17 de julio
LA SANGRE MÁS PRECIOSA
EN EL CAMINO AL CALVARIO
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
17 de julio
LA SANGRE MÁS PRECIOSA
EN EL CAMINO AL CALVARIO
Hasta este paso, Jesús había derramado su sangre en lugares específicos: el Huerto de Getsemaní, al pie de la columna donde fue flagelado y en el pretorio donde fue coronado de espinas.
Ahora el Señor desea extender la presencia de esa sangre a todas partes, para que todos los hombres puedan disfrutar de los maravillosos beneficios de su ofrenda.
El camino que Jesús recorrió desde la casa de Pilatos hasta el Calvario está bañado de sangre. Sus santos pies descalzos tropiezan y dejan rastros de su preciosa sangre en el suelo: el polvo se empapa de ella y las piedras que pisa quedan manchadas.
Verónica, conmovida ante tal dolor del Redentor, limpia el sudor y la sangre del rostro de Jesús. Jesús cae tres veces y sus heridas se reabren. Al ver a su Madre, Jesús siente una punzada en el corazón y su sangre fluye con mayor abundancia.
Su sangre lo impregna todo: soldados, multitud, calles de Jerusalén, camino al Calvario, la túnica que viste y la cruz que carga.
Pensemos en la generosidad de ese Dios que derrama voluntariamente su sangre para salvar a las almas, ¡incluso por aquellas que se niegan a ser salvadas! Jesús derramó su sangre para la conversión de los pecadores, pero solo disfrutaremos de sus beneficios si correspondemos a su amor con nuestro compromiso. Por eso, al consagrar el vino en la última cena, invitando a todos, Nuestro Señor afirma que no todos se beneficiarán de ella: “Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados."
PROPÓSITO
Reza el Viacrucis considerando el derramamiento de esta Preciosa Sangre o los misterios dolorosos del santo rosario.
EJEMPLO
Desde niña, la Beata Clara de Montefalco tenía una profunda devoción al Crucifijo y un gran deseo de sufrir por amor a Dios, tanto que a los seis años ya se mortificaba con un flagelo. La Pasión de Jesús era el tema sobre el que meditaba con mayor frecuencia y devoción. A menudo, decía: «Cuando has visto a Jesús en la cruz, ¿cómo puedes pensar en otra cosa?». Obtuvo del Señor el poder participar de la amargura de su pasión y que todos los instrumentos de la pasión quedaran impresos de forma sensible en su corazón. Tras su muerte, al examinar su corazón se encontraron grabados y formados por los propios tejidos cardíacos los siguientes símbolos de la Pasión: Un crucifijo, tres clavos, la corona de espinas y un flagelo.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: