jueves, 20 de enero de 2022

SAN FABIÁN, PAPA, Y SAN SEBASTIÁN, MÁRTIRES. 20 DE ENERO

20 de enero

San Fabián, papa, y San Sebastián, mártires

 

Fabián, romano, Papa desde Maximiano hasta Decio. Dividió las siete regiones de Roma entre siete diáconos, para que cuidasen de los pobres. Creó otros tantos subdiáconos, encargados de reunir las Actas de los mártires que escribían siete notarios. Estableció que cada año, en el Jueves Santo, se renovara el Crisma después de quemar el antiguo. El día 20 de enero, en la persecución de Decio, fue coronado con el martirio, y sepultado en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, habiendo regido la Iglesia 15 años y 4 días. Llevó a cabo 5 ordenaciones en el mes de diciembre, en las que creó 22 presbíteros, 7 diáconos y 11 obispos para diversos lugares.

Sebastián, de padre narbonés y madre milanesa, por su ilustre linaje y valor fue apreciado de Diocleciano. Siendo capitán de la primera cohorte, ayudaba a los cristianos, cuya fe profesaba ocultamente, con sus servicios y sus bienes. A los que temían los tormentos, les animaba con sus exhortaciones, y muchos se entregaron a los verdugos por Jesucristo. Entre éstos están los hermanos Marco y Marcelino, que estaban en Roma prisioneros en casa de Nicostrato, cuya mujer Zoé recuperó la palabra por la oración de Sebastián. Siendo estos hechos delatados a Diocleciano, éste llamó a Sebastián, y tras reprenderle con furia, se esforzó, con artificios, en apartarle de la fe cristiana. Pero viendo que nada conseguía, ni con promesas ni amenazas, ordenó que le sujetasen a un palo y le atravesaran con saetas.

Creyendo todos que había ya muerto, una piadosa mujer, Irene, retiró su cuerpo de noche, para sepultarlo, pero hallándole aún vivo, le curó en su casa. Poco después, Sebastián, recobrada la salud, se presentó a Diocleciano, y le recriminó su impiedad. Al verle, el emperador se asombró, pues le creía muerto, y ardiendo en cólera por la novedad del suceso, y por la reprensión de Sebastián, ordenó apalearlo hasta morir. Su cuerpo fue arrojado a una cloaca; pero Lucina, avisada en sueños por Sebastián del sitio donde estaba, y del lugar en que quería ser colocado, le sepultó en las catacumbas, donde con el nombre de San Sebastián fue edificada una iglesia muy célebre y muy venerada.

 

Oremos.

Dios todopoderoso, mira nuestra debilidad, y, pues nos agobia el peso de tantos pecados, que la intercesión gloriosa de los santos Fabián y Sebastián, mártires, nos ayude y nos proteja. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.