lunes, 17 de enero de 2022

SAN ANTONIO ABAD. 17 DE ENERO

17 de enero

San Antonio, abad.

 

Antonio, natural de Egipto, de nobles y cristianos padres, quedó huérfano en su adolescencia. Entrando en una iglesia oyó las palabras del Evangelio: “Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes, y dalo a los pobres”, creyó que debía obedecer a Cristo Señor nuestro, como si a él las hubiese dicho. Por lo cual, vendió todos sus bienes, y distribuyó el dinero entre los pobres. Libre ya de impedimentos, determinó llevar en la tierra una vida celestial. Pero para salir victorioso en un combate tan peligroso, creyó que le era necesario, además de la fe, de la cual estaba bien armado, las demás virtudes. Estas las procuró con tanto ardor, que para conseguirlas se propuso imitar a quien viera sobresalir en cualquiera de ellas.

Nadie más continente que él; más vigilante. A todos aventajaba en la paciencia, mansedumbre, misericordia, humildad, laboriosidad y en el estudio de las divinas Escrituras. Tenía tal horror a las doctrinas y al trato de herejes y cismáticos, especialmente de los arrianos, que exhortaba a todos a alejarse de ellos. Cuando necesitaba descansar, lo hacia sobre el suelo. De tal suerte practicó el ayuno, que acompañaba el pan sólo con sal, y apagaba la sed sólo con agua. La refección no la tomaba antes de la puesta del sol; pasaba días sin probar comida alguna; muchísimas noches enteras se mantenía en oración. A pesar de ser excelente soldado de Dios, se veía acometido con diversas tentaciones por parte del enemigo del linaje humano, que vencía con el ayuno y la oración. Pero Antonio no se consideraba seguro, ya que conocía las innumerables artes que el maligno espíritu tiene para dañarnos.

Así pues, se retiró a la vasta soledad de Egipto, y progresando cada día en la perfección cristiana, despreciaba a los demonios que les echaba en cara su debilidad. Sus acometidas eran tanto más fuertes cuanta mayor era la resistencia que Antonio les oponía. Exhortaba a sus discípulos a la lucha contra el espíritu del mal, y enseñándoles con qué armas le vencerían, les decía: “Creedme, hermanos, el diablo teme las vigilias piadosas, las oraciones, los ayunos, la pobreza voluntaria, la misericordia y la humildad, y lo que más le asusta es el ardiente amor a Cristo Señor nuestro, cuya cruz teme tanto, que a su sola señal huye debilitado”. Era tal el temor de los demonios, que muchos de Egipto, vejados por ellos, quedaban libres invocando el nombre de Antonio. Su santidad era tan grande, que por medio de cartas, Constantino el Grande y sus hijos se encomendaban a sus oraciones. Habiendo llegado a la edad de 105 años, dejando muchos imitadores, reunió a los monjes, y tras haberles instruido en la perfecta norma de la vida cristiana, ilustre por su santidad y milagros, voló al cielo el día 17 de enero.

 

Oremos.

Te rogamos, Señor, que interceda ante ti la oración de tu Santo abad Antonio; para que consigamos los bienes que nuestros méritos no alcanzan. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.