II domingo de Pascua.
Del buen Pastor
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
II domingo de Pascua.
Del buen Pastor. (Joann. 10.)
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo, Hijo de Dios vivo, Unigénito del Eterno Padre, bajó del cielo a ser Pastor de las almas y de la tuya propia, y pudiendo cometer este ministerio a un ángel, o a otra criatura racional, no quiso sino tomarla a su cargo, y tener cuenta contigo y cuidar de tu bien, y apacentarte por su propia persona. Pondera quién es Dios y quién eres tú, y lo que debes a tan grande Señor: dale mil gracias por este beneficio, y disponte cuanto pudieres para servirle eternamente.
PUNTO II. Considera que el oficio del buen Pastor es apacentar sus ovejas, y Cristo le cumplió tan abundantemente, que les dio en pasto su propio cuerpo, y por bebida su propia sangre: otros pastores se sustentan de la carne y sangre de sus ovejas, y Cristo sustenta las suyas con la propia suya. Gózate de tener tal Pastor, y dale infinitas gracias por tan incomparable merced, y aprende juntamente a cuidar de las tuyas y a sustentarlas a costa de tu sudor, y si fuere necesario de tu sangre, sin pedirles la suya, a ejemplo de Cristo.
PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que es bueno y verdadero pastor, que defiende sus ovejas del lobo hasta poner su vida por ellas; y el jornalero, que no las tiene por suyas, huye y las deja sin defenderlas, y perecen a manos de sus enemigos: Cristo es el verdadero Pastor que dio la vida por sus ovejas, y las defiende siempre de los lobos carniceros; en que tienes grande motivo de agradecer a Dios tan señalado beneficio; menos importará que tú perdieras la vida a manos de tus enemigos, que no el Señor dé la vida a manos de los suyos, y fue tan crecido su amor, que la dio en la cruz por ti ¡Oh Señor! ¿con qué os agradeceré tan insigne merced? ¡Oh quién diera la vida por vos, como vos la disteis por mí! Aprende a no ser mercenario, ni servir a Dios y a tus prójimos por solo el interés, sino por la gloria de Dios y el bien de sus almas, por las cuales has de poner tu vida, si fuere necesario, a ejemplo de Cristo nuestro Señor que la puso por ti.
PUNTO IV. Considera que así como Cristo es el buen Pastor, así por el contrario el mal pastor es el demonio, que en todo procura la emulación del Salvador. Atiende cómo cuida y apacienta cada uno de estos pastores sus ovejas, y la diferencia tan grande que hay del bueno al malo y de las ovejas del uno a las del otro, y mira a cuál de los dos rebaños quieres pertenecer; carga el peso de la consideración en el tratamiento que hace Cristo a los suyos, dándoles hasta su propia sangre y llevándolos sobre sus hombros, y el premio que últimamente les da; y el que hace Satanás al rebaño de sus seguidores, teniéndolos por esclavos y tratándolos con suma tiranía, y últimamente despeñándolos en un punto en el abismo del infierno, a donde los apacienta, como dice David, con muerte eterna; ruega al Señor que te reciba en su rebaño, y que no te deje de su mano, ni te permita caer en la tiranía de Satanás; resolviéndote firmísimamente a ser una de sus ovejas, y ofreciéndote a servirle eternamente.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.