viernes, 24 de marzo de 2023

24 de marzo. SAN GABRIEL ARCÁNGEL

24 de marzo

San Gabriel, arcángel

 

Sermón de San Beda el Venerable, Presbítero.

Exposición sobre San Lucas 1, 11-20

Se le apareció el Ángel del Señor, puesto de pie a la derecha del altar del incienso. Se muestra este Ángel en el Templo, cerca del altar y al lado derecho, puesto que anuncia el advenimiento del verdadero sacerdote, el misterio del sacrificio universal y la alegría del don celeste. Frecuentemente anuncia la izquierda los bienes presentes, y la derecha presagia los bienes eternos. Esto está conforme con lo que se canta en el elogio de la Sabiduría: “En su mano derecha trae la larga vida, y las riquezas y la gloria en su izquierda”. El Ángel tranquiliza a Zacarías, lleno de temor, porque, siendo natural a la fragilidad humana turbarse al ver una criatura espiritual, conviene a la bondad de los Ángeles consolar rápidamente con suaves palabras, a los mortales que tiemblan a su aspecto. Por lo contrario, es propio de la crueldad de los demonios abatir siempre, principalmente por una impresión de horror, a los que se ven azorados por su presencia; y no hay mejor para ahuyentarlos que una fe intrépida.

El Ángel, afirmando a Zacarías que su oración ha sido escuchada, le promete el alumbramiento de su esposa. No es que Zacarías, que entró en el santuario para ofrecer una oblación en nombre del pueblo, hubiese postergado los votos para pedir antes la gracia de tener hijos, pues nadie pide un favor que no puede obtener. (Zacarías, acordándose de la edad y esterilidad de su esposa, había perdido la esperanza de tener un hijo, y no creyó en la palabra del Ángel que se lo prometía.) En cambio, lo que dice el Arcángel: Tu oración ha sido oída, se refiere a la súplica de este sacerdote por la redención del pueblo. Cuando el Ángel añade: Tu mujer Isabel te dará un hijo, se entiende de la economía de la Redención, ya que el hijo que había de nacer a Zacarías debía preparar, como un heraldo, la vía al Redentor de aquel pueblo. Al afirmar a Zacarías que su oración por el pueblo no ha quedado sin fruto, enseña el Ángel la manera cómo aquel mismo pueblo debía ser salvado y hecho perfecto, esto es, haciendo penitencia por la predicación de Juan y creyendo en Jesucristo.

Zacarías, vacilante por la grandeza de tales promesas, pide un signo para poder tener fe, cuando la sola vista o las palabras de un ángel deberían bastarle como signo. Por eso recibió el castigo merecido por su desconfianza, quedando mudo. El silencio impuesto, es a la vez para él la señal que pide para creer y la justa pena de su infidelidad. Si semejantes promesas hubiesen sido hechas por un hombre, habría podido exigir un signo sin hacerse merecedor de castigo; pero ante la promesa de un ángel, huelga la duda. Gabriel concede en tal forma el signo solicitado a quien, para expresar una duda ha hablado, aprenda ahora a creer, callando. Ahora afirma la Escritura que aquel Ángel estaba de pie ante el Señor, y que era enviado para dar la buena nueva a Zacarías; así cuando los ángeles se nos presentan, cumplen un ministerio exterior, pero sin interrumpir jamás su contemplación interior. Son enviados, y continúan estando presentes ante Dios, porque aunque un espíritu angélico no es infinito, el Espíritu supremo, que es Dios, carece de límites. Los Ángeles se hallan en presencia de Dios, aunque sean enviados; cualquiera que sea el lugar donde cumplen una misión, se mueven en Dios. El papa Benedicto XV extendió la fiesta de San Gabriel Arcángel a la Iglesia universal.

 

Oremos.

Oh Dios, que entre los demás Ángeles elegiste al Arcángel Gabriel para anunciar el misterio de tu Encarnación; concédenos propicio, que cuantos celebramos su festividad en la tierra, experimentemos su patrocinio en los cielos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.