martes, 12 de mayo de 2026

Padre, glorifica a tu Hijo

 


Vigilia de la Ascensión.

Padre, glorifica a tu Hijo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Vigilia de la Ascensión.

Padre, glorifica a tu Hijo (Joan. 13.)

 

El Evangelio refiere cómo estando Cristo la noche de su pasión de partida para su Padre levantó los ojos al cielo en presenciade sus discípulos, y le pidió que pues se había llegado la hora, clarificase a su Hijo, para que su Hijo le clarificase a él, pues había perfeccionado la obra que le había en comendado.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice san Agustín, Cristo pudo orar en esta ocasión con el alma interiormente a su Padre, y no quiso sino orar exteriormente también, levantando los ojos y la voz al cielo, para enseñar a sus discípulos, y en ellos a todos los hombres, a orar y pedir a Dios con el alma y con el cuerpo y pedirle mercedes, reconociendo que todo lo bueno nos viene de su mano; de lo cual has de sacar grande recurso a Dios en todas las cosas, orando y pidiendo a su Divina Majestad, de quien todo bien procede, a ejemplo de Cristo nuestro Señor, orando no solamente con el alma, sino también con el cuerpo, con suma reverencia y devoción. Medita las palabras con que empieza Cristo su oración: Padre, ya se ha llegado la hora. Pondera que no hay hora que no se llegue, ni plazo que no se cumpla: vino Cristo al mundo, corrió su carrera y llegó presto al fin; también se llegará tu hora y el fin de tu vida, y el remate de tus trabajos, y el tiempo de alcanzar el premio de ellos, y llegará más presto de lo que piensas; mira y atiende qué sentirás entonces, cómo has gastado tus días, y cómo los quisieras haber gastado en aquella hora; Cristo los gastó en glorificar a su Padre, y tú por ventura los has gastado en ofenderle: llora tus pecados y pídele a Dios gracia para emplearte todo en su servicio y allegar riquezas inmortales, para tener alguna seguridad en aquel trance.

 

PUNTO III. Considera que Cristo no pide la gloria tanto por sí, cuanto por glorificar a su Padre; en que nos enseña a buscar en todas las cosas aunque sea la bienaventuranza, la gloria de Dios y su honra, y no la nuestra; aspira con el ejemplo del Salvador a esta perfección; endereza todas tus acciones a la gloria y honra de Dios, pidiendo y rogando que sea alabado en todas.

 

PUNTO IV. Considera el título que Cristo alega a su Padre para que le dé la gloria; conviene a saber, que ha consumado la obra que le encargó, que fue glorificarle en la tierra, manifestando su nombre al mundo y trayendo a los hombres a su conocimiento y servicio; de lo cual debes sacar lo primero, que si quisieres conseguir la bienaventuranza, debes llevar hasta el cabo la obra que Dios te ha encomendado; no te canses, ni descaezcas en el camino, porque a los que perseveran está prometida la corona; sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo. Lo segundo, que Dios glorifica en el cielo a los que le honran en la tierra. Y lo tercero, que Dios es glorificado y honrado en la conversión de los pecadores; por lo cual debes animarte a aprovechar a tus hermanos y atraerlos al conocimiento de Dios, glorificándole en ellos; si quieres que su Divina Majestad te glorifique en el cielo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.