I domingo de Pascua.
Cómo apareció Cristo a sus discípulos en el Cenáculo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
I domingo de Pascua.
Cómo apareció Cristo a sus discípulos en el Cenáculo. (Joan. 20.)
PUNTO PRIMERO. Considera cómo para Cristo no hay puerta cerrada, y que a donde no pudo entrar el mal entró el bien; porque estando los discípulos congregados en el Cenáculo, muy cerradas las puertas por miedo de los judíos entró Cristo resucitado y glorioso y se puso en medio de ellos, como el sol en medio del cielo, alumbrándolos y alegrando sus corazones con la luz de su resurrección y la dulzura de sus palabras. Considera la benignidad del Salvador y el amor que tiene a los suyos y el cuidado de consolar los en sus tristezas, y cómo para esto aumenta milagros, entrando a puertas cerradas, usando del dote de sutilidad que gozaba como glorioso. Gózate de tener tal Señor y tal maestro, y cobra gran confianza en su amor y providencia; pídele que te visite en tus aflicciones y trabajos, y que te consuele y esfuerce, como lo hizo con sus Apóstoles y discípulos.
PUNTO II. Pondera en esta visita cómo Cristo se puso en medio de aquella congregación , porque quiere estar en medio de los suyos, y en medio de ti mismo haciendo asiento y morada en tu corazón; desocúpale de todo lo terreno y ofréceselo enteramente para que venga a ti, y te visite, consuele y more contigo. Pondera el sumo gozo de toda aquella santa compañía, viendo la gloria de su maestro y Redentor; cómo todos llegarían a adorarle, reverenciarle y servirle, y el amor y caricias con que los recibiría y aseguraría del miedo en que estaban de los judíos que los perseguían. Llega tú también a adorarle y reverenciarle, y pídele su bendición y parte del gozo que reparte de su gloriosa resurrección, y que te aliente y es fuerce para su santo servicio.
PUNTO III. Considera cómo les mostró sus sagradas llagas de las manos, pies y costado , que resplandecerían en su cuerpo glorioso más que las estrellas en el cielo aumentando su hermosura. Mira cómo se precia de haber padecido por ti, para que tú te precies de padecer por él, y cómo las afrentas y llagas que se padecen en este mundo por la gloria de Dios y bien de las almas se convierten en la otra vida en margaritas y piedras preciosísimas de gloria, honra y hermosura ¡Oh Señor! y quién padeciera afrentas, azotes, heridas, baldones y muerte por vos, como vos los padecisteis por mí: pídele al Señor esta gracia y anímate con su ejemplo a padecer con alegría cualquiera cosa que te viniere por su amor.
PUNTO IV. Considera lo que dice el Evangelista san Juan, que luego sopló y les dio el Espíritu Santo para perdonar pecados, no contentándose con darles tan crecido gozo, haciéndoles participantes de la gloria de su resurrección, sino juntamente dándoles con ella la plenitud del Espíritu Santo para perdonar los pecados; a esto vino Cristo al mundo especialmente, y a esto envió sus discípulos; no a castigar, sino a perdonar pecados, y para esto les comunicó el Espíritu Santo ¡Oh si viniese a nuestras almas y nos diese este don sobre todo don de su Santo Espíritu! pídele que venga a la tuya y que te haga esta merced, perdonándote tus pecados con la liberalidad que perdonó a los Apóstoles, dándoles el aliento de su boca ¡Señor! si me diésedes aliento de vuestro aliento, y gracia para permanecer en vuestra gracia, y el perdón de mis culpas: esto os pido y suplico y que me tengáis de vuestra mano para que no os ofenda más.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.