Tercer día
EL ESPÍRITU SANTO NUESTRO CONSOLADOR
NOVENA
AL
ESPÍRITU SANTO
compuesta por Santa Elena Guerra, religiosa italiana fundadora de la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo
ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS
Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN ANTES DE LA MEDITACIÓN
Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado creador, no solamente porque estás en relación con nosotros, creaturas; sino también, porque moviendo en nuestras almas, santos pensamientos y afectos, creas en nosotros aquella santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud, y en cuanto a nosotros, te honraremos con este devoto ejercicio. Dígnate visitar con tu divina luz nuestra mente, y con tu suprema gracia nuestro corazón, para que nuestras oraciones suban agradables a ti, y del cielo, descienda sobre nosotros la abundancia de tus divinas misericordias. Amén.
Se lee la consideración diaria.
Tercer día
MEDITACIÓN
EL ESPÍRITU SANTO NUESTRO CONSOLADOR
Después del pecado original la miserable descendencia de Adán sufre por el dolor, consecuencia no sólo del primer pecado, sino también de las obras cometidas por nosotros mismos. Ahora bien, el Espíritu Santo, que es Amor, no dejará sufrir a sus amados sin derramar sobre ellos muchas consolaciones. Y es porque él nos consuela, que la Iglesia lo llama "Consolador Perfecto", y tiene para él los más dulces nombres: "Padre de los Pobres", "Reposo en el Cansancio", "Dulce Respiro", "Alivio en el Llanto". Él no quita de nuestras manos aquel cáliz de amargura que debemos beber a semejanza del Salvador; sin embargo, el Espíritu Santo sabe mezclar su dulzura con nuestras amarguras en los dolores que nos vienen de parte de las creaturas; él nos da el consuelo de su gracia en las desgracias, nos da un dulce y tranquilo impulso para estar conformes. En cada sufrimiento el Espíritu Santo nos da un rayo de su luz, que nos hace entender que por detrás de aquel mal, existe un bien, una voz de verdad, que nos recuerda las eternas recompensas por las que sufrimos; gracias a esa voz de verdad el alma atribulada, que a él se entrega, es consolada por el Perfecto Consolador. Si tenemos un Perfecto Consolador, ¿por qué el mundo está repleto de afligidos?, ¿por qué en toda parte se derraman lágrimas?, ¿por qué se escuchan gemidos de dolor?, ¿por qué se llega al suicidio?; desafortunadamente, debemos afirmar que estos no conocen al Espíritu Santo, que es el verdadero Consolador de la humanidad, por esta razón el sufrimiento de ellos no tiene consuelo. Pero, ¿por qué eso acontece también entre los cristianos?, la razón es clara: también entre los cristianos, poco se conoce, y menos aún, se honra y se ora al Espíritu Consolador. No obstante, si vemos almas que en el sufrimiento se mantienen tranquilamente confortadas, podemos regocijarnos porque ellas están con el Espíritu Santo, y si vemos algunas que en medio de las tribulaciones pueden repetir como San Pablo que sobreabundan de alegría, podemos asegurar que ellas están colmadas de Espíritu Santo y llenas de verdadera consolación.
MOMENTO PARA LA MEDITACIÓN PERSONAL
¡Oh alma mía débil y mezquina!, el Espíritu Santo no te ha colmado de todos los divinos consuelos, porque tú lo conoces poco, lo honras poco, además, fría y rara vez lo invocas. Cuando la tristeza, el abatimiento, Pero, sé que una sincera lágrima de arrepentimiento servirá para llamarte; sé que eres más amoroso que una dulce madre; eres siempre pronto a perdonar; por eso, con confianza te digo: iven oh Espíritu Santo!, ¡ven a esta alma que no quiere entristecerte más!, ¡ni ofenderte jamás!
ORACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh prometido y suspirado Consolador!, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente; sé propicio a nuestras súplicas, descienda otra vez tu Divino Fuego en los corazones de los hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la tierra; llama nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana, a todos los que viven separados de ellas.
Oh Espíritu Santo, que eres el Amor ¡piedad de tanta mediocridad y de tantas almas que se pierden!; haz que rápidamente acontezca aquello que David profetizaba diciendo: "Envía tu Espíritu". Haznos nuevas creaturas, y así renovarás la faz de la tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: ¡Envía tu Espíritu, Señor, y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra!
Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre.
Himno al Espíritu Santo
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Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste. Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras. Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo. Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal. Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos. Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
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Veni, Creátor Spíritus, mentes tuórum vísita, imple supérna grátia, quæ tu creásti péctora. Qui díceris Paráclitus, altíssimi donum Dei, fons vivus, ignis, cáritas, et spiritális únctio. Tu septifórmis múnere, dígitus patérnæ déxteræ, tu rite promíssum Patris, sermóne ditans gúttura. Accénde lumen sénsibus, infúnde amórem córdibus, infírma nostri córporis virtúte firmans pérpeti. Hostem repéllas lóngius pacémque dones prótinus; ductóre sic te prævio vitémus omne nóxium. Per te sciámus da Patrem noscámus atque Fílium, teque utriúsque Spíritum credámus omni témpore. Deo Patri sit glória, et Fílio, qui a mórtuis surréxit, ac Paráclito, in sæculórum sǽcula. Amen.
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V/. Envía tu Espíritu y serán creados. R/. Y renovarás la faz de la tierra. Oración Oh Dios, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. |
V/. Emitte Spíritum tuum, et creabúntur. R/. Et renovábis faciem terræ. Orémus Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de eius semper consolatióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen. |