Martes de la III semana de Pascua.
Del amor y promesas de Cristo en el Evangelio.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO PASCUA
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la III semana de Pascua.
Del amor y promesas de Cristo en el Evangelio. (Joan. 16.)
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Juan Crisostomo; conviene a saber, que el poco tiempo de que aquí habla Cristo, en que dice que no le han de ver, es el de su pasión, y llámale pосо у corto una hora, como lo dijo también por san Juan, conociendo Jesús que llegaba su hora. Esto es, la de su pasión; porque aunque fueron tantas y tan acerbas, la grandeza de su amor era tal que todo se le hacía poco para padecer por el hombre. Carga el peso de la consideración sobre este punto y alaba y engrandece la caridad inmensa del Salvador que tanto te amó y estimó, y tanto padeció por ti. Dale muchas gracias por ello y avergüénzate en su presencia, viendo tu tibieza y pusilanimidad, pues no tienes ánimo para padecer por él, y cualquiera trabajo se te hace mucho e insoportable para llevarle por su amor. Córrete de las quejas que das y el poco sufrimiento que tienes, y pídele una centella del fuego de amor que arde en su pecho, para padecer mucho con alegría por él.
PUNTO II. Medita aquellas palabras de David en el Psalm. 126. Iban caminando y llorando cuando sembraban su semilla; pero después volvían con alegría cargados de las gavillas de la mies que habían cogido. Pondera con san Gerónimo que se siembra poco y con llanto, y se recoge mucho y con gozo; porque cuando se coge a manos llenas el fruto colmado de lo que sembraron, se da por bien empleado el trabajo y el gasto de la siembra. Este es el tiempo de sembrar, y en la muerle el de coger los frutos de las obras que se han sembrado en la vida: cada uno cogerá lo que sembró; si espinas de malas obras, cogerá penas y tormentos; si grano de santas y buenas, cogerá frutos de vida eterna, con tan grandes creces que corresponderá a ciento por cada una; poco trabajarás y mucho cogerás; piensa en esto y determínate a trabajar con fervor lo poco que te restare de vida en la viña del Señor, y cogerás en tu muerte abundantes frutos de gloria.
PUNTO III. Considera lo que dice Cristo en el Evangelio, que la mujer cuando pare tiene dolor y tristeza y da muestras de pesarle de haber concebido por el dolor que padece; pero en pasando aquella hora olvida los propósitos pasados y vuelve a tener otros hijos. Piensa con esta ocasión cuántos propósitos has hecho en las enfermedades y trabajos de servir al Señor y de corregir tu vida, y pasada aquella hora los has olvidado y proseguido en tus antiguas costumbres como antes. Llora tu inconstancia y pide favor a Dios para empezarle a servir con fortaleza y perseverancia hasta el fin, que si fueres fiel en sus promesas, experimentarás en ti su liberalísima misericordia.
PUNTO IV. Considera las palabras con que remata Cristo su Evangelio: yo os veré otra vez y se alegrará vuestro corazón con un gozo tal que ninguno os le quitará. Aquí has de ponderar la seguridad del bien eterno y su perseverancia sin menoscabo o diminución; porque cuanto tiene de grande tuviera de penoso, sino estuviera seguro y sin recelo de perderle o acabarse. Cava en esta promesa y coteja las delicias del cielo con las de la tierra, las que Dios da a sus siervos con las que da el mundo a los suyos: mira cuán menguadas y breves son estas, cuán grandes y eternas aquellas, y anímate con esta consideración a dar de mano cuanto el mundo ofrece, y a no codiciar más de lo que Dios promete.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.