sábado, 5 de octubre de 2019

EL ROSARIO DE HOY PRIMER SÁBADO DE MES EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA CON SANTA FAUSTINA KOWALSKAA





Santo Rosario.
Por la señal... 
Monición inicial: 
Hoy, primer sábado de mes, ofrecemos este rosario en reparación al Corazón Inmaculado de María respondiendo así a su llamamiento en la ciudad de Pontevedra (ESPAÑA) por medio de Sor Lucía, vidente de Fátima: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación."
Meditamos el rosario de hoy con algunos textos de santa María Faustina Kowalska, religiosa de las Hermanas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia, que por elección de Jesús se convirtió en apóstol de la Divina Misericordia.
Los textos están escogidos de su Diario, y son revelaciones privadas con las que el Señor y la Virgen se manifestaban a ella.
Señor mío Jesucristo…

MISTERIOS GOZOSOS
1.- La encarnación del Hijo de Dios en las entrañas purísimas de la Virgen María.
“Oí en el alma la voz: Medita los misterios de la Encarnación. Y de pronto, delante de mí apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente. Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma. Dijo: “Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu.” (Diario # 332)
En la práctica esta infancia debe manifestarse así: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo resaltar esta infancia del espíritu en ti, hermana, y doy a eso mucha importancia. (Diario # 333).”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la Inmaculada Concepción de María.
2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
“Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo: Oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de su gracia. Yo di al mundo el Salvador y tú debes hablar al mundo de su gran misericordia y preparar al mundo para su segunda venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. Oh, qué terrible es ese día. Establecido está, ya es el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante ese día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aun el tiempo para conceder la misericordia. Si ahora tú callas, en aquel día tremendo responderás por un gran número de almas. No tengas miedo de nada, permanece fiel hasta el fin, yo te acompaño con mi ternura».”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten con la Virginidad perpetua de la Nuestra Señora.
3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén
“Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunté: Jesús, ¿por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño? Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor. Jesús me contestó que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como un niño pequeño.” (Diario # 335)
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como madre de los hombres.
4.-La purificación de Nuestra Señora y presentación del Niño Jesús en el templo
"Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito, Señor de los señores, adorado día y noche por los espíritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purísimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido perdón, oh espíritus puros, por haber osado compararme con vosotros. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tú, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocío. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mí absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad."
OFREZCAMOS este misterio en reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada.
5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
“Oh mi Dios, como es dulce sufrir por Ti, padecer en el más oculto del corazón, en el más grande escondimiento, inmolándose como víctima oculta a todos, pura como el cristal, sin ninguna satisfacción ni participación afectiva. Mi espíritu arde por un amor activo, no gasto tiempo por ninguna fantasía, tomo singularmente cada instante, ya que éste está en mi poder; el pasado no me pertenece más, el futuro no es todavía mío, procuro utilizar con todo el alma el tiempo presente.”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las profanaciones e ultrajes que se comenten contra las sagradas imágenes y representaciones de la Virgen María.
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En el mes de octubre, se recomienda la oración A Vos bienaventurado San José de S.S. León XIII.
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*** PARA RECIBIR LA PROMESA DE LOS CINCOS PRIMEROS SÁBADOS ES NECESARIO, DURANTE CINCO SÁBADOS SEGUIDOS: 1) Rezar el rosario y meditar en sus misterios y 2) Confesar y comulgar con esta intención.

martes, 1 de octubre de 2019

LA OBLIGACIÓN DE EDUICAR AL PRÓJIMO. San Juan Bautista de la Salle

 




