Martes de la XVI semana después de Pentecostés
DE LA DOCTRINA DE LA HUMILDAD QUE DIO CRISTO EN EL CONVITE.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Martes de la XVI semana después de Pentecostés
DE LA DOCTRINA DE LA HUMILDAD QUE DIO CRISTO EN EL CONVITE.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo nuestro Señor leyó a los fariseos que le convidaron los corazones; y, habiendo penetrado su malicia, nacida de su soberbia, les aplicó la medicina saludable de su doctrina.
Y porque le calumniaban por sanar a los enfermos en sábado, lo primero que les enseña es hacer buenas obras en el sábado, que era dedicado al culto de Dios; y Dios se honra y sirve con santas obras.
Atiende a lo que les dice: que, si en sábado cae un animal en un pozo, no le dejen perecer; y mucho más se ha de mirar por la salud de los hombres que por la de los animales.
Atiende a estas palabras y considera cuántas veces has estimado a tu alma en menos que a un animal, pues, cayendo en el pozo profundo del pecado, no has cuidado de sacarla.
Llora tu negligencia y ruega a Dios que no te deje despeñar en los vicios, y que te saque de la hoya de tus ignorancias y pecados.
Pondera asimismo cómo el animal que cae en un pozo no puede salir si no le sacan; y reconoce tu imposibilidad y flaqueza, pues no tienes fuerza para salir de la culpa si Dios no te saca con su gracia.
Pídele que te ayude a salir de ella y a no volver a caer en pecado.
PUNTO II. Considera en este hidrópico representado al soberbio, hinchado con su presunción, escandaloso con el mal olor de sus vicios, impedido en sus miembros para las obras santas, despreciado de todos y solo apreciado de sí mismo, que no cabe en parte alguna y en todas levanta contiendas y discordias por sus pretensiones de superioridad.
A esta enfermedad aplica el Salvador la triaca saludable de la doctrina de la humildad.
Mírate en este enfermo como en un espejo. Considera en él la soberbia de tu corazón, tu presunción y vanidad, y la necesidad que tienes de la doctrina de Cristo y de ejercitarte en la humildad.
Contempla la humildad que Cristo tuvo, y aprende de tu Maestro a ser humilde y manso de corazón.
PUNTO III. Considera el consejo de Cristo, que nos dice que escojamos el más bajo lugar en los convites, para que seamos levantados con honra al más alto, y no abatidos con deshonra del más alto al más bajo.
Pondera que para la misma honra es medio la humildad. Todos honran a los humildes y desprecian a los soberbios; y, si los hombres los honran, ¿qué hará Dios?
Pondera también la vanidad del mundo, puesta en este o en aquel lugar, en el alto y no en el bajo; y las contiendas y guerras que se levantan por esta causa, siendo todo un poco de viento y una suma vanidad.
Levanta los ojos al cielo y mira cómo allí no hay esta estima, ni contienda de lugares, ni es más estimado el alto que el bajo, ni el primero que el postrero; sino que solo se hace caso de las virtudes y de los merecimientos que se adquieren por ellas.
Cobra luz y desengaño para despreciar los pundonores del mundo y apreciar solamente la virtud y la santidad que aprecian Dios y sus santos.
PUNTO IV. Carga el peso de la consideración en las últimas palabras del Redentor: «Todos los que se ensalzaren serán humillados, y los que se humillaren serán ensalzados.»
No solo aquí, ordenándolo así Dios, sino mucho más en el cielo, entre los ángeles y los santos, en los tronos de la gloria.
Contempla la alteza de honra y majestad que Dios tiene preparada en su corte para los humildes.
Pon los ojos en la que tiene el seráfico padre san Francisco y otros santos que se esmeraron en humildad; y mira, por otra parte, la confusión y despecho que tendrán los soberbios cuando los vean ensalzados y a ellos abatidos y despreciados en el abismo de la profundidad.
No seas tan ciego que contradigas con tus obras las palabras y consejos del Salvador, y que, por tener un lugar alto o hacer un papel de honor en la farsa de este mundo, pierdas la soberana alteza de los tronos de la gloria y padezcas eterna confusión.
Toma su consejo y humíllate aquí hasta el último lugar, para que seas sublimado allá hasta el más ensalzado.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.