domingo, 15 de septiembre de 2019

EL ABANDONO EN LAS MANOS DE LA PROVIDENCIA. San Juan Bautista de la Salle


Del descuido de sí en manos de la Providencia. 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO DECIMOCUARTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle

A vosotros particularmente dirige Jesucristo las siguientes palabras del evangelio de este día: Buscad primero el Reino de Dios (1). En efecto: no habéis debido venir a esta casa si no es con el fin de buscar a Dios, primeramente, para vosotros y, en segundo lugar, para aquellos cuya instrucción Dios os ha encomendado. El establecimiento del Reino de Dios en vuestras almas para ésta y la otra vida, es lo que aquí habéis de buscar.
Durante la presente vida vuestra única preocupación ha de ser que reine Dios por la gracia y la plenitud de su amor en vuestros corazones. Para El debéis vivir, y la vida misma de Dios ha de ser vida de vuestras almas. Es necesario también que la alimentéis de Él manteniéndoos lo más que os fuere posible en su divina presencia.
Lo que constituye la vida de los santos es su atención constante a Dios, ésa debe ser también la vida de las almas que se han consagrado a Dios y ninguna otra cosa pretenden que cumplir su santa voluntad, amarle y procurar que otros le amen Tal ha de ser vuestra única ocupación en la tierra, y a ese fin deben enderezarse todos vuestros trabajos.
Empeñaos, pues, en que aquellos que instruís consideren el pecado como enfermedad vergonzosa que inficiona las almas, las hace indignas de acercarse a Dios y de comparecer en su presencia. Inspiradles el amor de la virtud; imprimid en ellos sentimientos piadosos, y daos trazas para que no cese Dios de reinar en ellos; porque si eso conseguís, romperán todo trato con la culpa o evitarán, al menos, los pecados graves que dan muerte al alma.
Ponderad con frecuencia interiormente cuál es el fin de vuestra vocación, y que ello os urja a trabajar por el establecimiento y consolidación del Reino de Dios en los corazones de los alumnos. ¿Pensáis en que uno de los mejores medios para procurarles esta ventura es conseguir, en primer término, que reine Dios de tal modo en los alumnos que ya no se dé en ellos acción ni impulso alguno que no proceda más que de Dios?
Para no ocuparos en otra cosa que en facilitar los medios de que Dios reine en vosotros y en las almas de vuestros discípulos, importa mucho que os despreocupéis de lo relativo a las necesidades del cuerpo; pues esos dos órdenes de cuidados son entre sí incompatibles; ya que la dedicación a las cosas externas extingue en el alma el interés por lo que atañe a Dios y a su servicio.
Ésa es la razón de que en este mismo evangelio recomiende Jesucristo a sus santos Apóstoles - encargados por Él de mirar por la salvación de las almas y el establecimiento de su Reinado en la tierra - que no vivan intranquilos diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos? porque afanarse a causa de todo eso es propio de gentiles.
Tanto más, cuanto aquellos que hasta ese extremo viven desasosegados, muestran que se hallan carentes de fe; y, para ofrecer de ello una prueba convincente, añade el Señor: Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni amontonan cosa alguna en los graneros. Contemplad los lirios del campo; no trabajan ni hilan y, con todo, Salomón en toda su gloria no se vistió con tanto primor como uno de ellos.
¿Tenéis, pues, vosotros tan poca Le que vayáis a temer os falte algo de lo necesario para vivir y vestiros si, cumpliendo con vuestra obligación, os desveláis exclusivamente por que reine Dios en vuestros corazones y en el de los otros?
Jesucristo asegura que Dios mismo toma sobre Sí el cuidado de vuestro sustento y conservación: Vuestro Padre celestial, dice, sabe la necesidad que de todo eso tenéis. El alimenta las aves del cielo: pues ¿no valéis vosotros mucho más, sin comparación, y no sois mucho más queridos de Él que los pájaros? Y añade: Si Dios se cuida de vestir así la hierba de los campos, que hoy florece y mañana será cortada, ¡cuánto más cuidará de vestiros a vosotros, oh hombres de poca fe! Estad persuadidos, concluye Jesucristo, de que, si buscáis verdaderamente el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se os dará por añadidura, porque Dios mismo se encarga de suministrároslo.
No se pone bozal al buey que trilla, dice san Pablo (2). Si, pues, os interesáis con empeño por cosechar almas, ¿cómo podéis temer que, Quien os emplea en ello como operarios os rehúse luego el alimento que necesitáis para realizar su laborío?
Cuanto más os descuidéis en las manos de Dios, respecto a lo temporal, mayor será el cuidado que ponga Él en proporcionároslo. Si, al revés, echáis sobre vosotros dicha tarea, Dios la dejará a vuestro cargo, y podrá suceder que con frecuencia permita carezcáis de lo indispensable, para castigar vuestra falta de fe y de confianza.
Haced, por tanto, lo que dice David: Volved a Dios el pensamiento; poned en El toda vuestra esperanza, y El os sustentará (3).