Día 2
LOS PRIMEROS AFECTOS
DEL CORAZÓN DE MARÍA
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E
INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 2
LOS PRIMEROS AFECTOS
DEL CORAZÓN DE MARÍA
Considera los primeros movimientos y los primeros afectos del Corazón de María en el mismo instante de su formación.
La luna no fue creada y colocada en el cielo sin que, inmediatamente, comenzara su recorrido, continuándolo sin cesar alrededor del astro luminoso cuyos rayos reflejaba.
De igual manera, el Corazón de María, apenas fue formado, se dirigió en ese mismo instante con rapidez hacia el divino Sol de Justicia y se acercó tanto a Él que quedó completamente sumergido en aquella Luz inefable.
Así lo enseñan san Bernardo y san Bernardino de Siena: «María penetró, más allá de cuánto puede imaginarse, en los más profundos abismos de la Sabiduría de Dios, de tal manera que parecía sumergida en esa Luz inaccesible, en la medida en que una criatura puede participar de ella.»
Esto puede entenderse perfectamente del primer instante de la formación de su santísimo Corazón.
Como Corazón de Hija, se humilló y se consagró enteramente a la obediencia al Padre Eterno.
Como Corazón de Madre, ardía ya de amor por Aquel que un día sería su Hijo, aunque entonces solo lo conocía como su Creador.
Como Corazón de Esposa, se lanzó con el más vivo y vehemente impulso para unirse íntimamente, mediante un vínculo indisoluble, a su divino Esposo, el Amor increado.
Porque, como dice también san Bernardino de Siena: «Desde el primer instante, la Virgen tuvo constantemente fija su mirada en la voluntad de Dios y puso siempre el más ferviente empeño en conformarse a ella.»
¡Cuántos momentos de nuestra vida han pasado ya! Pero ¿cómo los hemos empleado?
¡Cuántas luces, cuántos avisos interiores, cuántas santas inspiraciones y cuántas llamadas de la gracia hemos recibido! ¿Y cómo hemos respondido a ellas?
¿Cómo hemos cooperado con esa gracia que nos impulsa a trabajar por nuestra conversión o por nuestra santificación?
Dios mío, por los méritos de vuestra divina Madre, tened misericordia de mí. Desde este momento, ya no quiero resistiros más. Soy todo vuestro y tomo la firme resolución de perteneceros siempre y enteramente.
ORACIÓN
¡Oh María Inmaculada! Apenas concebida, adoraste profundamente al Señor y le diste gracias porque quiso servirse de ti para destruir la antigua maldición y derramar abundantes bendiciones sobre los hijos de Adán. Haz que el amor de Dios se encienda en mi corazón; inflámalo tú misma, para que ame constantemente a mi Dios y, después, pueda gozar de Él en el paraíso. Amén.
FLOR. Rezar tres Padrenuestros y tres Avemarías para dar gracias a la Santísima Trinidad por las gracias que concedió a María.
FRUTO. Corresponder fielmente a la gracia de Dios.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.