Miércoles de la III semana de Pascua.
De la gloria del alma de Cristo nuestro Señor
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la III semana de Pascua.
De la gloria del alma de Cristo nuestro Señor.
PUNTO PRIMERO. Considera cuán inmensa, sublime e incomprensible seria la gloria del alma de Cristo nuestro Señor, Hijo natural de Dios, y como tal unida hipostáticamente con su divinidad, a quien veía y gozaba íntimamente desde el instante de su concepción, y en este grado, como en todos los demás, excede a todos los ángeles y santos del cielo con las ventajas que hace el hijo natural al adoptivo, y la luz y claridad de su vista a la de todos los demás, y por el consiguiente se gloría y goza aquella alma santísima sobre todo cuanto se puede imaginar; si Isaías dice, y lo repite san Juan, que ni los ojos vieron, ni los oídos oyeron, ni en entendimiento humano pudo caber lo que Dios preparó para el menor de los bienaventurados ¿cuál será la gloria que previno y dispuso para el mayor de todos, que fue Jesucristo? Pide al Señor te dé un rayo de su luz para rastrear alguna parte de esta felicidad, y gózate de ella con el mismo Señor.
PUNTO II. Considera la grandeza y soberanía de esta gloria y bienaventuranza del alma de Cristo, no solo por lo esencial de la visión beatífica en que comprende cuanto es posible a una criatura la esencia de Dios, sino también por la gloria accidental de tantas fuentes como aumentan el rio caudaloso de su bienaventuranza, porque ve y reconoce en Dios todo lo pasado, presente, futuro y todo lo posible, y todos los atributos y grandezas divinas, y las obras que se han hecho, y se hacen y harán santas y meritorias, y los muchos que salen de pecado y se salvan por los méritos de la sangre de Cristo, y todos son aumentos de su gloria con las alabanzas que le dan todos los cortesanos del cielo y todas las criaturas. Contempla el alma de este Señor como un sol resplandeciente bañado de inmensas luces, o como un mar inmenso aumentado con las corrientes de muchos y caudalosos ríos. Considera la grandeza de su caраcidad y la intención de sus glorias, y gózate de su gozo y dale millares de millares de gracias a Dios por las que hizo a esta santísima alma enriqueciéndola con tantos y tan subidos grados de gloria.
PUNTO III. Contempla el gozo de todos los cortesanos del cielo, así ángeles como hombres, en especial de la Reina de los ángeles, de la gloria de Cristo, y los parabienes que darían a su santísima alma, y cuánto se gozarían de su gloria; y entra tú con ellos a gozarte también de ella y a darle gracias y parabienes por ella; y pondéralas que la misma alma del Salvador dio al Eterno Padre por las mercedes que le hizo, y las que le está dando continuamente con inexplicable agradecimiento y gloria.
PUNTO IV. Carga el peso de la meditación en considerar los medios por donde llegó el alma del Salvador a esta grandeza de gloria y felicidad que acrecentó a la esencial, que le dio liberalmente la mano poderosa de Dios; discurre por los actos que hizo en toda su vida de sumo merecimiento, y aprende a merecer y ganar los premios eternos; pídele a Dios que te conceda alguna parte de la inmensa gracia con que le ordenó y enriqueció, para que puedas imitarle y alcanzar algún grado de la infinita gloria que alcanzó
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.