Sobre la obligación que tienen los Hermanos de edificar al prójimo. 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO DECIMOSEXTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle
Refiérese en el evangelio de este día que habiendo entrado Jesús en la casa de cierto príncipe de los fariseos para comer, éstos le acechaban maliciosa mente (1).
Vosotros ejercéis un empleo en el que todos os observan, y que os obliga por consiguiente a poner en práctica el consejo que san Pablo da a su discípulo Tito, obispo de Creta, cuando le dice: Muéstrate en todo dechado de buenas obras por la doctrina, la integridad de las costumbres, la regularidad de tu conducta y la gravedad (2).
En primer término, os observan los alumnos; por tanto, estáis obligados a darles buen ejemplo en relación con cuanto les enseñáis; a imitación del Señor, quien, según afirma san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, comenzó por obrar antes de enseñar (3). Eso es lo que os autorizará delante de ellos.
En consecuencia, para desempeñar dignamente los deberes que tenéis con los alumnos, importa mucho que vuestras obras les enseñen más aún que vuestras instrucciones: a fin de que, como sigue diciendo el mismo san Pablo a Tito: Sean las palabras irreprochables; a saber, no sólo sanas respecto de la doctrina, sino también indicio y efecto de vuestra virtud; con lo cual lograreis que aquellos a quienes instruís, según añade san Pablo, no tengan nada que oponer a cuanto les enseñáis viéndolo conforme con lo que hacéis (4).
¿Es ése vuestro modo de proceder? ¿No enseñáis a los discípulos algo que vosotros no cumplís? Cuando los invitáis a ser modestos, ¿lo sois primero vosotros? Cuando los recomendáis que oren con fervor, ¿lo hacéis vosotros también? ¿Tenéis con ellos la misma caridad que desearíais observaran ellos entre sí?
Obrando de este modo, seréis modelo de buenas obras en todo, principalmente en lo relativo a la doctrina.
Como vivís con vuestros Hermanos a tenor de las mismas reglas y siguiendo un género de vida en todo uniforme, os observan ellos de continuo; por tanto, debéis particularmente servirles de modelo en todo. Y como en comunidad es peligroso y perjudicialísimo el escándalo, tenéis que velar mucho sobre vosotros para no dar de él ningún motivo en los actos comunes que ejecutáis todos los días con los Hermanos, por miedo a las faltas que ellos pudieran cometer a causa de vuestro mal ejemplo.
Puede haber algunos débiles entre vosotros, a quienes vuestro proceder, poco conforme con las Reglas, y capaz de destruir el buen orden, podría causarles perniciosa impresión y darles pretexto para caer en la inobservancia. Por ese motivo afirma Jesucristo en el Evangelio que sería preferible nos ataran al cuello una rueda de molino y nos arrojasen al mar, antes que producir escándalo en el menor de los pequeñuelos que nos están encomendados (5).
¡Oh! ¡Palabra terrible para el alma que teme ofender a Dios y que otros le ofendan! Pensad a menudo que debéis ser modelo de inocencia y de fervor para los Hermanos; esto es, que debéis guardar todas las Reglas con exactitud, no sólo para emplear los medios de salvación que Dios os da, sino también para edificarlos a ellos.
La profesión que ejercéis os impone la obligación de frecuentar el mundo a diario; en él se espían hasta vuestras actitudes más insignificantes. Esto os ha de urgir a procurar por todos los medios ser dechado de toda clase de virtudes a los ojos de los seglares entre quienes debéis vivir.
Particularmente, habéis de edificarlos por la gravedad y modestia; pues si notaran en vosotros algún asomo de ligereza o desenvoltura, fácilmente se escandalizarían. Mientras que, si aparecéis ante ellos con exterior mesurado, os mostrarán mucha veneración.
Puede añadirse a lo dicho que, pues se juzga al hombre por su exterior, según asegura el Sabio (6), tan pronto como os vieran derramados exteriormente, deducirían que tenéis poca piedad y recogimiento. Al contrario, si mostráis por de fuera aspecto sencillo y grave, se con vencerán al punto de que vuestro interior está bien ordenado y de que hay motivo para suponer que os halláis en condiciones de educar a vuestros discípulos en el es espíritu del cristianismo.
Ponderad de qué importancia es para vosotros y para el honor de vuestro empleo, el mostraros exteriormente recatados, cuando tratáis la gente del siglo, si queréis edificarla.

domingo, 29 de septiembre de 2019

SOLO A DIOS SON DEBIDAS LA HONRA Y LA GLORIA. San Juan Bautista de la Salle


MEDITACIÓN PARA LA FIESTA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
San Juan Bautista de la Salle
29 de septiembre

