martes, 25 de enero de 2022

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO. 25 DE ENERO

25 de enero

La Conversión de San Pablo

 

Sermón de San Agustín, Obispo.

Sermón 14 de los Santos.

Hoy el pasaje de los Hechos de los Apóstoles refiere que el Apóstol Pablo se convierte, de perseguidor de cristianos en predicador de Cristo. Jesucristo ha abatido un perseguidor para hacer de él un doctor de la Iglesia, hiriéndolo y curándolo, dándole a la vez la muerte y la vida. Cordero inmolado por lobos, cambia los lobos en corderos. En la célebre profecía en que vemos al patriarca Jacob bendecir a sus hijos (con la mano extendida sobre los que estaban presentes y los ojos fijos en lo por venir) hállase predicho lo que se cumplió en Pablo, como él mismo afirma, de la tribu de Benjamín. Pues cuando Jacob bendijo a sus hijos, llegando a Benjamín exclamó: “Benjamín, lobo rapaz”.

¿Pues qué? ¿Será siempre lobo rapaz? En manera alguna; pero el que “por la mañana devorará la presa, por la tarde repartirá los despojos”. Esto se verificó en el Apóstol San Pablo, al que se refería esta predicción. Considerémoslo: devorador por la mañana y repartidor de los despojos por la tarde. Mañana y tarde significan aquí el principio y después. Lo entederemos así: devorará al principio, mas después repartirá los despojos. Ved al devorador. Saulo, recibidas las cartas del príncipe de los sacerdotes, fue a Damasco, para llevar presos a Jerusalén a cuantos cristianos hallase, y entregarlos a los sacerdotes para que los castigasen.

Iba deseando y anhelando matanzas, es decir, devorando por la mañana. Así, cuando Esteban, primer mártir por el nombre de Cristo, Saulo estaba manifiestamente presente; presenciaba el suplicio con tanta hostilidad que, no bastaba lapidarle con sus propias manos, por lo que, a fin de hallarse en todas las manos que lanzaban piedras, guardaba los vestidos de los verdugos, desahogando su furor secundándolos a todos, mejor que si lo hiciera él. Vemos la primera parte de la profecía: “Devorará por la mañana”. Veamos cómo repartirá por la tarde los despojos. Desde el cielo la voz de Cristo lo derriba; recibe la orden de no perseguir más y cae con el rostro en tierra. Primero debía ser abatido, luego realzado; herido al principio, después curado.

 

Oremos.

Oh Dios, que enseñaste a todo el mundo con la predicación del bienaventurado apóstol Pablo, te rogamos que nos concedas que cuantos celebramos hoy su Conversión, imitando sus ejemplos, lleguemos a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.