Martes después del domingo la Ascensión.
De cómo arma Dios a los suyos para los trabajos
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes después del domingo la Ascensión.
De cómo arma Dios a los suyos para los trabajos.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo avisa con tanto tiempo a sus discípulos de las persecuciones que han de padecer por él, para que se preparen con oración, meditación, ayunos y penitencias, y no los cojan, desarmados y se escandalicen cayendo en impaciencias y pecados. Toma esta lección y ten por dichas a ti las palabras del Salvador, pues eres discípulo suyo, y prevente para la tribulación desde luego con la meditación de lo que padeció por ti, y de la paciencia que tuvo en todas persecuciones y trabajos: ármate con esta meditación, como lo aconseja san Pedro, para que no caigas en la tentación.
PUNTO II. Considera que, como dice san Gregorio, los avisa Cristo antes que vengan los trabajos, porque causan menos sentimiento previstos y esperados. Si el tiro de la saeta nos coge desprevenidos y sin verla, mal la podremos rechazar; pero si la vemos venir y sabíamos que nos la habían de tirar, la podremos resistir; piensa despacio delante de Dios cuántas flechas te amenazan ya en esta vida, ya en la otra, ya en el cuerpo, ya en el alma, ya de los hombres, ya de los demonios; y carga el peso de la consideración en lo futuro de la otra vida y en las acusaciones que has de padecer en el tribunal de Cristo y en los tormentos eternos y el riesgo de caer en ellos; acuérdate que de todo te ha avisado el Salvador y prevente para lo porvenir. Mira cómo te has de armar y defender de tantos enemigos como te cercan, y que los menos y más flacos son los del cuerpo, los más y más terribles los del alma, y póstrate delante de Dios pidiéndole favor y gracia para prevenirte desde luego, como te lo aconseja en su Evangelio, pues no sabes la hora en que vendrá.
PUNTO III. Considera y medita aquellas palabras de Cristo: vendrá la hora en que todos los que os mataren, piensen que hacen servicio a Dios. Pondera que a todas sus tribulaciones con ser tantas, Ilama una hora por la brevedad, porque todo pasa brevemente, y por una hora de padecer aquí les dará una eternidad de gozar allá en la bienaventuranza ¡Oh dichosa hora y bien empleada, en que los siervos del Señor tienen tan grande ganancia! Levanta los ojos al cielo, y contempla la gloria de los mártires y santos; y mira los premios de que gozan y gozarán eternamente por una hora que padecieron en esta vida, y esfuérzate con su ejemplo a padecer por Cristo, para gozar con él eternamente en el cielo.
PUNTO IV. Considera la ignorancia, como dice el Redentor, de los hombres, que tienen lo malo por bueno y las ofensas de Dios por vicios suyos, y le persiguen pensando que le sirven, porque están ciegos y no conocen al Señor, ni a su Hijo Jesucristo. Tiende los ojos por el mundo, y mira cuantos son los ciegos que hay en él, y cuán pocos los que en verdad le conocen; llora su ceguedad, y pide a Dios les dé luz para que le conozcan y salgan de las tinieblas en que viven, y no per sigan a los que le sirven, sino que los ayuden y favorezcan, para que en todos sea glorificado Dios
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.