domingo, 20 de septiembre de 2026

DE LA LEY DE DIOS Y EL DESEO DE APROVECHAR. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 

Lunes de la XVII después de Pentecostés .

DE LA LEY DE DIOS Y EL DESEO DE APROVECHAR.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes de la XVII después de Pentecostés .

DE LA LEY DE DIOS Y EL DESEO DE APROVECHAR.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, preguntando a Cristo por el mayor de los preceptos, respondió que era el de amar a Dios, y que toda la ley se resumía en este y en amar al prójimo.

Pondera la suavidad de la ley divina y la dulzura de sus preceptos, que son todos de amor, y tan fáciles y ligeros, que toda su carga se cifra en estos dos. Y siendo esto así, la tienes por tan pesada, que dices no poder llevarla.

Acusa tu cobardía y la falta de espíritu; que por no tenerle se te hacen pesados de llevar y dificultosos de cumplir los mandamientos de Dios. Pídele con humildad que te dé su santa gracia, con la cual todo se te hará dulce y fácil de llevar.

 

PUNTO II. Considera cómo los fariseos, por una parte, llamaban a Cristo su Maestro, y por otra no le creían, ni estimaban su doctrina ni sus consejos; antes le contradecían, negando con las obras lo que decían con las palabras.

¡Oh pecador!, mete la mano en tu pecho y considera cuántas veces has caído en este pecado de los fariseos, confesando a Cristo por tu Maestro con la boca y negándole con las obras; no siguiendo sus consejos, contradiciendo su doctrina y haciendo todo lo contrario de lo que te enseña.

Repara en tu daño y en la ofensa que le haces; llora la ceguera pasada y pídele a Dios perdón, con propósito firme de enmienda y de aprovecharte en lo futuro de sus consejos y doctrina.

 

PUNTO III. Considera cómo le preguntan por el mayor precepto de la ley, no cumpliendo el menor de ella; y pondera el yerro que es querer subir a mayores, sin pasar por el aula de los menores.

Mira en qué grado te hallas y las obligaciones que te corresponden; y aprovechado en los grados más ínfimos, pídele a Dios luz y gracia para cumplir los menores de la penitencia y mortificación de tus pasiones, para poder subir a los mayores del perfecto amor de Dios, de su contemplación y unión, y a los grados más altos de perfección.

PUNTO IV. Pondera la respuesta de Cristo y toma sus palabras como dichas a ti, conviene a saber: amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

Medita las obligaciones que traen consigo estos dos preceptos y cómo los cumples. Considera cuán tibiamente amas a Dios, cómo tienes dividido tu amor con las criaturas y cuántas veces le ofendes por ellas.

Examina también cuán lejos estás del amor de tu prójimo, pues le ves perecer y no le socorres, ni haces nada por él, sino por tu propio interés.

Y pídele a Dios gracia para enmendarte y cumplir perfectísimamente su santa ley.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.