Lunes de la IX semana después de Pentecostés.
De la consideración de la vida futura.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la IX semana después de Pentecostés.
De la consideración de la vida futura.
PUNTO PRIMERO. Pon los ojos en las lágrimas de Cristo y oye las palabras que salen de su boca, en que da razón de su llanto: si conocieses tú en este día tuyo en que gozas de tanta paz, lo que está ahora escondido de tus ojos; porque vendrán días sobre ti en que te cerquen tus enemigos y te sitien al rededor y te aprieten de manera que te echen por tierra y no dejen en ti piedra sobre piedra y acaben con todos tus hijos, porque no has conocido el tiempo de su visitación. Atiende y ve meditando punto por punto todas las palabras del Redentor. Lo primero, llora su ceguedad con que no ve los males futuros, ciega con los gustos presentes y ocupada en los intereses y ganancias temporales ¡Oh Señor! y cuánta ocasión tenéis de llorar el día de hoy a tanto número de personas que no se acuerdan de lo porvenir, ocupados en las ganancias presentes, ni levantan los ojos a mirar las calamidades que les amenazan, tomados del vino de los bienes temporales, y como animales inmundos solo se acuerdan de lo que tienen delante, olvidados de lo por venir ¡Oh alma mía! abre los ojos y no te ciegue el oropel que brilla en las tiendas de este siglo. Mira a lo porvenir, prevén con tiempo los pasos en que puedes caer y la calamidad que te amenaza, porque no te llore el Señor, como a ciego miserable, como lloró a Jerusalén.
PUNTO II. Considera qué calamidad fue la que amenazaba a Jerusalén, y cuál es la que te amenaza a ti, porque según san Gregorio, la que amenazaba a Jerusalén fue la destrucción que padeció de allí a cuarenta años por Tito y Vespasiano que la asolaron y destruyeron, matando y cautivando a todos sus amadores; y la que te amenaza a ti es el infierno para siempre. A Jerusalén cercaron los hombres sus enemigos, a ti te cercarán los demonios, enemigos capitales de tu alma; a Jerusalén la batieron por tierra, a ti te batirán en el infierno; allí cautivaron a los moradores llevándolos a otras tierras, a ti te cautivarán los demonios llevándote a los calabozos eternos; aquel cautiverio tuvo fin y aquella destrucción remedio, pero el tuyo, ni tendrá fin, ni podrá tener remedio ¡Oh si conocieses la calamidad que te amenaza por tus pecados y considerases cuán terrible y espantosa es y te previnieses desde luego para no caer en ella! pídele a Dios luz para conocerla, providencia para evitarla y gracia para trocarla por la felicidad del cielo.
PUNTO III. Considera que llama Cristo a este día suyo de Jerusalén. Presto acabará el tuyo y llegará el de Dios: tuyo es el que te concede para obrar con tu libre albedrio en lo que por tu voluntad escogieres; y suyo será aquel en que no te dé lugar de obrar más, te deje andar a tu albedrio y se acabe el tiempo de merecer. Mira qué presto pasa todo, y que corre el tiempo como el agua, y la vida como el rio, y que ni el agua que pasó vuelve a correr, ni el día pasado volverá más: este es el día tuyo, porque Dios te le da para que obres bien y ganes el cielo, y el que viene será el de Dios en que te residenciará y pedirá cuenta de todo por eso mira cómo vives y qué será de ti en aquel día tremendo del Señor.
PUNTO IV. Considera cómo se lamenta Cristo de la paz en que estaba Jerusalén gozando de sus fatuos deleites y entretenimientos, con tanta seguridad y tan sin recelo de lo que le amenazaba, como si no tuviera enemigos ni hubiera dado causa para tan grande castigo. Llora con Cristo la paz que tienen los hombres con sus pecados el día de hoy, que es su mayor calamidad, pues ni les remuerde la conciencia, ni les quita el sueño, ni se recelan de nada, y estando condenados por sus culpas al infierno, no tienen sentimiento ni cuidan de ello; y la razón es porque no lo piensan y ninguna cosa tienen más olvidada que su fin y paradero, de que más se debieran acordar. Pide al Señor que dé al mundo varones que le despierten y que le avisen y prevengan para su fin, y que no seas tú de los que viven engañados y casados con sus pecados y con sus vicios en paz y tranquilidad.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones