Viernes de la VII semana después de Pentecostés.
Del fin para que Dios crio al hombre, que es del principio y fundamento.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes de la VII semana después de Pentecostés.
Del fin para que Dios crio al hombre, que es del principio y fundamento.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Dios te crio para que le conocieses, reverenciases y sirvieses en esta vida y le gozases en la otra: este es el fin y el blanco para que Dios te crio, en el cual debes ponderar lo primero la merced que te hizo en darte el ser que tienes, dejando infinitas criaturas que podía criar más nobles y perfectas que tú, en su nada, que fue una señaladísima merced; ahonda más en este punto y considera lo que eras antes que Dios te criase, y hallarás que no hay cosa tan vana que no fuese más que tú; pues aquella tenía ser y algún valor por pequeño que fuese, y tú ninguno, y por cualquiera precio te comprara caro quien diera algo por ti; pues mira lo que debes a Dios que te sacó de esta nada y te dio el ser racional, y te hizo semejante a sí, y te ordenó desde luego para que le gozases eternamente en su reino: pondera lo segundo, que no te crió para servir a las criaturas, aunque sean reyes o príncipes, ángeles o serafines, sino para servir a su Divina Majestad, que es el sumo emperador de cielos y tierra, de ángeles y hombres, y gozarle eternamente después; mira cómo le has servido hasta aquí y cómo le has de servir en adelante, y pídele su santa gracia para conseguir este fin.
PUNTO II. Considera la alteza de este último fin para que fuiste criado, que es la bienaventuranza y gozar de Dios con los ángeles eternamente en el cielo. Contempla la alteza de esta dignidad, y la felicidad que alcanza el que la alcanza, y la infelicidad del que no la consigue, que excede a todas cuantas desdichas puede haber, ni se puede imaginar; y vuelve luego a ti y considera que es posible perderle, y que muchos le han perdido que han hecho menos pecados que tú ¿Qué te aprovechará ganar todo el mundo si tu alma se condena? ¿Oh qué te importará perderle sino pierdes el cielo? Mira qué le importó a Alejandro hacerse Señor del mundo, ahora que está en el infierno y estará para siempre, y todo cuanto ganó lo gozan otros, millares de años ha. Mira que todo es una farsa y una breve comedia en que cada uno hace su papel, y acabada son iguales; y la felicidad o infelicidad está en hacerle bien o mal, de suerte que gane o pierda el último fin para que Dios le crió: de lo cual debes sacar un grande desprecio del mundo, un grande aprecio del cielo, y una gran codicia de alcanzar tu último fin, que es la bienaventuranza, sin cuidar de otra cosa jamás.
PUNTO III. Considera cómo Dios crio todas las cosas para que te ayudasen a conseguir este último fin de servirle acá y gozarle allá eternamente; no las crio para que gozases de ellas deleitándote con ellas, sino para que te ayudases de ellas para servir a Dios ahora, y gozarle después; de lo cual se saca una grande consecuencia en que conviene estar muy firme, porque es el fundamento de la vida espiritual: esta es una indiferencia de ánimo para tomar de las criaturas las que más te han de ayudar a conseguir este fin sin dejarte llevar más de las unas por hermosas, ricas, deleitables o gustosas, que de las otras por feas, desabridas, dificultosas o trabajosas que sean; y así, cuanto en ti es, has de estar indiferente como el fiel de las balanzas, para la salud o la enfermedad, para la pobreza o la riqueza, para la vida áspera o deleitable, sin inclinarte más a una parte que a otra, deseando y abrazando lo que más condujere al servicio de Dios y a conseguir el fin para que te crio. Esta diferencia, llama san Ignacio nuestro padre, el fundamento de la vida espiritual, y con razón, porque sobre ella carga todo este edificio, y cuando está firme esta diferencia, va firme y bien ordenado lo que sobre ella se fabrica, y cuando se tuerce con la afición desordenada de alguna criatura todo va torcido y desordenado; por lo cual conviene sacar firme resolución en esta indiferencia, y pedir a Dios nuestro Señor que te la dé para su santo servicio.
PUNTO IV. Vuelve los ojos a ti mismo y mira en el estado en que te hayas y si te has inclinado a los bienes de la tierra desordenadamente, perdiendo esta diferencia; y procura dejar los caminos torcidos y volver al derecho para conseguir; mira todo lo criado como una mesa espléndida de varios manjares que te ha puesto Dios para que tomes de ellos los quete importan para tu salud y dejes los quete pueden dañar; y si por la salud del cuerpo no tomas los venenosos ni dañosos, sino solos los que son útiles y provechosos, mucho más debes hacer esto por la salud de tu alma que es eterna y espiritual: míralo todo sin pasión, y qué cosas te pueden ayudar a servir aquí al Señor y gozarle después, y resuélvete en su presencia a usar solamente de estas y dejar todas las demás, y Dios te ayudará con su gracia si te vales de su favor y confías como debes en su bondad.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones