24 de julio.
LA SANGRE PRECIOSA Y EL MATRIMONIO
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
24 de julio.
LA SANGRE PRECIOSA Y EL MATRIMONIO
El apóstol Pablo, al hablar de este sacramento, lo llama «grande» en relación con Cristo y la Iglesia, de cuya íntima unión es una imagen viva. Pero, ¿cuándo constituyó Nuestro Señor Jesucristo a la Iglesia su esposa? Jesús es el nuevo Adán, y así como el primer Adán recibió de Dios a su esposa, que la formó de su costado mientras dormía profundamente, así Jesús recibió del Padre Eterno a su Esposa, la Iglesia, formada de su Costado abierto mientras dormía el sueño de la muerte en la cruz.
La unión de Cristo con su Iglesia se hace sacramento a través del matrimonio entre el hombre y la mujer. Jesús bendice la entrega mutua del hombre y de la mujer y la ofrenda de su amor y unión a Dios.
En el sacrificio de la Misa, el Señor derrama su Sangre sobre los esposos para que de ella obtengan la capacidad de amarse mutuamente y de amar a Dios y al prójimo como Él nos ha amado.
Es en la sangre de Cristo donde puede realizarse lo que el Apóstol escribe sobre el amor: “El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.”
Aquello que viven en virginidad, han de unirse cada vez más íntimamente a Jesucristo Esposo. Los que han sido llamados al matrimonio, han de santificar su unión para que sea una imagen viva de la unión de Jesús con la Iglesia, su esposa.
PRÓPOSITO
Renovar los votos matrimoniales o religiosos pidiendo la gracia de ser fieles a ellos o rezar tres padrenuestros por la propia familia.
EJEMPLO
En la iglesia del Monasterio de Santa Ana y San José, en Córdoba, España se venera un crucifijo con el brazo derecho desclavado y bajado. Un día, al pie de esta imagen de Jesús, un pecador confesó sus pecados, pero el confesor dudó en absolverle. Finalmente lo perdonó y añadió: «Pero ten cuidado de no volver a caer». El penitente lo prometió, pero era débil y volvió a caer. Regresó entonces al sacerdote, quien lo reprendió con severidad: «Esta vez no te absuelvo». El penitente respondió: «Fui sincero al prometer no volver a pecar, pero soy débil. Padre, concédame el perdón del Señor». Esta vez también, el confesor lo perdonó, pero dijo: «¡Esta es la última vez!». Tiempo después, el penitente regresó, pero el sacerdote le dijo secamente: «Siempre caes; tu propósito no es sincera». «Es cierto, padre, caigo a menudo, pero es porque soy débil. Estoy enfermo, pero mi arrepentimiento es sincero». «¡No, no hay perdón para ti!». Entonces se oyó un sollozo desde el Crucifijo. Cristo desclavó su mano derecha y, alzándola, trazó la señal de la absolución sobre la cabeza del pecador. Al mismo tiempo, una voz le dijo al sacerdote: «¡Soy yo quien derramó su sangre por esta persona, no tú"!».
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: