DÍA 18
EL CORAZÓN DE MARÍA SE CONVIERTE
EN EL TESORO DE LAS PALABRAS
Y DE LAS ACCIONES DE SU DIVINO HIJO
EL MES DE AGOSTO
CONSAGRADO AL
SANTÍSIMO E INMACULADO
CORAZÓN DE MARÍA
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA 18
EL CORAZÓN DE MARÍA SE CONVIERTE
EN EL TESORO DE LAS PALABRAS
Y DE LAS ACCIONES DE SU DIVINO HIJO
Considera el precioso tesoro que María va acumulando en su Corazón, para su propio provecho y para el nuestro, al contemplar las santas acciones de su Hijo y al escuchar sus divinas palabras, especialmente durante el tiempo de su predicación evangélica.
El santo Evangelio le tributa en varias ocasiones este elogio singular: que conservaba en su Corazón y meditaba todas las acciones y las palabras de su Hijo.
Cuando, durante una de las predicaciones de Jesús, una mujer exclamó en medio de la multitud: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!» Jesús mismo respondió en voz alta y públicamente que su Madre era aún más dichosa por guardar en su Corazón las palabras que Él pronunciaba. En aquella ocasión la propuso a todos como ejemplo digno de imitación, diciendo: «Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.»
Dichosos, pues, quienes, siguiendo el ejemplo de María, escuchan la palabra de Dios y la guardan en su corazón. Así interpretan estas palabras de Jesucristo los Santos Padres y los comentaristas de la Sagrada Escritura.
¿Y nosotros qué provecho hemos sacado de esta exhortación del Salvador? ¿Hemos sido diligentes en escuchar la Palabra de Dios? ¿La hemos oído con atención? ¿Cómo la hemos conservado?
¡Feliz, verdaderamente feliz, quien, como María, la escucha con avidez, la guarda con fidelidad y la medita continuamente en su corazón!
Esa Palabra purifica, ilumina y santifica.
¡Oh Jesús mío, divino Maestro!, hasta ahora he cerrado los oídos a vuestras inspiraciones. En vez de meditar, como María, vuestras divinas palabras, he permanecido sordo a vuestra voz.
¡Habladme de nuevo! Permitid que vuelva a escuchar vuestra palabra divina; la recogeré y la conservaré en mi corazón.
«Hablad, Señor, que vuestro siervo escucha.»
ORACIÓN
Fue con ocasión de ti, ¡oh Madre de Dios!, que nuestro divino Salvador pronunció estas palabras: «Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.» Tu intercesión, María, me alcanzará la gracia de ser fiel en este punto tan importante para mi salvación. ¡Cuántas veces, por desgracia, esa palabra ha llegado a mis oídos sin penetrar hasta mi corazón! Pero, puesto que el Señor me ha esperado hasta este momento y ha permitido que la meditación de las virtudes del corazón de su Madre me conmueva, quiero, con tu poderosa protección, Virgen santa, ser desde ahora muy constante y atento en escuchar la palabra de Dios. Amén.
FLOR. Asistir a un sermón o dedicar media hora a una lectura espiritual.
FRUTO. Escuchar la Palabra de Dios, conservarla en el corazón y ponerla fielmente en práctica.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN
AL SANTÍSIMO CORAZÓN DE MARÍA
¡Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra! Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, digno de toda la veneración y del amor de los ángeles y de los hombres; Corazón que más se asemeja al de Jesús, del cual sois la imagen más perfecta; Corazón lleno de bondad y tan compasivo con nuestras miserias: os suplicamos que derritáis el hielo de nuestros corazones y hagáis que se conviertan enteramente al Corazón de nuestro divino Salvador. Llenadlos del amor de vuestras virtudes e inflamadlos con ese fuego celestial que arde sin cesar en Vos.
¡Oh divino Corazón!, tomad bajo vuestra protección a la santa Iglesia; o mejor aún, recibidla y encerradla en Vos mismo. Sed siempre para ella dulce refugio y fortaleza inexpugnable contra todas las tentaciones y todos los ataques de sus enemigos.
Sed nuestro camino para llegar a Jesús y el canal por el cual recibamos todas las gracias necesarias para nuestra salvación.
Sed nuestro auxilio en las necesidades, nuestro consuelo en las aflicciones, nuestra fortaleza en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones y nuestro socorro en todos los peligros.
Pero, sobre todo, asistidnos en el último combate que habremos de librar al final de nuestra vida, cuando se acerque la muerte y todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatarnos el alma.
En ese momento solemne, en esa hora terrible de la que depende nuestra eternidad, ¡oh Virgen tierna, misericordiosa y siempre pronta a socorrer!, hacednos experimentar la dulzura de vuestro Corazón maternal y manifestadnos cuán grande es el poder que tenéis sobre el Corazón de vuestro divino Hijo.
Abridnos, en la misma fuente de la Misericordia, un refugio seguro desde el cual podamos llegar a bendecirlo con Vos en el Paraíso por los siglos de los siglos. Amén.
ALABANZA A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Que el Santísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María sean conocidos, alabados y bendecidos, amados, servidos y glorificados, siempre y en todo lugar. Amén.
Indulgencias concedidas a quienes reciten la oración y la alabanza anteriores
A petición de varios obispos y sacerdotes devotos del Santo Corazón de María, Su Santidad el papa Pío VII, mediante un rescripto del 18 de agosto de 1807, concedió las siguientes indulgencias:
- Una indulgencia de sesenta días a todo aquel que rece devotamente cada día la Oración y la Alabanza precedentes.
- Una indulgencia plenaria a quienes las reciten diariamente durante el curso de un año entero, en las fiestas de:
- la Natividad de la Santísima Virgen María,
- la Asunción de la Santísima Virgen,
- y la fiesta del Santísimo Corazón de María,
con tal de que, además de cumplir las condiciones ordinarias (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), visiten una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen María y oren allí según las intenciones del Romano Pontífice.
- Una indulgencia plenaria en la hora de la muerte para quienes hayan practicado fielmente este piadoso ejercicio todos los días de su vida.
- Todas estas indulgencias pueden aplicarse, en sufragio, por las santas almas del Purgatorio.