domingo, 10 de octubre de 2021

SOBRE LA PASIÓN DOMINANTE. San Alfonso María de Ligorio

 


SERMON XLIX

PARA LA DOMINICA VIGÉSIMA DESPUES DE PENTECOSTES

DE LA PASION DOMINANTE

Incipiet enim mori. Domine descende, priusquam moriatur filius meus.

JOAN 4, 47

 

Las pasiones por sí mismas no son malas ni dañosas.  Cuando la razón y la prudencia las dirigen no causa daño al alma sino provecho. Pero cuando se desordenan ocasionan grandes perjuicios al que se abandona a ellas, porque la pasión cuando se apodera del corazón, oscurece la razón e impide conocer lo que es bueno y lo que es malo. Por eso el Eclesiástico suplicaba a Dios que le librase de una alma obcecada por la pasión:  Animæ irreverenti et infrunilæ ne tradas me. (Eccl . 23 , 6.) Guardémonos, pues, de dejarnos dominar de alguna pasión desenfrenada. En el Evangelio de hoy se cuenta que cierto régulo tenía un hijo que estaba en peligro próximo de muerte y, sabiendo que Jesucristo acababa de llegar de Galilea, fue a verle y le suplicó que fuese a curarle: “Descende priusquam moriatur filius meus.” Lo mismo podremos decir del que comienza a dejarse dominar de alguna pasión; porque también este comienza a morirse o está vecino a la muerte del alma que es mucho más temible que la del cuerpo. Y, por tanto, si quiere vivir debe suplicar al Señor que le libre presto de aquella pasión: “Domine descende priusquam moriatur anima mea”, pues de otro modo se perderá miserablemente. Esto es lo que quiero demostraros hoy en el presente sermón:  a saber, el gran peligro en que está de condenarse el que se deja dominar de alguna pasión maligna. Para proseguir necesito de la gracia. Ayudádmela a implorar de la Madre de Jesucristo que nos la alcanzará de su Hijo santísimo, que es la fuente de ella, para lo cual digámosle con el ángel: Ave María...

 

1.-Escribe Salomon: “Solummodo hoc inveni, quod fecerit Deus hominem rectum, et ipse se infinitis miscuerit quæstionibus. (Eccl  7, 30) Dios crió al hombre recto, esto es, justo y sin pecado; pero él prestando oídos a la serpiente se expuso a las tentaciones y combates y quedó vencido por el demonio, porque revelándose a Dios, las pasiones se rebelaron contra él y estas son aquellas de que habla S. Pablo diciendo que mueven una continua guerra entre la carne y el espíritu. “Caro enim concupiscit adversus spiritum, spiritus autem adversus carnem. (Gal 5, 7) Pero esto, no obstante, bien puede el hombre resistir con la ayuda de la gracia divina y no dejarse dominar de las pasiones; antes puede él dominarlas y sujetarlas como dijo el Señor a Caín: “sed sub te erit appetitus ejus, et tu dominaberis illius.” (Gen 4, 7) Por grandes que sean los ataques de la carne y del demonio para separarnos del camino, trazado por Dios, Jesucristo dijo que el reino de Dios está en nuestra mano: “Ecce enim regnum Dei intra vos est.” (Luc 17, 21) Hay dentro de nosotros un reino constituido por Dios mismo cuya reina es nuestra voluntad que domina nuestros sentidos y nuestras pasiones. Y qué honor más bello y apreciable puede tener un hombre que ser rey y dueño de sus pasiones.

 

2.-En esto consiste propiamente hablando la mortificación interior que tanto nos recomiendan los doctores y maestros espirituales; y en dirigir las pasiones del espíritu consiste especialmente la salud y santificación de nuestra alma. La robustez y salud del cuerpo nace de la templanza y equilibrio de los humores;  y cuando uno de ellos abunda más que los otros, introduce el desorden en la organización y causa la muerte. Del mismo modo, pues, exige la salud del alma que las pasiones estén sometidas a la razón y sean dirigidas por ella. Pero cuando éstas dominan a la razón, esclavizan al alma y al fin la matan.

