martes, 5 de mayo de 2026

De la paz interior del alma.

 


Miércoles de la IV semana de Pascua.

De la paz interior del alma.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la IV semana de Pascua.

De la paz interior del alma.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo apareciendo Cristo a sus discípulos, los saludó con aquellas dulces palabras: Pax vobis, la paz sea con vosotros; porque la paz es uno de los dones del Espíritu Santo y merced singular de Dios, que la da á quien es servido, y la dio a sus discípulos el día de la resurrección. Pídele a su Majestad, pues es don suyo, que te le conceda, y te haga esta merced por la alegría y gozo de su resurrección.

 

PUNTO II. Considera la tranquilidad y el consuelo que tiene el alma que goza de esta paz, que es un retrato del cielo, a donde todos gozan de suma paz, sin sentir en sus almas contradicción, ni guerra, ni pesar, sino suma quietud, gozo y alegría en el Espíritu Santo; y por el contrario, la fatiga y tristeza y sin sabores que padecen los que carecen de la paz interior, estando siempre sobre saltados, tristes y temerosos, sin consuelo ni alegría y como un retrato del infierno, y aunque naden en deleites y gustos exteriores, no les entran de los dientes adentro, porque les carcome el corazón la guerra interior de sus almas, con que se consumen de tristeza. Pondera la diferencia que va del uno al otro; aquel en suma pobreza goza de suma paz, y este en suma opulencia padece miserable guerra. Enciende tu alma en vivos deseos de alcanzar esta paz y escusar esta guerra; y propón firmemente de no dejar piedra por mover para alcanzarla.

 

PUNTO III. Considera en qué consiste esta paz interior; conviene a saber, en tenerla con Dios con tan segura conciencia, que no te reprenda tu corazón de alguna culpa o cosa hecha contra su divina voluntad, y la guerra interior nace de la mala conciencia y de la enemistad que los malos tienen con Dios: por lo cual dice Isaias, que no tienen paz los malos. Saca de aquí propósitos firmes de no manchar tu conciencia, ni caer en pecado por todas las cosas del mundo, antes perderlas todas, que perder la paz de Dios y la de tu alma.

 

PUNTO IV. Considera los medios con que se conserva esta paz, que son tener a Dios por gracia, como está dicho, y desasir el corazón de todo lo terreno y colocarle en lo celestial, porque todo lo de acá es mudable y no permanece en un ser, y el que estriba en ello se muda a cada viento y pierde su paz; por esto el corazón del malo es como el mar, que a cada viento se altera y cada día mengua y crece: así son los pecadores, que se mudan con cada viento de las mudanzas del mundo, y nunca permanecen en un estado, pero los buenos son como el sol, que siempre es el mismo, sin padecer menguantes, ni mudanzas; no pongas tu corazón en los hombres, ni en los bienes caducos de este siglo, sino en solo Dios que no se muda; y gozarás de eterna paz.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.