domingo, 5 de junio de 2016

LA FUENTE MISMA DE LA MISERICORDIA. San Gregorio


Homilía de maitines

III DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Homilía de San Gregorio, Papa.
Habéis oído, hermanos míos, en la lectura del Evangelio que los pecadores y los publicanos se acercaban a nuestro Redentor, y que fueron admitidos, no solamente a conversar, sino también a comer con él. Al ver esto, los fariseos lo comentaron despectivamente. De donde podemos deducir que la verdadera justicia es compasiva, y la falsa, desdeñosa. No quiere decir esto que los justos no se muestren a veces, y con razón, indignados  contra los pecadores, sino que no es lo mismo obrar por soberbia que por celo de la disciplina.
 Los justos, pues, se muestran a veces indignados, pero sin estarlo realmente; desconfían de los pecadores, pero sin desesperar; los persiguen, pero sin dejar de amarlos, porque si el celo por el bien pone con frecuencia reprimendas en sus labios, conservan interiormente la dulzura de la caridad; anteponen muchas veces a sí mismos que, en su estimación, a los mismos que reprenden, y juzgan mejores que ellos a aquellos cuyos jueces son, de esta suerte, a la vez que mantienen a sus súbditos en la disciplina, se conservan ellos mismos humildes.

Por lo contrario, los que se enorgullecen so pretexto de una falsa justicia, desprecian a los demás, sin compadecerse de sus debilidades, y por lo mismo que no se tienen por pecadores, conviértense en pecadores muchos más odiosos. A este número pertenecían, sin duda, los fariseos, los cuales, al vituperar al Señor porque acogía a los pecadores, recriminaban, ellos, los secos de corazón, a la fuente misma de la misericordia. Más como estaban enfermos, hasta el punto de ignorar su mal, el Médico celestial los trata con una conmovedora parábola, y oprime dulcemente la entumecida herida de su corazón.