mediadores de misericordia entre Jesús y los pecadores; decidle: Oh Jesús, Salvador de todos los hombres, perdonadles, pues no saben lo que hacen; se hallan en el delirio de sus pasiones y faltos de razón; vuestro enemigo el demonio, en odio a vuestra gloria, los arrastra a la incredulidad, a la impiedad; perdonadles como perdonasteis a vuestros verdugos, y sean de esta suerte la más bella corona del triunfo de vuestra misericordia.

VI

JESÚS, EMMANUEL

Consideración.

El amor exige tres cosas: la convivencia, la comunidad de bienes y la unión con la persona amada.

El amor de Jesús nos da estos tres bienes en la santísima Eucaristía:

1. Convivencia. Jesús escogió su morada junto a la del hombre: con frecuencia habita bajo el mismo techo. ¡Qué felicidad para la amistad!

2. La comunidad de bienes. En la sagrada Eucaristía Jesús nos da todos sus bienes: los bienes de su gracia y de su gloria; todos los méritos, todo el poder de su mediación junto al Padre celestial.

¡Cuántas riquezas en un solo don!

3. Unión. El amor aspira a la unión, a la fusión, a la transformación de vida; a unificar dos corazones, a la unión con el cuerpo, con el alma, con la divinidad de Jesucristo: es la prolongación de la encarnación en el alma que comulga. Jesús ha dicho: “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él”. “¡Qué feliz intercambio, qué vida tan divina!”

 

Afectos.

1. Adorad a Jesús en la sagrada Eucaristía por el ofrecimiento total de vuestro espíritu, cuya verdad soberana es Él; de vuestro corazón, porque Él es su Dios; de vuestra voluntad, por cuanto ostenta Él su señorío; de vuestro cuerpo, ya que Él fue su Salvador; de toda vuestra vida, en plan de holocausto laudatorio y amoroso.

2. Agradeced a este buen Señor el haberos dado la Eucaristía, el haberos llamado al servicio de la adoración, a la comunión frecuente: no hay mayor bien sobre la tierra ni más dulce consuelo.

3. Desagraviadle por haber correspondido tan mal a las grandezas de su amor; por haber aprovechado tan poco las gracias de la santísima Eucaristía; por haber sido tan generoso en punto al amor de las criaturas y tan ruin e ingrato respecto del amor eucarístico de Jesús.

4. Consagraos nuevamente a su real servicio, a su amor soberano, a su mayor gloria. Visitad frecuentemente a este buen Salvador siquiera en espíritu de amor; daos todo a Él como Él se da todo a vosotros; amadle para que Él se ame en vosotros; ofrecedle siempre el sacrificio que más os cueste; será la prueba de vuestro verdadero amor.

 

VII

LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Consideración.

Es realmente admirable el amor de Jesús para con el hombre en la preparación y en la institución de la divina Eucaristía.

1. El amor prepara por sí sólo su don regio; Jesús no confía a ninguno la preparación de su sacramento de amor. ¡Con qué alegría preparaba el corazón de Jesús este divino banquete para el alma fiel! “Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros”, decía Jesús: es que el amor está impaciente por darse, por entregarse a la persona amada.

2. El amor es el que instituye el augusto Sacramento de los altares: nuestro Señor lo instituye en la víspera de su muerte, en la noche misma en que fue entregado a sus enemigos por Judas: es el testamento de su amor. Se nos lega bajo forma extraña, a fin de convertirse en el bien del hombre, en su propiedad divina y en su herencia.

Contemplad al divino Salvador en el momento en que va a instituir su Sacramento. Levanta los ojos hacia su Padre, autor de todo bien; le da gracias por haber otorgado al hombre la Eucaristía.

¡Con qué respeto toma el pan que va a convertirse en su cuerpo, el cáliz de vino que va a convertir en su sangre, en todo sí mismo al poder de las palabras sacramentales! ¡Con qué piedad los bendice!

Adorémosle en el momento de pronunciar con fuerza divina las venerables palabras: “Esto es mi cuerpo, esto es mi sangre”. Nada más claro, nada más sencillo, nada mayor sobre la tierra: es la obra maestra del amor.

 

Afectos.

1. Adorad a Jesús en el santísimo Sacramento, ofreciéndoos con una fe viva, una piedad tierna y un amor ardiente.

2. Dadle gracias por haber amado al hombre, no solamente hasta la encarnación, hasta el calvario, sino hasta la Eucaristía, que es el límite último de su poder y de su bondad.

3. Reparadle por la pobreza de vuestra fe, por la insuficiencia de vuestro respeto y por vuestras irreverencias en el lugar santo.

4. Tomad la resolución firme e incondicional de guardar un silencio respetuoso y de comportaros con gran dignidad y profundo recogimiento en presencia del santísimo Sacramento. Este será el primero y más bello homenaje de vuestra fe en la presencia real de nuestro Señor.

Ofreced al Dios de la Eucaristía un sacrificio de amor.