lunes, 15 de agosto de 2016

MARÍA ESTABA ESCUCHANDO EMBELESADA AQUELLA PALABRA DULCÍSIMA Y SU CORAZÓN SE NUTRÍA ÁVIDAMENTE DE ELLA. San Agustín



Homilía de maitines
del Oficio anterior a la proclamación del dogma

15 de agosto
ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA A LOS CIELOS
Forma Extraordinaria del Rito Romano

HOMILIA DE SAN AGUSTIN, OBISPO
Sermón 27, sobre las Palabras del Señor, tomo 10
Hemos oído en la lectura del santo Evangelio que una mujer piadosa hospedó en su casa al Señor, y que esta mujer se llamaba Marte. Mientras ella estaba atareada en servirle, María, su hermana, escuchaba las palabras del Señor sentada a sus pies. Una trabajaba, la otra descansaba; una daba, la otra recibía abundantemente. Agobiada Marta por las numerosas atenciones del servicio en que se ocupaba, se dirigió al Señor quejándose de que su hermana no la ayudara en su tarea.
El Señor responde a Marta tomando la defensa de su hermana; se convierte en abogado el que había sido llamado como juez. “Marta, le dice, tú te afanas y acongojas en muchas cosas, y a la verdad, que una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor suerte, de que jamás será privada”. Hemos oído la queja de la querellante y la sentencia del juez. Esta sentencia es, a la vez, la respuesta a la querella de Marta y la defensa de María. Estaba María enteramente absorbida en gustar la dulzura de la palabra divina. Marta se preocupaba de como alimentaría al Señor; María, de cómo sería alimentada por él. Marta preparaba al Señor un convite; María estaba ya recreándose en el convite del Señor.
Ahora bien: mientras María estaba escuchando embelesada aquella palabra dulcísima y su corazón se nutría ávidamente de ella ¿Cuál no sería su temor, al oír la reclamación de su hermana, de que el Señor le dijera. Levántate y ve a ayudarla? Porque lo que allí la retenía era una dulzura maravillosa, delicia del alma, muy superior a las de los sentidos. Una vez excusada, permaneció allí más tranquila. Mas ¿de qué manera fue excusada? Considerémoslo atentamente, examinémoslo, veamos de profundizar en este misterio, para que seamos, a nuestra vez saciados.
Transcripto por Dña. Ana María Catalina Galvez