domingo, 2 de octubre de 2016

EL ROSARIO DE HOY CON EL BEATO ANTONIO CHEVRIER



Santo Rosario.
Por la señal... 
Monición inicial:  Se hace hoy memoria del beato Antonio Chevrier, sacerdote de Lyon (Francia), que instituyó la Obra de la Providencia del Prado, para preparar sacerdotes destinados a enseñar la doctrina cristiana a jóvenes pobres (1879).
Con sus pensamientos meditaremos el Santo Rosario, del que decía: “Amemos rezar nuestro rosario. El rosario es el libro de todo el mundo: es el libro del sacerdote y del pueblo; es el libro del ciego; es el libro del anciano cuyos ojos se cierran a las cosas de este mundo; es el libro del sabio y del ignorante; es el libro de quienes sufren. ¡Oh! Cuando el dolor ha debilitado su cuerpo, extinguido sus facultades, le queda aún un consuelo en su rosario; cuando sus labios inmóviles no pueden decir: Dios te salve, María, todavía lo tiene entre sus manos para recordar a su madre; y cuando la muerte le ha cerrado los ojos, lleva con él a la tumba su crucifijo y su rosario para mostrar que es un hijo de Jesús y de María….”
Invoquemos a María, Reina de los ángeles, para que envíe a nuestros ángeles custodios que nos acompañen, nos alumbren, y guíen en el camino de ser “verdaderos discípulos” de su Hijo Jesús.
Señor mío Jesucristo...
MISTERIOS GLORIOSOS
1.-La Resurrección del Señor.
“Es necesario pensar en nuestro Señor más que en nosotros y en nuestras  propias miserias. Si un pintor se mirase siempre a sí mismo en lugar de mirar a  su modelo, no llegaría jamás a copiarlo. Es lo que usted ha hecho, querida  hermana. Mire mucho a nuestro Señor y no se mire demasiado a sí misma,  entonces tendrá más vida. Dedíquese a imitar a nuestro Señor, y esto sin angustia, sin sufrimiento. Contémplele con amor y con el deseo de imitarle, eso es todo. Las faltas, las  miserias, abandónelas en el océano de su misericordia. Cuando se ama a Jesús  hay que preocuparse poco de lo demás.”
2.- La Ascensión del Señor
“Cuando el Maestro envía a sus obreros al mundo, no los envía para hacer colectas, pedir, edificar, construir, establecerse en el mundo. Los envía para enseñar, instruir y bautizar. Ése es el gran objetivo… Así, pues, cuando nosotros vamos a cualquier lugar, lo primero que debemos hacer es instruir, dar la catequesis, bautizar, curar, servir a todo el mundo. Ésa es nuestra primera misión.
Si se empieza edificando, reparando, colocando, comprando, pidiendo, haciendo colectas, no se hace la obra de Dios: se hace la obra material. Hay que empezar por la obra espiritual… Hay que dar la máxima importancia a la obra espiritual: instruir, catequizar, es el primer deber que tenemos que cumplir…
Debemos empezar las obras y las parroquias evangelizando, catequizando, rezando, fomentando la vida espiritual, dejando a Dios el cuidado de enviarnos el dinero o las casas. ¿Para qué sirven las casas o el dinero, si no se hace la obra de Dios? Empezad por las almas. ¿Qué pensar de quienes no se preocupan más que de edificar, de embellecer su casa rectoral, su iglesia, y que, para ello, no hacen más que correr tras los alcaldes, los prefectos, los señores, las damas? ¡Lástima! Abandonan las almas para ir detrás de las piedras… No hemos sido enviados a construir, sino a convertir.”
3.- La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María
“De donde viene que entre nosotros haya tantas pequeñas miserias, susceptibilidades, celos, maldad, negligencia? Sencillamente, de que no tenemos el espíritu de Dios. Cuando tengamos el espíritu de Dios, habrá unión, caridad, amor, celo, renuncia a si mismo. Pídalo para usted misma y que todas lo pidan para todos; recen bien cada día con fe y humildad la oración al Espíritu Santo para que el espíritu de Dios venga sobre nosotros.”
4.- La Asunción de María Santísima a los Cielos
“Quiero decir: ¿sientes un impulso interior que te lleva a Jesucristo? Un  sentimiento lleno de admiración por Jesucristo, su hermosura, su grandeza, su  bondad infinita que le hace bajarse hasta nosotros, sentimiento que nos toca y  lleva a entregarnos a él; un suave soplo divino que nos impulsa y viene de lo  alto, ex alto, lucecita sobrenatural que nos ilumina y hace ver un poco a  Jesucristo y su infinita hermosura. Si sentimos en nosotros este soplo divino, si  percibimos una lucecita, si nos sentimos atraídos, por poco que sea, hacia  Jesucristo, ¡ah!, fomentemos este atractivo, hagámoslo crecer por la plegaria, la oración, el estudio, para que se agrande y dé frutos».”
5.- La Coronación De La Virgen Como Reina Y Señora De Todo Lo Creado.
“En un reloj hay un resorte que hace mover toda su maquinaria y da la hora;  Jesucristo debe ser en nosotros el resorte invisible, oculto, que haga mover  todo nuestro ser y nos haga ser siempre transparencia del mismo Jesucristo. Donde está tu tesoro, allí está tu corazón.”