sábado, 19 de septiembre de 2026

EL MAYOR PRECEPTO DE LA LEY. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


XVII domingo después de Pentecostés.

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: EL MAYOR PRECEPTO DE LA LEY

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XVII domingo después de Pentecostés.

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: EL MAYOR PRECEPTO DE LA LEY

El Evangelio contiene una pregunta que hicieron los fariseos a Cristo acerca de cuál era el mayor precepto de la ley; y respondió que el de amar a Dios. Y otra que Cristo les hizo a ellos, preguntándoles de quién era hijo el Mesías; y respondieron que de David. A esto les replicó cómo, siendo su hijo, le llamaba su Señor; y no supieron desatar esta dificultad, ni se atrevieron a preguntarle más en adelante.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo es tu Maestro, el archivo y depósito de la verdad, a quien Dios te ha dado para que aprendas de su celestial doctrina. Y por tanto debes frecuentar su escuela y llegarte a Él a menudo para preguntarle tus dudas, consultar tus dificultades, oír y estimar sus respuestas, y no las de los hombres del mundo, cuya doctrina es engañosa y cuyos consejos son errados.

Duélete del tiempo que los has consultado, y da gracias a Dios porque te dio tal Maestro; y pídele su gracia para oírle, aprender su doctrina y ponerla en ejecución.

 

PUNTO II. Considera cómo, preguntando los fariseos a Cristo por el mayor mandamiento de la ley, no solo respondió a su pregunta, sino que les enseñó más de lo que le preguntaron, declarándoles también el amor del prójimo y dándoles luz para conocer al Salvador.

En esto debes ponderar cuánta luz da el Señor a los que se llegan a Él, pues por su gran liberalidad siempre concede más de lo que le piden.

Saca de aquí una gran confianza en el Señor, esperando alcanzar de su mano no solamente lo que le pidieres, sino mucho más, pues así lo da su infinita generosidad.

 

PUNTO III. Considera la mala intención con que llegaron los fariseos a preguntar a Cristo: no con deseo de aprender su doctrina, sino de calumniarle y acusarle, si podían cogerle en alguna palabra; por lo cual salieron confusos y avergonzados de su pregunta.

Pondera cómo Dios conoce los corazones y atiende más a la intención que a las palabras. Purifica, pues, la tuya en todas tus obras, no pretendiendo en ellas otra cosa que la honra y gloria de Dios, el aprovechamiento de tu alma y el bien de tus prójimos; y así alcanzarás la gracia del Señor.

 

PUNTO IV. Considera lo que dice el Salvador acerca de Cristo: que Dios pondrá a todos sus enemigos por estrado de sus pies, como declara san Crisóstomo, para ensalzar a su Hijo y manifestar su señorío.

Pondera cómo honró Dios a su Hijo, y cómo por su invencible paciencia y suma mansedumbre le dio victoria sobre todos sus enemigos, postrándolos a sus pies.

Aprende de aquí a tener paciencia con los tuyos, y confía en la bondad del Señor, que también a ti te hará vencedor, hasta rendir a tus enemigos bajo sus pies.

Pondera asimismo la seguridad que hay en la humildad, y cómo el lugar más bajo en la casa de Dios, permaneciendo rendido a sus pies, es mucho más excelso que los mayores honores del mundo; porque en estos se arriesga la salvación, y en aquel se asegura.

Exclama, pues, con vivo afecto de tu corazón, pidiendo a Dios que te conceda un lugar a sus pies y te permita permanecer debajo de ellos, antes que subir al más alto y soberano trono del mundo; escogiendo ser el menor en su casa con mejor gana que el mayor en el siglo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.