Martes de la II semana de Pascua.
De otras calidades del buen Pastor.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la II semana de Pascua.
De otras calidades del buen Pastor.
PUNTO PRIMERO. Considera que el buen Pastor tiene del pan y del palo, y que rige su ganado con el báculo y cayado y le da también el pasto; en figura de lo cual (como dice san Gregorio) aquella Arca del Testamento encerraba el maná dulce del cielo y la vara de Moises; porque en el pecho del buen Pastor ha de haber el maná de la blandura y la vara del castigo cuando fuere menester: de ambas cosas usa Dios con los suyos, como buen Pastor; dales la dulzura de la devoción y consolación y de la prosperidad, y también cuando es necesario usa de la vara del rigor y del castigo para avivarlos en su servicio; de lo cual has de sacar dos afectos; el uno de enseñanza para regir a los tuyos y a ti mismo, usando cuando convenga de la blandura, y otras veces del rigor; y el otro de humildad y resignación en la voluntad de Dios, sujetándote a su obediencia y tomando con igualdad de ánimo el castigo, la sequedad y el trabajo que te enviare, como la consolación y prosperidad cuando te la diere.
PUNTO II. El buen Pastor tiene mirra y medicamento para curar sus ovejas; así Cristo proveyó a su Iglesia de las medicinas de los Santos Sacramentos para curar las almas: pondera cuán fáciles son y cuán eficaces, pues lavándolas en el bautismo con el agua, las cura de la lepra del pecado que contrajeron en Adan, mucho mejor que se purificó Naaman de la suya en las aguas del Jordán: compara esta medicina con el acero sangriento de la circuncisión, y reconoce la benignidad de Cristo y la blandura y mansedumbre de este buen Pastor: discurre por los demás Sacramentos, y dándole gracias al Señor por ellos, atiende cómo los debes usar y aprovecharte de tan saludables medicinas; llora la negligencia que hasta ahora has tenido en valerte de ellos, y propón con firmeza enmendarte en lo porvenir.
PUNTO III. Considera cuán grande merced fue esta que te hizo el Señor, la cual negó al rebaño de los ángeles con ser de tan subido valor, a quien tocó la roña de la soberbia; y no les concedió el Señor medicina para recuperar la gracia perdida, sino que al instante que pecaron los lanzó al infierno. Considera qué fuera de ti si Dios hubiera usado este rigor contigo, y qué dieran hoy los demonios por esta medicina u otra mayor, por más penosa y trabajosa que fuera, para curar su dolencia y recuperar la salud perdida y volver a la gracia de Dios y a la herencia de la gloria; pues sin duda no hay cosa tan ardua ni tan penosa que no abrazaran con aliento y con sumo agradecimiento por conseguir este bien; procura con todas las veras posibles estimar la merced que Dios te ha hecho, no seas ingrato a sus beneficios porque no te prive de ellos; logra estas espirituales medicinas, que es lo que pretendió el Señor cuando las instituyó para bien tuyo.
PUNTO IV. Considera de qué se confeccionó la mirra de estas medicinas, no de las yerbas o de la resina de los árboles, o de las raíces de la tierra, o zumo de las flores, sino de la sangre preciosísima de Cristo, que como buen Pastor abrió sus venas y la dio para curar tus llagas y sanar tus enfermedades: éste fue el bálsamo (como dice san Bernardo) que dio el árbol de la vida para restaurar la tuya; él quiso ser herido y llagado para sanar tus llagas y tus heridas con el bálsamo de su sangre ¡Oh Señor! adonde llegó la fineza de vuestro amor para quien tanto os ha ofendido, pues hicisteis más por mí que yo pude imaginar ni pediros a vos: pondera qué linaje de caridad fuera el de un hombre que viendo a otro enfermo y sin remedio abriese sus venas con la violencia del acero y derramase su sangre y quedase llagado por curar a su amigo de sus llagas, y qué agradecimiento debiera a tal fineza de amor quien así le recibiera; y saca de aquí lo que tú debes a Dios y cuán poco es lo que haces y padeces por él: mira tus enfermedades y la roña de tus malas costumbres; y pues tienes tal médico y tal pastor, arrójate a sus pies y pídele con humildad que te cure y sane de tus enfermedades, y que purifique tu alma de la lepra del pecado, para que le seas agradable y merezcas entrar en el aprisco de su gloria en compañía de sus escogidos.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.