martes, 28 de mayo de 2019

EL AMOR A LA ORACIÓN. San Juan Bautista de la Salle




MEDITACIÓN PARA EL MARTES DE ROGATIVAS
San Juan Bautista de la Salle   
 Del amor a la Oración  
Para urgirles instantemente a orar, asegura de manera positiva Jesucristo a los hombres, que todo cuanto en la oración pidieren, lo recibirán: Todo el que pide recibe (1).
La oración produce su efecto por sí misma, y eso, en virtud de haberlo Dios prometido; de modo, que cuanto más se le pide, tanto más da; porque Dios se complace vivísimamente en enriquecer a los hombres. " No nos instaría tanto a que le pidiéramos, dice san Agustín, si no estuviera dispuesto a dárnoslo, y si no lo quisiera efectivamente "
Confundíos, por tanto, de veros tan cobardes y negligentes en dirigir vuestras súplicas a Dios, que está más dispuesto a complaceros que vosotros decididos a pedirle.
Más compasión tiene El de vuestra miseria, que deseo vosotros de libraros de ella.
Animaos, pues, a dar crédito al que tan ardientemente os insta; haceos dignos de sus promesas, y complaceos en acudir a Él. " ¿Quién esperó obtener de Dios alguna cosa y quedó defraudado? ", pregunta san Agustín.
Dos razones da Jesucristo en el santo Evangelio sobre la eficacia de la oración.
Primera, la fe y confianza con que se acude a ella: Todo cuanto pidiereis " con fe " en la oración, lo conseguiréis, afirma Jesucristo (2).
El que dice todo indistintamente, nada exceptúa. ¿Quién osaría creer que tiene la fe tal eficacia como para alcanzar infaliblemente cuanto se pide a Dios, si el Hijo mismo de Dios, verdad por esencia, no lo asegurase?
Y no sólo os lo asegura con sus palabras: os dio de ello ejemplo admirable en aquella mujer cananea que, luego de importunar con sus instancias a Jesucristo para que librase a su hija de la posesión del diablo, mereció del Señor que accediese a su súplica, tan sólo en consideración a su fe: ¡Oh mujer, le dijo Jesús, " cuán grande es tu fe ", hágase según tu deseo! (3).
Persuadíos, por tanto, de que está Dios dispuesto a no rehusaros cosa alguna que le pidiereis con fe y confianza en su bondad.
La segunda razón de que Dios conceda cuanto se le pide, es la humildad con que se solicita de Él aquello de que se tiene necesidad; pues, como muy bien dice el Sabio: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes (4). Quiere decir que nada otorga a aquéllos; mientras que a éstos nada les rehúsa.
Esta verdad nos enseña de modo evidente Jesucristo en la parábola del fariseo y del publicano: ambos oraban a la vez en el Templo; mas de ellos dice Jesucristo que el último volvió a su casa justificado, pero no así el primero; y la razón que de ello da inmediatamente es que todo el que se ensalza será humillado, y quien se humilla será ensalzado (5).
Como si dijera que la oración del primero no fue atendida por ir acompañada de sentimientos de soberbia; y que el segundo, no obstante la gravedad de los pecados que había cometido, obtuvo de ellos plena remisión, y volvió justificado a su casa, en gracia a la contrición y a la humildad con que se había presentado delante de Dios.
Cuando, pues, dirijáis a Dios vuestras preces, sea con tanta humildad, que no pueda rehusaros nada de cuanto le pedís.