lunes, 25 de mayo de 2026

De los símbolos en que vino el Espíritu Santo.

 


Martes de la octava de Pentecostés.

De los símbolos en que vino el Espíritu Santo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la octava de Pentecostés.

De los símbolos en que vino el Espíritu Santo.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo el Espíritu Santo bajó en aire vehemente; porque como dice san Drogón, el aire es la respiración del hombre, sin el cual no puede vivir, y en faltándole muere; de la misma manera el Espíritu Santo es la respiración del alma, y en faltándole muere a su gracia. Pondera que te va la vida en conservar el Espíritu Santo, sin el cual queda muerta tu alma; ruégale, sírvele y oblígale cuanto en ti fuere, para que no te deje ni desampare, pues que es la vida de tu espíritu y el ser de gracia, y resuélvete en su presencia a perder todo lo criado antes que perderle. Los hombres del mundo anteponen la vida del cuerpo a todo lo que adoran, y se debe estimar infinito más la del alma, que como dice san Basilio, tiene su raíz en el Espíritu Santo.

 

PUNTO II. Considera lo que dice san Lucas, que vino en aire vehemente que llenó toda la casa; porque como dice san Ambrosio, no permite el Espíritu Santo tardanzas, ni tibiezas, ni flojedades en su santo servicio, sino es fervorosísimo, activo y presto en sus resoluciones y ejecuciones ¡Oh si tuviese una centella de este Divino Espíritu, que fervorizase tu alma y desterrase la tibieza de tu espíritu! Pídele al Señor que te la dé para empezar luego y sin dilación a servirle. Llenó toda la casa, porque llena todas las potencias del alma en quien hace asiento; el entendimiento, ilustrándole con su ciencia; la memoria, actuándola con su presencia; la voluntad, encendiéndola con su divino fuego; la imaginación imprimiéndole las imágenes de las cosas divinas, y todos los sentidos moviéndolos a lo celestial, espiritualizándolos para despreciar lo terreno ¡Oh Espíritu Santísimo! que todo lo llenas, no dejes mi pobre casa vacía, ven, ven y consuela a tu siervo, y no dejes rincón en mi pobre morada que no sea todo tuyo.

 

PUNTO III. Considera que vino en forma de lenguas, para significar que vino a dar sabiduría a los hombres, y a declararles los misterios más secretos y altos del cielo, y para que ellos también los predicasen y los declarasen a los hombres; y así al Espíritu Santo se debe la ciencia de los doctores y la sabiduría de la Iglesia, y la noticia de las verdades católicas, y el acierto de los pontífices en sus determinaciones, y de los concilios y prelados. Dale gracias por ello, y pídele que te enseñe y alumbre, y te dé una de sus lenguas, para que sepas alabarle y bendecirle, y aprovechar a tus prójimos encaminándolos al cielo.

 

PUNTO IV. Vino en forma de fuego, porque el fuego alumbra, enciende, purifica, sube a lo alto y une las cosas desunidas; así el Espíritu Santo alumbra los entendimientos con las verdades del cielo, enciende las voluntades en el amor divino, purifica los corazones de la escoria de los vicios, levanta los deseos al cielo y une las voluntades desunidas ¡Oh fuego sagrado! ven y apodérate de mi alma, para que sea esclarecida y alumbrada para caminar al puerto de la bienaventuranza, y se encienda en el amor fino de mi Dios, y quede pura de toda escoria de vicios, y despreciando lo terreno aspire siempre a lo celestial y divino, y quede unida íntimamente con mi Criador y enlazada con vínculo de perfecta caridad con mis prójimos por siempre jamás. Amen.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.