sábado, 17 de diciembre de 2022

18 de diciembre. NOVENA DE NAVIDAD CON SAN ALFONSO MARÍA. UN NIÑO NOS HA NACIDO

 

NOVENA DE NAVIDAD CON SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

 

18 de diciembre

UN NIÑO NOS HA NACIDO

Y UN HIJO SE NOS HA DADO. Is 9, 6

 

ORACIONES PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS:

 

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Dispongámonos a hacer este momento de oración, elevando a Dios nuestro pensamiento y nuestro corazón; y digamos: 

                        

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en nombre de todos los mortales te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. 

Se reza tres veces Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo

 

Gloria al Padre

y al Hijo

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio,

ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

***

18 de diciembre

UN NIÑO NOS HA NACIDO

Y UN HIJO SE NOS HA DADO. Is 9, 6

 

Considera cómo después de tantos siglos, después de tantos ruegos y suspiros, aquel Mesías que no fueron dignos de ver los santos Patriarcas y Profetas, el suspirado de las gentes, nuestro Salvador, vino por fin. Ha nacido ya y se ha dado todo a nosotros.

El Hijo de Dios se ha hecho pequeñito para hacernos grandes. Se ha dado todo a nosotros para que nosotros nos demos todos a Él y ha venido a manifestarnos su amor para que nosotros le correspondamos con el nuestro.

Recibámoslo, pues, con afecto, amémosle y recurramos al mismo en todas nuestras necesidades. Los niños, dice san Bernardo, son fáciles en dar aquello que se les pide.

Jesús ha querido venir tal, por manifestarse propenso y fácil a darnos sus bienes, ya que todos los tesoros están en sus manos y en ellas puso el Padre todas las cosas, nos dice san Juan (Jn 3, 35).

Si queremos luz, Él por esto ha venido, para iluminarnos.

Si queremos fuerza para resistir a los enemigos, Jesús ha venido para confortarnos.

Si queremos el perdón y la salvación, Él ha venido para perdonarnos y salvarnos.

Si, finalmente, queremos el sumo don del amor divino, Él ha venido para inflamarnos y por esto, sobre todo, se ha hecho niño y ha querido presentarse a nosotros, pobre y humilde, para apartar de nosotros todo temor y conquistarse nuestro amor, dice san Pedro Crisólogo: Talier venire debuit, qui voluit timorem pellere, quorere charitatem.

Por otra parte, Jesús ha querido venir de chiquito, para hacerse amar de nosotros, con amor, no sólo apreciativo, sino también tierno. Todos los niños saben ganarse un especial cariño de quién los guarda.

¿Quién, pues, no amará con toda la ternura a un Dios viéndole hecho niñito, menesteroso de leche, temblando de frío, pobre, envilecido y abandonado, que llora, que da vagidos en un pesebre sobre paja? Esto hacía exclamar al enamorado san Francisco: Amemos al Niño de Belén, amemos al niño de Belén. Almas, venid a amar a un Dios hecho pobre, pequeñito, que es tan amable y que ha bajado del cielo para darse todo a nosotros.

 

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Oh, amable Jesús, de mí tan despreciado! Vos habéis bajado del cielo a rescatarnos del infierno y daros todo a nosotros. ¿Cómo, pues, hemos podido volveros tantas veces las espaldas, sin hacer caso de vuestros favores?

¡Oh, Dios! ¡Los hombres son tan agradecidos con las criaturas, que, si cualquiera les hace un regalo, si les envía una visita de lejos, si les muestra una señal de afecto, no se olvidan de ella y se sienten obligados a corresponderles y, al mismo tiempo, son tan ingratos con Vos, que sois su Dios tan amable y que por su amor no habéis rehusado dar la sangre y la vida!

Más, ¡Ay de mí! Que he sido para con Vos peor que los demás, porque he sido más amado e ingrato que los otros.

¡Oh! Si las gracias que me habéis dispensado las hubieseis hecho a un hereje o a un idólatra, aquellos se habrían vuelto santos y yo os he ofendido. ¡Oh! No os acordéis, Señor, de las injurias que os he hecho. Vos, ya lo habéis dicho, que cuando el pecador se arrepiente os olvidáis de todos los ultrajes recibidos: Omnium iniquitatum ejus non recordabor. Si por lo pasado no os he amado, para lo sucesivo no quiero hacer otra cosa que amaros. Vos os habéis dado todo a mí y yo os doy toda mi voluntad. Con esta yo os amo, yo os amo y quiero repetirlo siempre. Así, diciendo, quiero vivir y morir, espirando el último aliento con estas dulces palabras en mi boca: Mi Dios, os amo, para comenzar desde el momento que entraré en la eternidad un amor continuo hacia Vos, que durará eternamente, sin cesar jamás de amaros. Entre tanto, Señor mío, mi único bien y amor, propongo anteponer vuestra voluntad a todo placer mío. Venga todo el mundo, yo lo rechazo, que no quiero, no, dejar más de amar a quien tanto me ha amado; no quiero disgustar más a quien merece de mí un amor infinito. Ayudadme Vos, Jesús mío, con vuestra gracia, éste, mi deseo.

Reina mía, María, reconozco deber a vuestra intercesión todas las gracias que he recibido de Dios. No dejes de interceder por mí. Alcanzadme la perseverancia, Vos que sois la Madre de Ella.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

 

Concluyamos nuestra oración implorando la intercesión de la santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca san José:

 

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma para celebrar el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh dulcísima Madre!, concédenos recibir a tu Hijo con tu pureza, humildad y devoción, tu profundo recogimiento y divina ternura para que seamos un día dignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

 

Oración a San José

Oh Santísimo San José, esposo de María y padre putativo de Jesús, infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Por el amor que le tuviste al Divino Niño, te ruego la gracia de abrasarme en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente hasta que lo vea y goce en el cielo. Amén. 

 

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Santos Patriarcas, Profetas y justos que aguardasteis la llegada del Mesías, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártelo con tus familiares y amigos.

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Ave María Purísima, sin pecado concebida.