Domingo después de la Ascensión.
El Espíritu de la Verdad
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Domingo después de la Ascensión.
El Espíritu de la Verdad. (Joan. 15.)
Dice Cristo a sus discípulos en el Evangelio, que cuando venga el Espíritu Santo que les enviará de su Padre, dará testimonio de él, y ellos también le darán a costa de muchos trabajos y persecuciones que padecerán por su amor, para las cuales los previene, porque no los cojan descuidados, y se acuerden que se las profetizó primero.
PUNTO PRIMERO. Considera la seguridad con que habla Cristo de la venida del Espíritu Santo que les había prometido, sabiendo que vendría muy presto, y que daría testimonio de él; porque sepas que no es la palabra de Dios falsa y engañosa como las de los hombres, sino que sus promesas son infalibles y ciertas, y que todas se cumplirán puntualmente; de lo cual has de sacar una fe grande en sus palabras y una confianza firmísima en sus promesas, sabiendo que todas se han de cumplir puntualísimamente; y si se tardare, no desconfíes, sino alienta tu esperanza, que sin duda. Vendrá y cumplirá su palabra, y dará colmo a tus deseos.
PUNTO II. Considera que no dice que les ha de enviar al Espíritu Santo absolutamente , sino que se les enviará del Padre, por no atribuir a sí solo la gloria de esta acción sino antes atribuirla a su Eterno Padre, para que le diesen a él las gracias reconociendo este beneficio por mano de ambos: mete la mano en tu pecho y mira cuán al contrario obras tú atribuyéndote a ti, no solamente las obras que salen de tus manos, sino muchas veces las ajenas, y haciendo que te den a ti la gloria de ellas; y considera cómo es verdad que de tu cosecha no tienes virtud ni fuerzas para hacer una obra buena, más todas proceden de la gracia de Dios; y pues así es, humíllate en su presencia, aprende de la humildad de Cristo y no te atribuyas a ti cosa buena, sino a la gracia del Señor, a quien sea la gloria y la honra de todo.
PUNTO III. Dice Cristo que el Espíritu Santo dará testimonio de él, y que los Apóstoles le darán también; porque sepas, como dice san Agustin, que es uno el testimonio de los Apóstoles y del Espíritu Santo, sin que haya diferencia; por que el Espíritu Santo habla por su boca. ¡Oh Señor, si me persuadiese de esta verdad que las palabras que me dicen vuestros ministros que han sucedido a los Apóstoles, son palabras del Espíritu Santo; que él me exhorta, amonesta , aconseja y reprende por su boca, y las oyese y recibiese como tales! Dadme esta gracia de que oiga a todos los superiores, predicadores y confesores mayores como a ministros vuestros y lenguas del Espíritu Santo, y obre y ejecute como mandatos suyos lo que me dicen y mandan.
PUNTO IV. Considera el modo cómo les dice que han de dar testimonio de él, no solo con la palabra, sino mucho más con la obra, padeciendo muchos y grandes trabajos por su amor con invencible paciencia; esta es la piedra de toque en que se descubre el verdadero y fiel amigo del Señor, y por la cual conocen los hombres la virtud del crucificado, que resplandece en los suyos por su gracia; por esto los expone a los golpes del eslabón, para que ostenten la fineza del fuego de caridad que está encerrado en sus pechos, y conozcan todos por su paciencia y constancia la de su maestro y capitán y crean en él y se hagan discípulos de su escuela: mete la mano en tu pecho y reconoce si tu vida da testimonio de Cristo, y si podrán conocer por ella su santidad y creer los infieles en él; y mira que te ha enviado para que des testimonio de él y prediques con tus obras su paciencia y humildad, su constancia y caridad y el resto de todas sus virtudes; mira si edificas o escandalizas el mundo con ellas, y acuérdate de la cuenta que te ha de pedir del testimonio que das ¡Oh Señor, y qué ciego y errado he vivido hasta aquí! reconozco que voy engañado y que no cumplo con mi obligación; yo os suplico que me perdonéis lo pasado y que me deis una centella del fuego de vuestro espíritu, para que viva en adelante de tal suerte que dé al mundo testimonio de vos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.