lunes, 13 de abril de 2026

De la aparición de Cristo a las mujeres que vinieron al sepulcro


 

Martes de la I semana de Pascua.

De la aparición de Cristo a las mujeres que vinieron al sepulcro

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la I semana de Pascua.

De la aparición de Cristo a las mujeres que vinieron al sepulcro. (Marc. 16.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera la fervorosa oración de las santas mujeres que siguieron a Cristo, y le sirvieron el tiempo de su predicación y en el de su pasión hasta el Calvario, cuando los discípulos le desampararon, excepto san Juan que se halló al pie de la cruz, y asistieron a la Santísima Virgen en su soledad todo el sábado, y el día siguiente emplearon su pobre caudal en aromas preciosos para ungir el cuerpo del Salvador, y no obstante el temor que les podían causar las guardas que estaban en el sepulcro, salieron muy de mañana para él, y fueron con aliento y confianza a ungir el cuerpo del Salvador. Contempla la constancia de estas santas mujeres, y la grandeza de virtudes que ostentaron en todas estas acciones de fe y con fianza de amor finísimo y caridad para con Dios, de fortaleza y perseverancia, sirviéndole en vida y en muerte, y el fervor y diligencia en buscarle, y la liberalidad en servirle con su propio caudal; y aprende de tan alta lección como te dan de servir a tu Redentor, y pídele gracia para imitarlas en todo.

 

PUNTO II. Considera cómo llegaron al sepulcro, y Dios les facilitó todas las dificultades que tenían, porque les abrió la puerta por ministerio de ángeles, y atemorizó las guardas de manera que los hallaron como muertos, y en lugar de los soldados hallaron ángeles que las recibieron con alegría y las consolaron, dándoles las nuevas alegrísimas de la resurrección del Señor; y saca de aquí afectos de grande confianza en la providencia divina, que te facilitará todas las dificultades que pudieres tener en su servicio; y esfuérzate, aun que seas más flaco que estas mujeres, y hallarás al Señor propicio a tu lado, y sus ángeles que te consuelen, como a estas santas mujeres consolaron.

 

PUNTO III. Considera lo que dice el Evangelista , que estaban los ángeles vestidos de blanco y sentados sobre la piedra del sepulcro, y dijeron a las mujeres que entrasen y viesen el lugar a donde había sido sepultado el Señor; y con efecto las entraron en él y lo vieron, certificándose de su resurrección. El sepulcro, como dice san Agustin, fue una representación del paraíso, el cual estaba cerrado y guardado por los ángeles a fuego y a sangre hasta que vino Cristo. Pondera cómo por la virtud del Crucificado se abrió aquella puerta cerrada, y se franqueó los hombres el paraíso de la bienaventuranza, y cómo los ángeles que les impedían la entrada, ahora los convidan y llevan a entrar en él, y les comunican su gloria, como a estas santas mujeres. Anímate con su ejemplo a buscar a Dios con diligencia, y córrete de que flacas mujeres te lleven la ventaja en el servicio del Señor, y resuélvete de veras a buscarle con diligencia, si quieres merecer la gloria de su resurrección.

 

PUNTO IV. Considera cómo volviéndose al Cenáculo estas santas mujeres a dar cuenta a los apóstoles de lo que habían visto, les apareció Cristo en el camino y las consoló, comunicándoles la gloria de su resurrección, pagándoles con este premio su fervor y diligencia y el amor que le tenían. Contempla el gozo de sus almas, viendo vivo y glorioso al que habían buscado muerto, у saca grandes deseos de servir a tal Señor, que premia con galardón tan colmado los servicios que le hacen. Dale gracias por todo, y pídele su auxilio para amarle y servirle con todas las fuerzas de tu alma como estas santas mujeres.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.