Jueves de la V semana después de Pentecostés
De Cristo, ejemplar de nuestra santidad y perfección.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la V semana después de Pentecostés
De Cristo, ejemplar de nuestra santidad y perfección.
PUNTO PRIMERO. Dice Cristo nuestro Señor por san Mateo: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; las cuales palabras miran a todo el discurso de su vida, en la cual nos enseñó el camino de la perfección. Contempla, alma mía, la benignidad inmensa del Salvador, que quiso venir de los cielos, hacerse hombre, ser tu maestro y enseñarte a tanta costa suya el camino de la virtud y la cumbre de la perfección; considera quién es Cristo y quién eres tú, y la importancia de su enseñanza y el oficio que tomó de maestro tuyo, y dale infinitas gracias por ello; pídele con humildad que te admita en su escuela y se digne de tenerte por su discípulo, y propón firmemente de serlo suyo, y aprender de su vida y doctrina la enseñanza de la tuya.
PUNTO II. Considera su vida desde el pesebre a la cruz, que toda fue una lección de santidad y de caminará la perfección; medita el desprecio del mundo, con que vivió peregrino en la tierra y ciudadano del cielo; contempla sus acciones en todas edades, la pureza de su vida sin ruga ni mota de pecado, ni sombra de imperfección; atiende a sus palabras, nota sus señas, cuenta sus pasos, y en todo hallarás ejemplo de humildad, gravedad, modestia, templanza, caridad, paciencia, mansedumbre y observancia de la ley santa de Dios; mírate en este espejo, y pídele a Dios luz para conocer tus faltas, corregir tus yerros, seguir sus pasos, imitar sus virtudes y caminar en su compañía con tu cruz a la perfección.
PUNTO III. Considera la santidad interior del alma de Cristo nuestro Señor y la perfección de su espíritu; mírala intención en todas sus obras, enderezándolas a la mayor gloria de su Eterno Padre y provecho de las almas; mira su entendimiento siempre ocupado en la contemplación de Dios, su voluntad en amarle unida íntimamente con la suya, sin querer o no querer más de lo que Dios quiere o no quiere; su memoria siempre en las cosas de su servicio, sin perderle un punto de vista, repitiendo continuos actos de amor y caridad perfectísima, acompañando lo interior de su espíritu con lo exterior de sus obras, haciéndolas todas con suma perfección: saca de aquí un dechado para la tuya, y ya que por tu flaqueza no puedes llegar a la cumbre que llegó, por lo menos aspira a ella; y pues te exhorta a que aprendas de él, tómale por maestro de tu vida y sigue sus ejemplos en cuanto pudieres; pídele su gracia, que él te la dará, para que le puedas imitar y conseguir su deseo.
PUNTO IV. Considera su paciencia, así la que tuvo en el mundo padeciendo tanto por nosotros, como la que hoy tiene, sufriendo tantas ofensas a los pecadores; y aprende a ser sufrido y manso de corazón con todos, no solo con los que te hacen bien, sino con los que te hacen mal; toma el yugo de su ley sobre tus hombros y hallarás descanso para tu alma, como lo tiene prometido el Señor.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones