miércoles, 19 de agosto de 2026

DÍA 20. DOLOR CRUEL DEL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN QUE TUVO CON SU HIJO ANTES DE SU PASIÓN. EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO AL SANTÍSIMO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 


DÍA 20

DOLOR CRUEL DEL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN QUE TUVO CON SU HIJO ANTES DE SU PASIÓN

 

EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA

 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA 20

DOLOR CRUEL DEL CORAZÓN DE MARÍA DURANTE LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN QUE TUVO CON SU HIJO ANTES DE SU PASIÓN

 

Considera el dolor cruel que debió atravesar el Corazón de María cuando tuvo que separarse de su Hijo, al venir Él a despedirse de ella por última vez, según lo relata san Buenaventura.

«Después de la Cena —dice este santo Doctor—, el Señor Jesús fue a encontrarse con su Madre; se sentó a solas junto a ella y la colmó con el consuelo de su divina presencia, de la cual estaba a punto de privarla.

"Hija amadísima —le dijo—, es voluntad de mi Padre que vaya a la muerte, porque ha llegado la hora de la Redención. Todo lo que fue anunciado acerca de Mí va a cumplirse. Harán de Mí objeto de burla y descargarán sobre Mí toda su crueldad."»

¿Qué respondió su Madre?

«¡Oh, Hijo mío! ¿Qué acabo de oír? Mi espíritu se turba, mi corazón se rompe y siento que me faltan las fuerzas. ¡Padre eterno! ¡Divina Providencia! ¡Ay de mí! ¿Qué puedo decir?»

Los sollozos le cortaban la voz y derramaba un torrente de lágrimas.

Y Jesús, al contemplar el estado de profunda aflicción en que había quedado su Madre, experimentó una tristeza mortal.

Santa Brígida supo esto por revelación de la misma Madre de Jesús, quien le dijo: «Cuando mi Hijo vio correr mis lágrimas, quedó entristecido hasta la muerte.»

Solo Él podía comprender plenamente cuánto sufría su Madre; solo Él podía experimentar una aflicción proporcionada a aquel inmenso dolor.

¿Quién separó a quienes estaban unidos con un vínculo tan estrecho: un Hijo como este de una Madre como ella? ¿Quién hirió tan cruelmente estos dos Corazones? ¡Ah!, hemos sido nosotros; sí, nosotros mismos y nuestros pecados.

¿Y permanecemos todavía sumidos en una culpable y funesta indiferencia?

¡Oh María, la más desolada de todas las madres!

¡Oh Jesús mío, el más afligido de todos los hijos!

Confieso que yo he sido la causa de vuestro dolor.

¿Por qué, entonces, mi corazón no se rompe de arrepentimiento?

¡Oh divino Redentor!, atravesad Vos mismo este corazón con los dardos de una amarga contrición.

Os lo suplico por las dulces e inocentes lágrimas de vuestra amadísima Madre: haced que mis ojos derramen lágrimas saludables para lavar mis abominables pecados.

 

ORACIÓN

Te suplicamos, Señor, que la bienaventurada Virgen María, tu santa Madre, cuya alma fue traspasada por una espada de dolor en el último encuentro que tuvo contigo y durante todo el tiempo de tu Pasión, interceda por nosotros ante tu misericordia, ahora y en la hora de nuestra muerte. Tú, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

FLOR. Practicar alguna abstinencia en honor de María.

 

FRUTO. Llorar nuestros pecados.

 

ORACIONES FINALES

 

ORACIÓN

AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA

 

¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.

¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.

Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.

Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.

Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.

En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.

Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.

 

ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.

 

Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores

A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:

  1. Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
  2. Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
    • la Natividad de la Santísima Virgen María,
    • la Asunción de la Santísima Virgen,
    • y la fiesta del Santísimo Corazón de María,

con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.

  1. Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
  2. Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.