Lunes de la octava de Pascua.
De cómo apareció Cristo a los dos discípulos que iban a Emaús
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí
MEDITACION
Lunes de la octava de Pascua.
De cómo apareció Cristo a los dos discípulos que iban a Emaús. (Luc. 21.)
PUNTO PRIMERO. Mira con los ojos del alma a los dos discípulos que iban al castillo de Emaús, tristes por la muerte del Señor; desconsolados porque no habían experimentado su resurrección; y hablando por el camino de la vida y pasión del Señor: y al mismo Cristo en hábito de caminante que les iba a los alcances hasta juntarse con ellos, buscando como un buen pastor las ovejas que andaban descarriadas de su rebaño. Pondera cuántas veces, sin verlo ni conocerlo tú va Dios contigo y te busca, asiste, habla, consuela y te cuenta los pasos para darte por ellos crecidísimo galardón. Aprende de su piedad a tenerla con tus hermanos consolándolos en sus tristezas y aflicciones, y de su vigilancia a tenerla con los que tienes a tu cargo, no perdonando desvelo o trabajo por su bien; y gózate de tener un Señor tan bueno y amoroso que el día de su mayor gloria no se olvidó de los suyos, antes tomó nuevos disfraces para consolarlos, alegrarlos y darles parte de su resurrección, y pídele que pues la dio a todos, no te deje a ti solo desconsolado, aunque no lo merezca tu tibieza, sino que te de alguna parte del gozo que a todos reparte.
PUNTO II. Considera las causas que hubo de parte de estos dos discípulos para que viniese Cristo a visitarlos y a declararles su gloriosa resurrección, que fueron entre otras dos muy principales; la primera la tristeza que tenían de la pasión y muerte del Salvador, y quien se compadece de él merece ser consolado y tener parte en la gloria de su resurrección; la segunda, que hablaban de su vida, pasión, milagros y predicación, y la conversación santa de la vida y pasión de Cristo es reclamo para traerle a nuestra compañía; saca de lo uno y de lo otro para tu provecho meditar continuamente en la vida y pasión del Salvador, y desterrar de tus conversaciones todas las materias seglares, tratando siempre de las espirituales y santas, para que merezcas su vista y consolación.
PUNTO III. Considera cómo, aunque sabía lo que hablaban, les pide que se lo digan, descubriéndoles las llagas como sabio médico para curarlos de ellas ¡Oh cuántas veces te quedas sin salud por no descubrir tus llagas al confesor, que tiene el lugar de Dios! oye cómo los reprende llamándolos ignorantes y de poca fe, porque tan presto titubeaban en su resurrección; y mete la mano en tu pecho y reconoce cuánto más merecías tú la reprensión que no ellos, mira otro sí la humildad con que la oyen sin conocerle ni entender quién era, y aprende a llevar con silencio y humildad las reprensiones de tus superiores y padres espirituales: oye también lo que dicen, que con sus palabras ardían sus corazones en espíritu y devoción ¡Oh si Dios te hablase al corazón y te encendiese en su amor! Habla tú a Dios si quieres que te hable Dios a ti y te encienda en las llamas de su ardiente caridad.
PUNTO IV. Contempla lo que pasa al llegar al castillo, cómo hace ademán el Señor de que los quiere dejar, porque en la verdad quería entrañablemente no apartarse de ellos ¡Oh cuánto nos ama este Señor, y cómo todos son amagos y disimulos cuando parece que se esconde y se aparta de nosotros! no te apartes tú de Dios, y Dios no se apartará de ti; hizo ademán de que se iba, para probar el amor de sus queridos y amados discípulos, rogándole y deteniéndole: así se esconde de ti y disimula irse y dejarte, para que le ruegues y pidas que no te deje: llámale, búscale, clama y dile que se quede contigo y no te deje, que más quiere él asistirte, que tú puedes desear tenerle contigo, solo pretende hacer experiencia de tu amor: últimamente asiste a aquella mesa, mira cómo se rindió a la primera palabra que le dijeron, y se sentó con ellos, y tomó el pan en sus manos, y como le había tomado, partido y repartido en la última cena, con esta acción se descubrió y le conocieron y adoraron; y desapareció de su presencia dejándolos bañados en un mar de alegría ¡Oh Señor, si os dignásedes de visitarnos! ¡Oh si viniésedes a buscar esta oveja perdida, y quisiésedes darme las migajas que se caen de vuestra mesa! No miréis a mi indignidad, sino a vuestra infinita bondad; dadme que yo os ame, crea y predique siempre, y una confianza firmísima en vuestras promesas, y un rayo de vuestra luz para que os conozca y busque, y desprecie cuanto el mundo adora por vuestro amor.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.