martes, 29 de septiembre de 2026

DE LOS MEDIOS QUE NOS TRAEN A DIOS Y A LA SALUD DEL ALMA. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Miércoles de la XVIII semana después de Pentecostés

DE LOS MEDIOS QUE NOS TRAEN A DIOS Y A LA SALUD DEL ALMA.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Miércoles de la XVIII semana después de Pentecostés

DE LOS MEDIOS QUE NOS TRAEN A DIOS Y A LA SALUD DEL ALMA.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, así como cuatro hombres trajeron a Cristo este paralítico, así los cuatro novísimos traen el pecador a Dios, que son la consideración de la muerte, del juicio, del infierno y de la gloria. Éstos le mueven y traen del cieno de sus pecados a su santo servicio. Válete de ellos para salir de los tuyos y acercarte al Señor, y para traerle los pecadores y arrancarlos de sus vicios.

 

PUNTO II. Considera cómo Cristo, usando de su piedad, careándose con este enfermo, le perdonó sus pecados y las ofensas que contra Él había cometido, para que tú aprendieses a perdonar con facilidad las que han cometido contra ti tus enemigos. Saca de esta lección un afecto grande de caridad para perdonar tus injurias, y una confianza grande en la piedad de Dios de que te perdonará tus pecados, por muchos y graves que sean, como perdonó los de éste en poniéndose en su presencia. Ponte tú en la de Dios, y pídele con lágrimas que use de misericordia contigo como la usó con éste, y que te dé su gracia para no volver más a tus vicios.

 

PUNTO III. Considera cómo por la fe y ruegos de los que le trajeron sanó Cristo a este paralítico, y aprende a orar por tus prójimos, y alcanzarles la salud del Señor, el cual espera muchas veces a que le rueguen para sanarlos en el cuerpo y en el alma, como a éste. Pondera cuántos mueren en sus pecados porque no tienen quien ruegue por ellos, y cuántos están enfermos en el alma por negligencia tuya, por los cuales, si rogaras y pidieras con fe y perseverancia a Dios, les concediera la salud de sus almas, dándoles verdadero dolor y contrición de sus pecados. Pide, pues, al Señor por las necesidades de la Iglesia, y por la conversión de los pecadores, y por los obreros evangélicos, y por todos los que conoces que tienen necesidad de remedio, y Dios le dará por medio de tus oraciones.

 

PUNTO IV. Considera que primero sanó Cristo a este enfermo y luego le mandó caminar a su casa, en que nos enseña que primero ha de ser alcanzar la salud de nuestras almas, sanando de las llagas de los pecados por medio de la contrición y la medicina celestial de su gracia, y luego caminar a nuestra casa y morada verdadera, que es el cielo. Llora el tiempo que has estado detenido y preso en tus pecados, y oye la voz de Cristo que te dice: «Levántate y camina; levántate de la cama de tus vicios; levántate de la tibieza en que estás; levántate del amor propio que te detiene; levántate de las aficiones terrenas; desecha los grillos y cadenas que te han echado tus apetitos, y camina con diligencia al cielo por la senda de la perfección, hasta llegar a la cumbre del monte Sión, adonde gozarás de Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.»

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.