Martes de la I semana de Pascua.
De la aparición de Cristo a las mujeres que vinieron al sepulcro
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la I semana de Pascua.
De la aparición de Cristo a las mujeres que vinieron al sepulcro. (Marc. 16.)
PUNTO PRIMERO. Considera la fervorosa oración de las santas mujeres que siguieron a Cristo, y le sirvieron el tiempo de su predicación y en el de su pasión hasta el Calvario, cuando los discípulos le desampararon, excepto san Juan que se halló al pie de la cruz, y asistieron a la Santísima Virgen en su soledad todo el sábado, y el día siguiente emplearon su pobre caudal en aromas preciosos para ungir el cuerpo del Salvador, y no obstante el temor que les podían causar las guardas que estaban en el sepulcro, salieron muy de mañana para él, y fueron con aliento y confianza a ungir el cuerpo del Salvador. Contempla la constancia de estas santas mujeres, y la grandeza de virtudes que ostentaron en todas estas acciones de fe y con fianza de amor finísimo y caridad para con Dios, de fortaleza y perseverancia, sirviéndole en vida y en muerte, y el fervor y diligencia en buscarle, y la liberalidad en servirle con su propio caudal; y aprende de tan alta lección como te dan de servir a tu Redentor, y pídele gracia para imitarlas en todo.
PUNTO II. Considera cómo llegaron al sepulcro, y Dios les facilitó todas las dificultades que tenían, porque les abrió la puerta por ministerio de ángeles, y atemorizó las guardas de manera que los hallaron como muertos, y en lugar de los soldados hallaron ángeles que las recibieron con alegría y las consolaron, dándoles las nuevas alegrísimas de la resurrección del Señor; y saca de aquí afectos de grande confianza en la providencia divina, que te facilitará todas las dificultades que pudieres tener en su servicio; y esfuérzate, aun que seas más flaco que estas mujeres, y hallarás al Señor propicio a tu lado, y sus ángeles que te consuelen, como a estas santas mujeres consolaron.
PUNTO III. Considera lo que dice el Evangelista , que estaban los ángeles vestidos de blanco y sentados sobre la piedra del sepulcro, y dijeron a las mujeres que entrasen y viesen el lugar a donde había sido sepultado el Señor; y con efecto las entraron en él y lo vieron, certificándose de su resurrección. El sepulcro, como dice san Agustin, fue una representación del paraíso, el cual estaba cerrado y guardado por los ángeles a fuego y a sangre hasta que vino Cristo. Pondera cómo por la virtud del Crucificado se abrió aquella puerta cerrada, y se franqueó los hombres el paraíso de la bienaventuranza, y cómo los ángeles que les impedían la entrada, ahora los convidan y llevan a entrar en él, y les comunican su gloria, como a estas santas mujeres. Anímate con su ejemplo a buscar a Dios con diligencia, y córrete de que flacas mujeres te lleven la ventaja en el servicio del Señor, y resuélvete de veras a buscarle con diligencia, si quieres merecer la gloria de su resurrección.
PUNTO IV. Considera cómo volviéndose al Cenáculo estas santas mujeres a dar cuenta a los apóstoles de lo que habían visto, les apareció Cristo en el camino y las consoló, comunicándoles la gloria de su resurrección, pagándoles con este premio su fervor y diligencia y el amor que le tenían. Contempla el gozo de sus almas, viendo vivo y glorioso al que habían buscado muerto, у saca grandes deseos de servir a tal Señor, que premia con galardón tan colmado los servicios que le hacen. Dale gracias por todo, y pídele su auxilio para amarle y servirle con todas las fuerzas de tu alma como estas santas mujeres.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.