viernes, 2 de diciembre de 2022

Día 3. TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE ENVÍO A SU HIJO. San Alfonso María

3 de diciembre

PORQUE TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE DIO A SU HIJO ÚNICO, PARA QUE TODO EL QUE CREA EN ÉL NO PEREZCA, SINO QUE TENGA VIDA ETERNA.

 

ORACIONES PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS:

 

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Dispongámonos a hacer este momento de oración, elevando a Dios nuestro pensamiento y nuestro corazón; y digamos: 

                        

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en nombre de todos los mortales te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. 

Se reza tres veces Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo

 

Gloria al Padre

y al Hijo

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio,

ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

30 de noviembre

PORQUE TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE DIO A SU HIJO ÚNICO, PARA QUE TODO EL QUE CREA EN ÉL NO PEREZCA, SINO QUE TENGA VIDA ETERNA.

 

Considera cómo el Eterno Padre, dándonos al Hijo por Redentor, por víctima, por precio de nuestro rescate; no podía darnos motivos más poderosos de esperanza, y de amor para inspirarnos confianza, para obligarnos a amarle. Dándonos el Padre al Hijo, dice San Agustín.

Quiere que nosotros apreciemos este inmenso don, a fin de adquirirnos la salvación eterna y toda gracia que nos sea necesaria para conseguirla, mientras que en Jesús hallamos cuanto podemos desear: luces, fortaleza, paz, confianza, amor y gloria eterna.

Siendo cierto que Jesucristo es un don que contiene todos los otros dones, ¿qué podemos buscar y desear? ¿Cómo no nos donó con Él todas las cosas? dice san Pablo. Habiéndonos Dios dado a su amado Hijo, que es la fuente y tesoro de todos los bienes, ¿quién puede temer que quiera negarnos alguna gracia que le pidamos? Jesucristo, dice el mismo Apóstol, ha sido hecho por Dios, sabiduría, y justificación, santificación y redención.

Dios se ha dado a nosotros, ciegos e ignorantes, como luz y sabiduría, para caminar por la senda de la salvación a nosotros reos e ingratos, como justicia, para satisfacer por nuestras culpas, a nosotros pecadores, para santificarnos. Finalmente, Dios se ha dado a nosotros esclavos del demonio, como rescate, para adquirir la libertad de hijos de Dios.

En suma, concluye el Apóstol, con Jesucristo nosotros somos enriquecidos en todas las cosas, de manera que no nos falte cosa alguna en ninguna gracia. Y este don que nos ha hecho Dios de su Hijo, es un don hecho a cada uno de nosotros; pues que él le ha dado todo a cada uno, como si a él solo fuese donado; así es que cada uno de nosotros puede decir: Jesús es todo mío; mío es su cuerpo y su sangre: mía es su vida, sus dolores, su muerte: míos son sus méritos.

Por esto decía san Pablo: Me amó y se entregó a sí mismo por mí’. Y lo mismo puede decir cada uno: Mi Redentor me ha amado, y por el amor que me ha tenido, se ha entregado todo a mí.

 

AFECTOS Y SÚPLICAS.

¡Oh, Dios eterno! y ¿quién jamás podía hacer este don que es de infinito valor, sino Vos que sois un Dios de amor infinito? ¡Oh Criador mío! y ¿qué más podíais hacer para darnos confianza en vuestra misericordia y ponernos en la obligación de amaros?

Señor, yo os he pagado con ingratitudes; pero Vos habéis dicho, por vuestro Apóstol, que a los que aman a Dios todas las cosas les contribuyen al bien: omnia cooperantur in bonum.

No quiero, pues, que el gran número y enormidad de mis pecados me hagan desconfiar de vuestra bondad. Quiero que me sirvan para más humillarme, cuando reciba alguna afrenta. Quiero que me sirvan para mejor resignarme con las cruces que me enviéis para ser más diligente en serviros y honraros, a fin de compensar las injurias que os he hecho. Mucho merece quien ha tenido el atrevimiento de ofenderos, bondad infinita…

Quiero, sí, acordarme siempre, ¡oh, Dios mío! de los disgustos que os he causado, para alabar más vuestra misericordia y para encenderme siempre más en el amor hacia Vos. Vos que me habéis acercado cuando huía de vuestra presencia y me habéis hecho tanto bien, después que yo tanto os he maltratado.

Espero, Señor, que ya me habréis perdonado. Me arrepiento y quiero siempre arrepentirme de los ultrajes que os he hecho. Quiero seros agradecido, compensando con mi amor la ingratitud que con Vos he usado. Pero Vos debéis ayudarme y a Vos pido la gracia de cumplir ésta, mi voluntad. Haceos amar mucho de un pecador que os ha ofendido también mucho.

Dios mío, Dios mío, y ¿quién podrá jamás dejar de amaros, y separarse nuevamente de vuestro amor?

¡Oh, María reina mía socorredme! Vos sabéis de mi debilidad. Haced que yo me encomiende a Vos siempre, pues el demonio pretenderá separarme de Dios. ¡Madre mía, esperanza mía, ayudadme!

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

 

Concluyamos nuestra oración implorando la intercesión de la santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca san José:

 

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma para celebrar el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh dulcísima Madre!, concédenos recibir a tu Hijo con tu pureza, humildad y devoción, tu profundo recogimiento y divina ternura para que seamos un día dignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

 

Oración a San José

Oh Santísimo San José, esposo de María y padre putativo de Jesús, infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Por el amor que le tuviste al Divino Niño, te ruego la gracia de abrasarme en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente hasta que lo vea y goce en el cielo. Amén. 

 

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Santos Patriarcas, Profetas y justos que aguardasteis la llegada del Mesías, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártelo con tus familiares y amigos.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.