San Miguel es uno de los arcángeles, y el príncipe de todos los ángeles que permanecieron fieles a Dios. El es quien, por el celo de la gloria divina, se unió al grupo de los ángeles buenos, para luchar contra Lucifer y sus secuaces que, deslumbrados por las perfecciones y gracias con que Dios les había distinguido, se rebelaron contra El.
Si se negaron éstos a obedecer las órdenes de Dios, fue por no considerar debidamente cuán por encima de ellos se hallaba Quien había creado todo lo grande que en ellos resplandecía, y cómo es infinitamente más digno que ellos de honor y de gloria. En su increíble ceguera, resistieron a san Miguel, encargado por Dios de ilustrarlos con sus luces, y convencerlos de que nadie es comparable a Dios, pues sólo a Dios, como dice san Pablo, son debidas la honra y la gloria, en los siglos de los siglos (1); y de que todas las criaturas, sean cuales fueren, son nada por sí mismas y deben abismarse y anonadarse delante de Dios, a vista de la divina gloria y majestad.
Este rayo de luz que Dios imprimió por Sí mismo en san Miguel, y el solo aspecto del Arcángel fue lo que confundió a aquellos desventurados espíritus, que se trocaron desde ese instante en tinieblas, y se vieron relegados a un lugar lóbrego y sombrío, por haberse empeñado en cerrar los ojos a la verdadera luz.
¿Resistiremos siempre nosotros a las luces de la gracia, que nos apremia a dejarlo todo por Dios, y a buscar sólo en El nuestra verdadera felicidad, aun en la vida presente?
Animado el santo Arcángel de aquel sentimiento de fe, que le servía de escudo contra los ángeles malos; consiguió la victoria pronunciando estas palabras: ¿Quién como Dios?, al mismo tiempo que glorificaba al Altísimo gritando con los suyos: Digno eres, oh Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poderío, por que Tú creaste todas las cosas (2). Ahora es el tiempo de la salvación, de la potencia y del reino de nuestro Dios, porque ha sido precipitado del cielo el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche, ante la presencia de nuestro Dios (3).
Desde este momento, a todos los santos Ángeles les fue asegurada la gloria eterna, que nunca se ha menoscabado en ellos, ni jamás podrá padecer la más insignificante alteración.
¡Qué felicidad para el santo Arcángel ser el primero de los bienaventurados espíritus que tienen como única ocupación alabar a Dios en el cielo, y haber contribuido, por su celo y su respeto a Dios, a que empezara a poblarse el paraíso!
Honrad a este gran Santo como al primero que dio gloria a Dios, e hizo que le glorificasen las criaturas, y tributadle la honra que tiene merecida por haberse mostrado tan adicto a su Creador.
Uníos a él y a todos los espíritus bienaventurados que le acompañan en la gloria, y tomad ejemplo de ellos para descubrir lo que habéis de hacer vosotros por Dios. Pensad con frecuencia en las palabras que les alentaron en el combate contra los demonios - ¿Quién como Dios? -; ellas os infundan ánimo en todas las tentaciones. Decíos cuando alguna os acometa: " El placer que pudiera yo disfrutar siguiendo este atractivo de la concupiscencia, ¿puede asemejarse al que se experimenta en gozar de Dios? "
San Miguel sigue glorificando a Dios de continuo, por los bienes que alcanza a los cristianos, y por las gracias que les procura; pues ha sido declarado por Dios Protector de su Iglesia, a la que afianza y defiende contra sus enemigos.
¿No fue él, efectivamente, quien por orden de Dios, mató a ciento ochenta mil hombres del ejército de Senaquerib, para favorecer al rey Ezequías (4); quien, según refiere san Judas, disputaba con el diablo para hacerse dueño del cuerpo de Moisés (5), y quien, como canta la Iglesia, ha sido designado por Dios para recibir las almas de los justos, a su salida del cuerpo, y conducirlas al cielo lo antes posible?
Él es también quien defiende a la Iglesia, como a la muy amada de Dios, contra los cismas y las herejías que, de cuando en cuando, la turban y se oponen a la sana doctrina.
Unámonos, pues, al Príncipe de los ángeles, imitando su celo, tanto por nuestra salvación, como por la de todos los cristianos; fiémonos a su custodia; descansemos en su ayuda, y seamos dóciles a su voz interior, a fin de que, cuantos medios nos ofrezca Dios por él, en orden a la salvación eterna, resulten eficaces, porque de nuestra parte no pongamos obstáculo alguno a su ejecución.
Pedid con frecuencia a san Miguel que se digne amparar a esta reducida familia o, como se expresa san Pablo, a esta iglesia de Jesucristo, que es nuestra Comunidad, y que le otorgue la gracia de mantener en sí el espíritu de Jesucristo y, a todos sus miembros, los auxilios que necesiten para perseverar en su vocación e infundir el espíritu del cristianismo en todos aquellos de cuya educación están encargados.

