jueves, 30 de abril de 2026

De la gloria de Cristo por la de los bienaventurados

 


Viernes de la III semana de Pascua.

De la gloria de Cristo por la de los bienaventurados

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO PASCUA

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la III semana de Pascua.

De la gloria de Cristo por la de los bienaventurados.

 

PUNTO PRIMERO. Considera el deseo tan intenso que siempre tuvo el Salvador de la gloria de los hombres, y las diligencias que hizo por ella, y lo que padeció por salvarlos, y cuántas veces y con qué instancia oró por ellos; y si como dice san Agustin, al paso que una cosa se desea es el gozo de alcanzarla, por aquí puedes rastrear el que tendría y tiene Cristo en el cielo, cuando ve tanto número de predestinados por sus méritos en la gloria, y la que recibiría con cada uno delos que suben a ella: gózate del gozo del Salvador, y procura ser uno de ellos para dar aumento a su gloria, y llora la mucha que le quitan los que se condenan por su malicia, y pídele al Señor envíe predicadores apostólicos que los encaminen al cielo.

 

PUNTO II. La vista de cada uno de los bienaventurados es tan deleitable y gustosa, que aumenta la gloria de los otros que gozan de su compañía, pues pondera ahora cómo aumentará la de Cristo, la de tantos bienaventurados como tiene por sus méritos en el cielo; siendo así que lo uno conoce claramente los grados de gloria esencial y accidental que goza cada uno; lo otro, a todos y a cada uno ama tiernísimamente; y fuera de esto resplandecen en cada uno los merecimientos de su sangre, y coge en ellos los frutos de sus trabajos, como san Pablo los suyos en los fieles que convertía, por lo cual los llamaba su gozo y su corona; así Io serán de Cristo en la gloria, y tendrá tantas coronas, cuantos son los bienaventurados del cielo; enciende en tu corazón un celo fervorosísimo de la salvación de las almas, para que sea por ellas glorificado el Señor.

 

PUNTO III. Considera que si un buen hijo se honra y gloría de la honra de sus padres, ¿qué gloria recibiría Cristo y tendrá eternamente de la gloria de su Santísima Madre, y cómo dará por bien empleados todos sus trabajos, por verla sublimada en el trono de su gloria? Y pondera también la que tendrá la Beatísima Virgen de ver tan glorioso a su Hijo y tan honrado sobre todas las criaturas; mira cómo se carean en el cielo aquellas dos lumbreras del sol y la luna, y cómo aumentan sus glorias y resplandores recíprocamente; Cristo con la vista de María y María con la de Cristo: caréate tú con ambos, contempla sus glorias, y pídeles de corazón que te hagan participante de ellas.

 

PUNTO IV. Considera la gloria que recibe Cristo de la que tienen sus apóstoles, y luego de la que tienen los mártires, y ve así discurriendo por todos los coros de los bienaventurados; atiende cómo da gracias a su Eterno Padre por la merced que les ha hecho, teniéndola por suya, atribuyéndolo todo a su gloria y honra: gózate del gozo de este Señor, dale muchas alabanzas, y endereza cuanto hicieres para honra y gloria suya.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.