3.- Muchos ponen todo su cuidado en adquirir y conservar un exterior modesto y respetuoso pero conservan en su corazón afectos y pasiones depravadas que no pueden conciliarse ni con la justicia ni con la caridad ni con la humildad  ni con la castidad. Estos hallarán preparados el castigo con que el Salvador amenazó a los escribas y fariseos los cuales tenían cuidado de tener limpios sus vasos y platos y alimentaban en su alma pensamientos injustos e impuros. Por esto el Señor les dice: Vae vobis scribae et pharisaei hypocritae, quia mundatis quod deforis est calicis et paropsidis; intus autem pleni estis rapina et immunditia! Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas porque limpiais las cosas por de fuera y abrigáis en vuestro corazón deseos de injusticia y de rapiña.  (Matth 23, 25) El real Profeta dice que toda la gloria y belleza de un alma que es hija verdadera de Dios la tiene dentro de sí en su misma voluntad.  “Omnis gloria eius filiae regis ab intus.” (Psal 44, 14) De qué sirve pues abstenerse de manjares como dice S. Jerónimo y tener el alma llena de soberbia. De qué sirve abstenerse del vino y estar embriagado de cólera. Quid prodest tenuari abstinentia, si animus superbia intumescit ? Quid vinum non bicere, et odio inebriari? Los que así lo hacen no se despojan de los vicios, sino que los ocultan con el manto de la devoción. Es preciso pues que el hombre se despoje de todas las pasiones desarregladas, porque de otro modo,  no será el dominador de ellas sino su esclavo y reinará el pecado en él;contra lo que nos previene S Pablo con estas palabras: Non ergo regnet peccatum in vestro mortali corpore ut obediatis concupiscentiis ejus. No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal ni obedezcáis a su concupiscencia. (Rom 6, 12) El hombre es rey de sí mismo dice Sto. Tomás cuando dirige con la razón el cuerpo y sus inclinaciones carnales: “Rex est homo per rationem , quia per eam regil totum corpus et affectus ejus.”(S. Thom. in Joann. 4) Pero cuando sirve a sus vicios, dice S. Jerónimo, que pierde el honor del reino y se hace esclavo del pecado. Perdit honoreni regni, quando anima vitiis servit. (S. Hier. in Thren. 2, 7) Y, en efecto, según escribe S. Juan Evangelista: “El que comete pecado es siervo del pecado.” Qui facit peccatum servus est peccati.  (Joan. 8, 34)

4.- Santiago nos amonesta que debemos servirnos del cuerpo y de sus apetitos como nos servimos de los caballos a los cuales les ponemos el freno en la boca y así los conducimos fácilmente donde queremos. Equis fræna in ora millimus ad consentiendum nobis , et omne corpus illorum circumferimus. (Jac. 3, 3) Cuando sintamos pues dentro de nosotros alguna pasión que nos mueva a satisfacerla, debemos enfrenarla con el freno de la razón porque si queremos hacer lo que ella exige nos haremos semejantes a las bestias que no van a donde las guía la razón sino a donde las induce su brutal apetito. Por esto, dice David: Homo, cum in honore esset, comparatus est jumentis insipientibus et similis factus est illis. El hombre, cuando se ve honrado, es como los jumentos faltos de razon, (Psal. 48, 13) Y aun es peor, como dice S. Juan Crisóstomo, ser semejante a los jumentos que haber nacido jumento. Pejus est comparari , quam nasci jumentum; nam naturaliter non habere rationem tolerabile est . Porque, carecer de razón por naturaleza no es cosa deshonrosa, como dice Santo, pero el haber nacido hombre dotado de razón y vivir después como bestia siguiendo los apetitos de la carne sin hacer caso de la razón es cosa que no se puede sufrir porque es obrar peor que obran las bestias. ¿Qué diríais vosotros si vieseis a un hombre que por gusto habitase en los establos con los caballos, comiese paja y cebada y durmiese como ellos duermen? Pues todavía obran peor aquellos que se dejan llevar del ímpetu de las pasiones. 

(Continuará...)