EVANGELIO DEL DÍA: LOS ÁNGELES EN LOS CIELOS VEN SIN CESAR EL ROSTRO DE MI PADRE


29 de septiembre
LA DEDICACIÓN DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL 
Forma Extraordinaria del Rito Romano

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: ¿Quién es, pues, el mayor en el reino de los cielos? y llamando a un niño lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así, pues, el que se hace pequeño como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y el que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe. Pero quien escandaliza a uno de estos niños que creen en mí, más le valiera que le colgaran alrededor del cuello una muela de molino y lo arrojaran a lo profundo del mar. ¡Ay del mundo a causa de sus escándalos! Fuerza es que ocurran escándalos; mas, ¡ay del hombre por quien viene el escándalo! Sí, pues, tu mano o pie te escandaliza, córtatelo y échalo lejos de ti; más te vale entrar en la vida manco o cojo, que ser arrojado con tus dos manos o tus dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo te escandaliza, arráncatelo y échalo lejos de ti: más te vale entrar con un solo ojo en la vida, que ser arrojado con tus dos ojos en la gehena del fuego. Cuidado con menospreciar a uno de estos niños, porque os digo que sus ángeles en los cielos, ven sin cesar el rostro de mi Padre que está en los cielos.
  Mt 18, 1-10 

COMENTARIOS AL EVANGELIO
BENEDICTO XVI EL MINISTERIO DE SAN MIGUEL
PENSAMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS: LA DEVOCIÓN A LOS SANTOS ÁNGELES
“ANGEL”. Reflexión diaria acerca de la Palabra de Dios.
PADRE PÍO Y LA DEVOCIÓN A LOS ÁNGELES Y A SAN MIGUEL. Homilía
MARÍA REINA DE LOS ÁNGELES (10) Beato John Henry Newman
OH GLORIOSO PRÍNCIPE SAN MIGUEL. Oración de S.S. León XIII

miércoles, 25 de septiembre de 2019

FOTOGRAFÍAS DE LA FIESTA DEL PADRE PÍO 2019

El Recogimiento, Alma de La Vida de Adoración (76) HORA SANTA CON SAN PEDRO JULIAN EYMARD.

PADRE PÍO CELEBRABA LA MISA CON HUMILDAD. Homilía



PADRE PÍO CELEBRABA LA MISA CON HUMILDAD. Homilía
Fiesta del Padre Pío. Septiembre 2019
X aniversario de la celebración de la Iglesia del Salvador
para la celebración de la Forma Extraordinaria del Rito Romano

Nuestro Señor Jesucristo quiso inaugurar su vida pública ayunando y orando en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches.
Cumplido este tiempo, Satanás se le apareció para tentarle. Las 3 tentaciones que tuvo que sufrir el Señor son las mismas que acechan de continuo el corazón del hombre:
1.- Los bienes materiales, invitándole a convertir las piedras en pan.
2.- El poder ofreciéndoselo a cambio de adorarle,
3.- La gloria y la fama, haciendo un alarde de protagonismo al tirarse del pináculo del templo.
Nuestra sociedad vive dominada por estas tentaciones y tantas veces nosotros experimentamos sus embestidas.
Hoy más que nunca el hombre busca las riquezas pensando encontrar en ellas la felicidad que ansía su corazón. Y se olvida de que  la felicidad solo puede encontrarla en Dios que creo su corazón para llenarlo de él.
Hoy más que nunca el hombre busca y lucha por el poder, por ser más y estar por encima de los otros pensando que con ello alcanzará la libertad. Libertad que está en la verdad que es Dios y al no aceptarla termina esclavo de mil señores que lo oprimen con yugo cruel.
Hoy más que nunca el hombre quiere conseguir un palmo de gloria y de fama, de reconocimiento social.  El pensamiento de pasar por el mundo y por la historia sin dejar rastro de su existencia les aterroriza. El hombre de hoy ha vendido su intimidad en pos de una fama pasajera convirtiéndolos no en hombres que merezcan el elogio de la historia sino en títeres y marionetas de los grupos de poder y ingeniería social.
Los medios de comunicación actual, particularmente la televisión, pero también todo el mundo de las redes sociales, teniendo aspectos positivos, se han convertidos en trampolines y escenarios para que aquellos que viven hambrientos de fama, de aplauso, de gloria humana intenten a cualquier precio –incluso perdiendo su dignidad-, conseguir la fama.
Queridos hermanos:
Me preguntaréis a qué viene esta reflexión en este día en el que estamos celebrando a nuestro querido Padre Pío de Pietrelcina.
Pues, sencillamente, viene a que hemos de estar convencidos de que son los santos los grandes hombres de la historia. Son los santos los que verdaderamente han hecho historia, y que a pesar del paso del tiempo su recuerdo sigue presente, su vida nos provoca asombro y admiración y su ejemplo sigue moviendo nuestros corazones a imitarlos en nuestra pequeñez.
Se suele decir que hay santos que son más para admirar, que para imitar. Pero, sin duda alguna, las maravillas que Dios ha realizado en ellos también lo quiere realizar en nosotros. Todos nosotros en nuestras distintas vocaciones y estados de vida, con nuestras propias circunstancias y nuestras propia historia estamos llamados a ser santos. Es más tenemos que ser santos, como el Divino Maestro dijo a sus discípulos: “Sed perfectos, como vuestro padre celestial es perfecto.”
Tres años después de la muerte de Padre Pío, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a los superiores de la Orden Capuchina, se preguntaba en público:  “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Por qué era un sabio? ¿Por qué tenía medios a su disposición?
Todos los aquí presentes bien sabemos por poco que conozcamos acerca de la vida del Padre Pío que él haya buscado la gloria y la fama. En ningún momento quiso tener adeptos a su persona, ni contaba con medios humanos de propaganda, ni era un hombre de una gran personalidad atractiva llena de dotes humanas para ser un líder ni una estrella, ni estaba en el lugar oportuno en el momento oportuno para saltar a la fama… Más bien todo lo contrario.
Entonces, volvamos a la pregunta del Papa. ¿Por qué padre Pío fue famoso mundialmente ya en vida y muchos más todavía tras su muerte?
Y el mismo Papa respondía, indicando a los mismos capuchinos y a nosotros, la raíz del éxito y popularidad de este pobre fraile.
Decía el Papa: “Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.
¡Eureka! ¡Que sorprendente! ¡Qué fácil también para nosotros alcanzar el verdadero éxito de nuestras vidas!
Padre Pío alcanzo la fama –no la mundana, que pasa, como pasan las modas- sino la fama de una gran santidad porque celebraba la santa misa con humildad, haciendo de la misa el centro de su vida, viviendo aquello mismo que celebraba, alimentando su alma y su inteligencia de las riquezas insondables de la sagrada liturgia.
Permitidme aquí hacer un pequeño inciso. En este mes de septiembre se cumplen 10 años que se comenzó a celebrar la santa misa según la forma extraordinaria del Rito Romano, los mismos ritos que celebró Padre Pío hasta el día de su muerto, la misa de los santos. P. Carlos y servidor, queremos invitaros a dar gracias a Dios por este aniversario, por la gracia de tener en nuestra ciudad de Toledo esta riqueza –tristemente no siempre querida y valorada- pero como el mismo Papa Benedicto XVI afirmó: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande (…). Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto.”
Quiero junto con este agradecimiento a Dios nuestro Señor, agradecer al Sr. Cardenal Cañizares y al entonces vicario general D. Juan Miguel Ferre, actual deán de nuestra catedral, el dar el apoyo a este deseo del papa Benedicto y de contar con nosotros para ello.
Quiero también agradecer a la persona del Arzobispo D. Braulio, que durante estos diez años de su pontificado, ha querido que este culto se siguiese celebrando diariamente en esta iglesia.
Quiero también agradecer a nuestro Párroco, d. Gerado, su apoyo y su ayuda para que también durante estos diez años, la Iglesia del Salvador y Toledo fuesen un ejemplo para otros lugares de catolicidad y de riqueza espiritual y litúrgica.
Gracias de corazón a todos –los que estáis presente pero también otros muchos que hoy no han podido venir-, que con vuestra ayuda, apoyo y colaboración más o menos directa, de un modo u otro, habéis hecho posible que día tras día durante estos diez años se celebre sobre el altar el sacrificio de la santa misa donde Nuestro Señor renueva su inmolación en el Calvario bajo las apariencias del pan y del vino, para perdón de los pecados.
“El mundo podría  subsistir incluso sin el sol, pero no podría existir sin la santa misa.” –exclamaba P. Pío. ¡Qué verdad tan grande! “El mundo podría  subsistir incluso sin el sol, pero no podría existir sin la santa misa.” “Cada santa misa escuchada con atención y devoción produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales, que ni nosotros mismos conocemos.”
Y entendamos bien que es celebrar la santa misa con humildad para que también nosotros podamos asistir a ella con verdadero fruto espiritual. Celebrar con humildad no es retirarle a Dios el honor que le es debido, ni la magnificencia posible dentro del sentido común. Celebrar con humildad no es hacer las cosas de Dios de cualquier forma o con falsa apariencia -no pobre-, sino a veces miserable. Celebrar con humildad no es manejar la liturgia a nuestro antojo, ni  hacer de ella un show para divertirnos, estar entretenidos o tener un lugar donde poder hacernos sobresalir… Celebrar con humildad es cumplir lo prescrito por la Iglesia en las rúbricas, siendo estas las guardianas del culto a Dios, las normas de educación y cortesía para tratar con nuestro Señor. Celebrar con humildad es imitar a los ángeles del cielo que día y noche cantan ante el trono de Dios el cántico de alabanza y adoración. Celebrar con humildad es imitar a la Virgen y a los santos es su devoción y piedad al acercarse ante el altar de Dios. Celebrar con humildad es acercarse confiados al trono de la gracia para alcanzar misericordia pero acercarse con temor y temblor pues estamos delante de Dios.
No quiero alargarme más, pero quisiera que quedasen grabadas en nosotros las palabras del Papa Pablo VI que nos describen con gran sencillez el secreto del Padre Pío, y así, como él, también nosotros podremos alcanzar la santidad y podamos recibir esa corona de gloria que Dios tiene preparada para nosotros desde toda la eternidad.
Padre Pío celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.
Celebremos también nosotros con humildad. Acudamos frecuentemente al Sacramento de la Confesión para pedir perdón de nuestros pecados. Seamos en todo reflejo de Jesucristo nuestro Señor. Seamos hombres y mujeres de oración, ofreciendo nuestros sufrimientos –que cada uno tenemos los nuestros- a  Dios nuestro Señor para su gloria y salvación de nuestras almas.
Presentemos nuevamente hoy ante el altar de Dios por mediación de tan gran intercesor nuestras intenciones y peticiones y demos gracias a Dios que, con gracia singular concedió al Padre Pío participar en la cruz de Jesucristo y, por ministerio sacerdotal ha renovado las maravillas de su misericordia para que nos conceda a nosotros cargar con el yugo suave de la cruz de Cristo para llegar felizmente a la gloria de la resurrección. Que así sea. Amén.

martes, 24 de septiembre de 2019

CREO EN DIOS OMNIPOTENTE. Homilía


XV domingo después de Pentecostés 2019

«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Es la exclamación de la gente ante el gran prodigio que Nuestro Señor Jesucristo realiza resucitado al hijo de la viuda de Naim.
Nada se opone ante su omnipotencia de aquel que es el Hijo de Dios hecho hombre: manda a las tempestades y se calman, ordena a los demonios y le obedecen, con su voluntad sana la enfermedad y hace andar a los cojos, ver a los ciegos, hablar a los mudos, oír a los sordos. Los mismos muertos a su voz, vuelven a la vida.
El Evangelio nos ha dejado tres milagros de resurrección o revivificación obrados por Jesús: la hija del jefe de la Sinagoga, el joven hijo de la viuda de Naim y Lázaro.
Dios es omnipotente y nada su opone a su voluntad. La omnipotencia es un atributo que pertenece solo a Dios y forma parte de su esencia. Dios tiene que ser omnipotente por la misma definición de su divinidad. Si Dios no fuese omnipotente, no sería Dios.
Este atributo divino junto con su existencia, podemos llegar a él a través de nuestro raciocinio como definió el Concilio Vaticano I. Atributo del que la misma historia de la salvación da testimonio. Tantas veces en la Sagrada Escritura Dios es llamado el fuerte de Jacob, el Señor de los ejércitos, el Fuerte, el Valeroso.
Dios es el Omnipotente con el solo poder de su Palabra crea todo cuanto existe poniendo en orden el cosmos y siendo dueño y Señor de todo el Universo. Dios que da inicio al universo y es Señor de la historia pues gobierna los corazones y los acontecimientos según su voluntad.
Las mitologías antiguas de las religiones otorgaban también a los dioses la omnipotencia. Pero estas divinidades muchas veces eran gobernados por sus pasiones y su voluntad por tanto caprichosa. Utilizaba su poder a capricho de sus pasiones. No vale la pena considerar mucho más esto, pero pensemos simplemente en los dioses griegos y romanos: eran tan pasionales como los hombres, pero con rango de Dios.
¡Cuántas veces vemos también nosotros en nuestro mundo como obran y utilizan su potestad los poderosos! ¡Guiados caprichosamente por sus intereses!
Pero, ¿es así el poder de nuestro Dios? ¿Actúa nuestro Señor Jesucristo a capricho?
El poder de Dios es universal, pues lo abarca todo, lo rige todo, lo puede todo. Es un poder omnipotente que se rige por el amor, porque el que nos ha creado es nuestro Padre amoroso que nos cuida y quiere nuestro bien. El poder de Dios, su omnipotencia, forma parte también del misterio de su divinidad, por sólo en el camino de la fe y acercamiento a él podemos conocer a este Dios que se manifiesta en la debilidad.
No pensemos que la Omnipotencia Divina es un concepto lejano o poco importante para nuestra vida cristiana. ¡Fijaos que importancia tiene que es el único atributo divino que se menciona en el Credo: Credo in unum Deum Patre omnipotentem!

