sábado, 19 de septiembre de 2026

DIA 20. LA GRANDE DICHA QUE LOS HUMILDES TIENEN CON DIOS Y DE LA MISERIA Y CAÍDA DE LOS SOBERBIOS. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DIA 20

LA GRANDE DICHA QUE LOS HUMILDES TIENEN CON DIOS Y DE LA MISERIA Y CAÍDA DE LOS SOBERBIOS

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DIA 20

LA GRANDE DICHA QUE LOS HUMILDES TIENEN CON DIOS Y DE LA MISERIA Y CAÍDA DE LOS SOBERBIOS

¡Oh, dichosos humildes!, si en este mundo están pobres, en el otro serán ricos, y tanto es así que por sus manos Dios distribuirá aquellos tesoros eternos a los que él quiera dar. Eso merecen las manos limpias del humilde que no quiso nada, y fueron manos de fiar: que ponga Dios en ellas su cielo para que lo repartan a los ricos que lo merecieron. «Dichosos los pobres de espíritu», porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos humildes, si en este mundo son abatidos, en el otro serán levantados. «Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes».

Dios desparrama y dispersa a los soberbios en sus propios pensamientos, que sin saber dónde están con nada de lo que pretenden aciertan. A los que ya están sentados en las sillas, con su propia mano los derriba y baja y sube y levanta a los humildes que están bajos y abatidos.

Job, tan subido, levantado, prosperado y enriquecido, un solo toque de esta mano lo bajó de esa alteza y lo echó y puso en un muladar. Pero con ese mismo toque de la mano Dios lo volvió a levantar y a sacar del muladar y a duplicarle todas las cosas que antes tenía.

«Más y mayor abatimiento para el soberbio, más y mayor exaltación para el humilde». Todas las caídas y miserias que ha habido en el mundo son «toques del dedo de Dios» en comparación de las que dará a los soberbios. Todas las exaltaciones, honras y grandezas que se han visto en el mundo son de poca consideración en comparación de las que tendrán los humildes.

Esas dos obras las toma Dios tan en cuenta y las hace tan suyas que quiere que pase por su mano y por su brazo, llamando esa obra «obra y poder del brazo de Dios».

«Haznos, Dios mío, humildes para que con ellos nos regocijemos y alegremos», considerando que sus premios y exaltación ha de ser obra grande y tan grande que todo el brazo de Dios es necesario en ella.

¡Oh, Señor, y si entre los humildes fuese yo desechado y entre los desechados abatido y despreciado, qué gran cosa y consuelo sería! Dame tú, Dios mío, gracia para que esto ame y esto quiera simple y llanamente, sin otro interés ni paga.

Sea yo, Señor mío, siervo fiel en estas cosas, que tú eres señor y amo que pagas sobre lo que yo merezco y se me debe.

¡Oh, qué dichosas labradas las que el humilde da en la viña de Dios sin hacer concierto ni ponerse al regateo, pues no hay tanto cuanto Dios le dará!»

«Ni la oreja oyó ni el ojo vio lo que Dios les tiene preparado». Los ojos y las orejas, aunque son medidas tan largas y grandes, no cabe en ellas lo que Dios tiene preparado para los justos humildes.

«Con golpe y sin golpe, con cuenta y sin cuenta, quiero que me cuentes entre los humildes y que me recibas en tu servicio. Las cuentas queden, Señor mío, a tu cuenta, que eres Dios verdadero y «no echarás dado falso.

Buen fiador tengo, sobre buen abono sirvo, porque todo Dios entero es el fiador y dejará de ser Dios antes que dejar de cumplir lo que promete.

«¡Oh, palabra eterna, y qué bien abonada estás!» El cielo y la tierra se deshará y «no faltará una tilde ni un ápice de todo cuanto al justo se le promete».

No hay que espantarse que el humilde «se dé mil puntadas en la boca, enmudezca y calle» antes que ser en la casa de Dios jornalero asalariado. Por mucho que abra la boca y menee su lengua, sus palabras son «muy cortas y muy limitadas» para ver y oír lo que Dios ha de dar al humilde.

«Es bueno Señor, dejar eso en tus manos, que es mano larga y dadivosa y mano de Dios manirroto».

Allá los soberbios, «ciegos e ignorantes», que se contentan con «premios y pagas en este mundo». «¡Oh, ceguera inmensa! ¡Oh, tinieblas oscuras!», que quieran privarse del sumo bien que a los humildes aguarda por pagarse ellos de su propia mano. Todo lo que buscan y se les da «es tierra que se ha de quedar en la tierra y ellos con sus manos vacías».

 

JACULATORIA: Solo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. (salmo 62, 2-3)

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.