domingo, 11 de octubre de 2015

LA FE PERFECTA


HOMILÍA DEL OFICIO DE MAITINES SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

XX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Homilía de San Gregorio, Papa.
La lectura del Santo Evangelio que acabáis de oír, hermanos míos, no tiene necesidad de explicación, pero a fin de que no parezca que la pasamos en silencio, diremos algo de ella, más como exhortación que como comentario. Sólo veo en ella un extremo que exige aclaración, a saber: ¿por qué el que fue a solicitar la curación de su hijo, oyó esta respuesta: “¿si no veis milagros y prodigios no creéis?” Seguramente, el que imploraba la curación de su hijo, creía, porque no habría pedido a Jesucristo esta curación si no hubiera creído que era el Salvador. ¿Por qué, pues, se le respondió: “¿si no veis milagros y prodigios no creéis?”, siendo así que él había creído ya antes de ver el milagro.
Pero recordad los términos de su plegaria y veréis claramente que su fe era imperfecta, ya que pidió al Señor que bajara a su casa y curase a su hijo. Reclamaba, pues, la presencia corporal de aquel Señor cuyo espíritu nunca está ausente de ningún sitio. Menguaba fe la del que no creía que Jesús pudiese devolver la salud a su hijo sin estar corporalmente junto a el. Si su fe hubiese sido perfecta, habría sabido, sin duda, que no hay lugar alguno en que Dios no esté presente.
Tuvo, pues, poca confianza, ya que no atribuyó el poder a la majestad soberana de Dios, sino a su presencia corporal. Pidió, sí, la cura pero con fe vacilante, puesto que creyó que aquel a quien acudía tenía poder bastante para curar, pero juzgó que estaba lejos de su hijo moribundo. Sin embargo, al Señor, al rogarle él que vaya, le da a entender que ya esta presente allí donde se le invita: aquel que con su sola voluntad creó todas las cosas, con su solo mandato cura al enfermo.