viernes, 16 de diciembre de 2022

17 de diciembre. NOVENA DE NAVIDAD CON SAN ALFONSO MARÍA. ME HAS DADO UN CUERPO

NOVENA DE NAVIDAD CON SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

 

17 de diciembre

SACRIFICIO Y OFRENDA NO QUISISTE, MÁS ME APROPIASTE CUERPO. Heb 10, 5.

 

ORACIONES PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS:

 

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Dispongámonos a hacer este momento de oración, elevando a Dios nuestro pensamiento y nuestro corazón; y digamos: 

                        

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en nombre de todos los mortales te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. 

Se reza tres veces Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo

 

Gloria al Padre

y al Hijo

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio,

ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

***

17 de diciembre

SACRIFICIO Y OFRENDA NO QUISISTE, MÁS ME APROPIASTE CUERPO. Heb 10, 5.

Considera la grande amargura de que debía sentirse afligido y oprimido el corazón de Jesús en el seno de María en aquel primer instante en que el Padre le propuso la serie de trabajos, desprecios, dolores y agonías que había de padecer en su vida para librar a los hombres de sus miserias.

Ya Jesús había dicho por el profeta Isaías: El Señor me levanta por la mañana y yo no me resisto. Mi cuerpo di a los que me herían (Is. 50, 4); como si dijera: Desde el primer momento de mi concepción, mi Padre hízome entender su voluntad de que yo llevase una vida de penas, para ser al fin sacrificado sobre la cruz.

Y ¡Oh, almas! Todo lo acepté por vuestra salvación y desde entonces entregué mi cuerpo a los azotes, a los clavos y a la muerte. Pondera aquí que cuanto padeció Jesucristo en su Pasión, todo se le puso delante, estando aún en el vientre de su Madre y todo lo aceptó con amor; pero al hacer esta aceptación y al vencer la natural repugnancia de los sentidos ¡Oh, Dios! ¡qué angustias y opresión no padeció el corazón de Jesús! Comprendió bien lo que primeramente había de sufrir, con estar encerrado por nueve meses en aquella cárcel oscura del vientre de María; con las humillaciones y penalidades del nacimiento, siendo el lugar de este, una gruta fría que servía de establo a las bestias; con haber de pasar después treinta años entretenido y envilecido en el taller de un artesano: al ver, por fin, que había de ser tratado por los hombres de ignorante, de esclavo, de seductor y reo de muerte, la más infame y dolorosa que se daba a los malvados.

Todo, pues, lo aceptó el Redentor nuestro en todos los momentos y en todos ellos venía a padecer reunidas en sí mismo todas las penas y abatimientos que después había de sufrir hasta la muerte.

El mismo conocimiento de su dignidad divina le hacía sentir más las injurias que estaba para recibir de los hombres, diciéndonos, por el Profeta: Mi ignominia está todo el día delante de mí.

Continuamente tuvo a la vista vergüenza, especialmente aquella que debía causarle algún día verse despojado, desnudo, azotado y colgado de tres garfios de hierro, terminando así su vida entre vituperios y las maldiciones de aquellos mismos por quienes moría.

Hízose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y ¿Por qué? Por salvarnos a nosotros, miserables pecadores.

 

AFECTOS Y SÚPLICAS

Amado Redentor mío. ¡Cuánto os costó desde que entrasteis en el mundo el levantarme de la ruina que yo me he ocasionado con mis pecados!

Pues Vos, por librarme de la esclavitud del demonio, al que yo mismo, pecando, me he vendido voluntariamente, habéis aceptado ser tratado como el peor de los esclavos.

Y sabiendo yo esto, he tenido valor de amargar tantas veces vuestro amabilísimo corazón que me ha amado tanto. Mas, ya que Vos, siendo inocente y mi Dios, habéis abrazado una vida y una muerte tan penosa, yo acepto, ¡oh, Jesús mío!, por amor vuestro, todas las penas que me vendrán de vuestras manos.

Las acepto y las abrazo, porque me vienen de aquellas manos que han sido un día traspasadas a fin de librarme de las penas del infierno tantas veces merecido.

Vuestro amor, ¡oh, Redentor mío!, en ofreceros a padecer tanto por mí, me obliga sobremanera a aceptar por Vos toda pena, todo desprecio.

Dadme, Señor mío, por vuestros méritos, vuestro santo amor. Este me hará dulces y amables todos los dolores y todas las ignominias.

Yo os amo sobre todas las cosas, os amo con todo el corazón, os amo más que a mí mismo. Vos, en toda vuestra vida disteis tan repetidas y tan grandes señales de vuestro afecto; pero yo, ingrato, he vivido tantos años en el mundo y ¿qué señal de amor os he dado? Haced, pues, ¡oh, mi Dios!, que, en los años que me restan de vida, os de alguna prueba de que os amo.

No me fío de llegarme a Vos, cuando me habréis de juzgar, sin haber hecho antes alguna cosa por amor vuestro. Mas ¿qué puedo hacer yo sin vuestra gracia? Otra cosa no puedo, sino pediros que me socorráis y, aún ésta, mi súplica, es gracia vuestra.

Jesús mío, socorredme por los méritos de vuestras penas y de la sangre que habéis derramado por mí.

María Santísima, recomendadme a vuestro Hijo, por el amor que le tuvisteis. Mirad que yo soy una de aquellas ovejuelas por las que vuestro Hijo ha muerto.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

 

Concluyamos nuestra oración implorando la intercesión de la santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca san José:

 

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma para celebrar el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh dulcísima Madre!, concédenos recibir a tu Hijo con tu pureza, humildad y devoción, tu profundo recogimiento y divina ternura para que seamos un día dignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

 

Oración a San José

Oh Santísimo San José, esposo de María y padre putativo de Jesús, infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Por el amor que le tuviste al Divino Niño, te ruego la gracia de abrasarme en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente hasta que lo vea y goce en el cielo. Amén. 

 

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Santos Patriarcas, Profetas y justos que aguardasteis la llegada del Mesías, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

¡Querido hermano, si te ha gustado esta meditación, compártelo con tus familiares y amigos.

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Ave María Purísima, sin pecado concebida.