jueves, 9 de abril de 2026

De la aparición de Cristo a los apóstoles en Galilea. (Matth. 28.)

 


Viernes de la octava de Pascua.

De la aparición de Cristo a los apóstoles en Galilea. (Matth. 28.)

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la octava de Pascua.

De la aparición de Cristo a los apóstoles en Galilea. (Matth. 28.)

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo mandó Cristo a sus discípulos que fuesen a un monte de Galilea, para mostrárseles allí glorioso, y darles las noticias y últimos documentos de su Evangelio, y habiéndose juntado en él les cumplió su promesa, mostrándoseles a todos resucitado. Contempla el gozo tan crecido que tendrían viendo a su santo Maestro tan glorioso, y la alegría con que todos se gozarían de su dicha; saca de aquí para el aprovechamiento, lo uno gozarte con los apóstoles de la gloria de su Redentor; lo otro retirarte a la soledad y subir al monte de la perfección, para merecer gozar la gloria de la resurrección del Señor; porque aunque pudo concedérsela en poblado, los sacó a la soledad y a la cumbre del monte para: enseñarlos a dejar el comercio de los pueblos, y retirarse a la soledad para gozar los secretos misteriosos del Señor.

 

PUNTO. II. Oye y contempla las palabras que les dijo el Salvador; a mí me han dado toda la potestad en los cielos y en la tierra, partíos luego a enseñar a todas las gentes, bautizándolos, etc. Considera que así como Cristo fue el que más se humilló en los cielos y en la tierra, así fue el más ensalzado en ellos, y a quien se dio la potestad universal sobre todos, para que aprendas a humillarte, y que cuanto más te abatieres mayor honra recibirás de Dios; y atiende en qué emplea Cristo su potestad, no en engrandecerse ni abatir a los otros, sino en honrar y engrandecer a todos, comunicando su poder a sus discípulos para que perdonen los pecados los hombres, y los bauticen, enseñen y encaminen al cielo. Saca de aquí grandes afectos de emplear tu poder y la autoridad que Dios te diere en hacer bien a tus prójimos, y en honrarlos y ayudarlos, como Cristo empleó la suya en utilidad de sus hermanos.

 

PUNTO III. Considera cómo les mandó no solo que los bautizasen, sino que los enseñasen y exhortasen a guardar todo lo que les había enseñado, porque no les bastaría la fe sola, sino la acompañasen con buenas obras; atiende a las que tú haces, y cómo cumples este precepto, y mira si guardas y cumples todo lo que te mandó Cristo, y llora las faltas que cometes en el cumplimiento de sus mandamientos, y pídele al Señor gracia para cumplirlos enteramente como debes.

 

PUNTO IV. Considera las palabras con que remata el Redentor su razonamiento diciendo:  y yo quedo con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo ¡Oh palabras de sumo consuelo! Contempla el que causaría esta promesa en los corazones de todos los discípulos, oyendo que se quedaba con ellos su Maestro, sin dejar de asistirles día ninguno con su gracia, con su poder y con sus auxilios, aconsejándoles, confortándoles y defendiéndoles; a ti también habla con estas palabras, y entiende que te asiste y está siempre contigo en todas tus acciones; óbralas como si le vieras presente, y anímate en las tribulaciones, pues tienes a tu lado tal Señor y tan poderoso; cobra una grande confianza en su poder y un esfuerzo varonil en su asistencia; pídele que te ayude, para que no desmayes en ninguna contradicción y tentación que te venga.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.