Dios es Padre y es omnipotente. Su paternidad y su poder van unidos en su ser poniéndose de manifiesta en su providencia al cuidar de nuestras necesidades  -más que los lirios del campo y las aves del cielo-. Poder de Dios manifestado en hacernos hijos suyos por adopción y por tantos participantes de su misma vida. El poder de Dios se muestra hacia nosotros en su misericordia y en perdón de los pecados. Al perdonarnos, parece como si Dios mismo se negara a sí mismo, devolviéndonos la gracia y la amistad que por el mal uso de nuestra libertad habíamos perdido.
¡Cada vez que recibimos la absolución del sacerdote se renueva este milagro del hijo de la vida! Ese joven muerto destinado al sepulcro somos cada uno de nosotros cuando cometemos o vivimos en pecado mortal.
Seguramente lo hemos oído o a nosotros mismos nos ha pasado: Si Dios es omnipotente, porque no me escucha cuando le rezo, o porque no obra el milagro que le pido, o porque…
¿Cómo va a ser Dios omnipotente si ante la injusticia o el dolor nos aparece como lejano y ausente? Dios parece más bien todo lo contrario: indiferente ante nuestros problemas, distante ante nuestra historia, impotente ante nuestras dificultades, débil para ayudarnos.
Muchas personas dejan de creer en Dios o dudan verdaderamente de su poder ante las experiencias del mal y del sufrimiento. Muchos dejan de confiar en el poder de la oración. Incluso católicos practicantes, no rezan, porque se han convencido de que Dios no actúa.
La omnipotencia de Dios y su aparente silencio o debilidad hemos de comprenderlo dentro del misterio de su ser, que nos supera sobremanera, pero que hemos de intentar vislumbrar dentro de la revelación que él ha hecho de sí mismo.
¿Qué podemos decir?
Pues que Dios mismo manifestó su poder en la suma debilidad: la muerte de su Hijo Único. Siendo Dios se hizo el más débil y indefenso: un bebe en el portal de Belén y crucificado en la cruz. Aparentemente él dejó vencer por la muerte; pero suya es la victoria: a los tres días resucitó. Y en su resurrección quedo manifiesto su omnipotencia y su victoria sobre los peores enemigos del hombre: el pecado y la muerte.
Cuando llegan las experiencias de dolor y sufrimiento, solo podemos acudir a la fe. Solo desde la intimidad de la oración podemos adherirnos y comprender los caminos misteriosos del poder de Dios; y así –como el apóstol san Pablo- poder gloriarnos en nuestras debilidades, para que quede de manifiesto la fuerza y el poder de Jesucristo.
Queridos hermanos: hemos de renovar nuestra fe y afianzar nuestra esperanza en la omnipotencia de Dios. Hemos de creer contra toda esperanza. Hemos de saber que “Nada es imposible para Dios.”
Y hagamos una aplicación muy concreta: el joven muerto de Naim nos recuerda tantas personas que conocemos, incluso de nuestras propias familias, que viven, pero son muertos: muertos a la vida de la gracia, muertos al bien, muertos a la verdad… No hemos desesperar de su conversión ni de su salvación, hemos de confiar en el poder de Dios que tiene poder para romper los corazones más endurecidos. Nuestra continua oración y mortificación por ellos, será la mayor obra de amor y manifestación de nuestra fe y confianza en el poder de Dios.