miércoles, 24 de agosto de 2016

QUERÍA EL SALVADOR TRIUNFAR EN LOS ESPÍRITUS POR EL IMPERIO DE LA VERDAD. San Ambrosio



Homilía de maitines
24 de agosto
SAN BARTOLOMÉ, APOSTOL
Forma Extraordinaria del Rito Romano

HOMILIA DE SAN AMBROSIO, OBISPO
Lib. V, Com. Sobre San Lucas, cap. 6
Solo las almas grandes, solo las almas sublimes escalan la montaña. Porque el Profeta no dice a cualquiera “Súbete sobre un alto monte, tú que anuncias buenas nuevas a Sion: alza esforzadamente tu voz, tú que evangelizas a Jerusalén”. Procura, pues, subir a esta montaña y seguir a Cristo, no con tus pasos corporales sino con grandes acciones, para llegar a ser tú mismo un monte; ya que, según vemos en el Evangelio, únicamente los discípulos le acompañaron en su ascensión a la montaña. Ruega el Señor, no por él sino por mí. Porque aunque el Padre haya puesto todas las cosas bajo potestad del Hijo, créese este obligado por su condición de hombre y de abogado nuestro, a rogar por nosotros al Padre.
“Y pasó, dice el texto, toda la noche haciendo oración a Dios.” He aquí el ejemplo que se te propone, oh cristiano; he aquí el modelo que se te manda imitar. ¿Qué no debes hacer, en efecto, para tu salvación cuando el mismo Jesucristo pasa toda la noche orando por ti? ¿Cómo debes conducirte antes de emprender alguna obra de piedad, cuando Jesucristo antes de enviar a los Apóstoles se puso a orar y oró solo? No vemos, en efecto, en ninguna parte, según me parece, que Jesús orase en unión de sus Apóstoles; le vemos siempre orando solo. Y es que para las aspiraciones humanas son incomprensibles los designios divinos, y no hay quien pueda penetrar en el interior de Jesucristo.
“Llamó a sus discípulos, dice el texto, y escogió doce entre ellos”, para destinarlos a procurar a los hombres del mundo entero las gracias de salvación, esparciendo entre ellos las semillas de la fe. Fijémonos, al mismo tiempo, en el plan divino. Los destinados a esta misión no son escogidos entre los sabios, los ricos, o los nobles, sino entre los pescadores y publicanos, para que no pudiera creerse que se habían empleado, cerca de ciertas almas los artificios de la prudencia humana para seducirlas, los de las riquezas para sobornarlas, los del ascendiente que confieren el poder y la nobleza para atraerlas; quería el Salvador triunfar en los espíritus, no por la fuerza de la elocuencia, sino con el imperio de la verdad.
Transcripto por Dña. Ana María Catalina Galvez