Solemnidad de Pentecostés.
De la venida del Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Solemnidad de Pentecostés.
De la venida del Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. Lo primero que medita san Buenaventura en este soberano don, es a Cristo nuestro Señor en el cielo obligado ya del amor, ya de los clamores y plegarias de sus discípulos, y en especial de su Santísima Madre, orando y pidiendo al Eterno Padre que les enviase el Espíritu Santo, y al mismo Espíritu Santo que bajase sobre ellos; por cuyos ruegos bajó y los consoló y confortó con su virtud. Medita en lo mismo y gózate de tener tal intercesor en los cielos, y pídele afectuosamente que ruegue por ti y te alcance el Espíritu Santo que alcanzó a sus discípulos.
PUNTO II. Considera lo que dice san Lucas, que se oyó de repente uno como trueno de espíritu vehemente: que venía dice de repente, no porque los cogiese descuidados o no le esperasen, sino para significar que no le alcanzaron por sus fuerzas o industria, sino por la mera voluntad y gracia de Dios, y vino del cielo porque todo buen don nos viene de Dios: de lo cual has de sacar dos cosas; la primera, que todo lo bueno le viene de la mano de Dios, y la segunda que no es por tus merecimientos, sino por su divina gracia y liberalidad: no te envanezcas si alcanzares algún don, antes humíllate más en el acatamiento de Dios, dándole gracias por él y reconociéndole como merced de su mano, y á ti por indigno de recibirle.
PUNTO III. Considera cómo bajó el Espíritu Santo sobre aquella santa familia del Señor, y como dice san Lucas, los llenó a todos y a toda la casa de su espíritu y santidad; tal es su liberalidad y la abundancia y largueza con que hace merced a los suyos, que a todos los llena de su gracia dando a cada uno según su capacidad; alábale y agradécele por esta liberalísima plenitud con que hace merced a los suyos, y pídele que la ostente contigo y que no sea escaso con tu alma, pues es con todos liberal, y que te comunique sus dones como los comunicó hoy liberalísimamente a sus discípulos.
PUNTO IV. Considera los efectos que hizo el Espíritu Santo en aquella santa compañía; contempla el gozo inefable de que bañó sus almas, la luz que dio a sus entendimientos para conocer los misterios divinos; el fuego de divino amor que encendió en sus corazones; el esfuerzo y resolución que dio a sus espíritus para predicar a Cristo al mundo y dar mil vidas que tuvieran por él; cómo desterró las tinieblas de la incredulidad de sus almas, el temor que tenían a los judíos, y salieron a predicarles, despreciando las honras y las vidas y todo cuanto el mundo adora; clama al cielo y al Espíritu Santo diciendo: Ven, divino Espíritu, y llena nuestros corazones del fuego de tu amor, fortalécelos con tu gracia y anímalos con tu fervor para que amemos, sirvamos, ensalcemos y glorifiquemos en cuanto pudiéremos a nuestro Señor Jesucristo; destierra nuestras tinieblas, abrasa nuestros corazones, esfuerza nuestros ánimos, acrisola nuestras almas, purifica nuestras conciencias, y da fuerzas a nuestra flaqueza para que muramos por su amor.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.