Martes de la XI semana después de Pentecostés .
DEL ESTADO DEL ALMA, REPRESENTADA EN EL SORDO Y MUDO QUE SANÓ CRISTO.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Martes de la XI semana después de Pentecostés .
DEL ESTADO DEL ALMA, REPRESENTADA EN EL SORDO Y MUDO QUE SANÓ CRISTO.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice Teofilato, el demonio ensordeció y enmudeció a este hombre que sanó el Salvador, porque son efectos suyos ensordecer el alma para que no oiga la voz de Dios, y enmudecerla para que no le responda.
Considera cuántas veces te ha llamado y tú has estado sordo a sus inspiraciones y mudo a sus voces, sin querer responder, teniendo oídos y lengua para oír y responder a las voces del mundo y a los silbos del demonio.
Llora tu dureza y obstinación y la ingratitud que has tenido a tan buen Dios, y pondera que este enfermo, a la primera voz de Cristo, luego oyó y le respondió, y tú a tantas y tan continuas no le has respondido, endurecido en tus pecados.
Arrójate a sus pies con entrañable contrición de lo pasado, y pídele gracia para enmendarte y perdón de tu dureza, proponiendo firmemente la enmienda en lo porvenir.
PUNTO II. Contempla los gemidos y lágrimas del Salvador, no tanto por la miseria que aquel enfermo padecía en el cuerpo cuanto por la que los pecadores padecen en el alma, y en especial por la tuya.
Pondera que Cristo llora tus pecados, y tú ríes cuando los habías de llorar con lágrimas de sangre; y la razón es porque estás ciego y no los ves, ni miras la perdición de tu alma.
¡Oh pecador!, abre los ojos y ponlos en Cristo; recoge sus lágrimas, mira cómo llora por ti; vuélvelos a ti y llora tus pecados y la pena que te amenaza por ellos, y pídele a Dios que se compadezca de ti y te sane, como sanó a este enfermo, de la opresión de Satanás.
PUNTO III. Considera lo que dice el Evangelista: que primero miró Cristo al cielo y luego lloró, acordándose de la gloria que perdían los pecadores por su ceguedad y obstinación.
¡Oh, si levantases los ojos al cielo y contemplases la gloria que pierdes por no oír y obedecer al Salvador!
Contempla su grandeza y el gozo que gozan todos sus moradores y el premio que te espera, y anímate a ganarle, enderezando a él tus obras y siguiendo las voces y los consejos del Señor.
PUNTO IV. Contempla lo que dice san Jerónimo sobre este Evangelio: que el pecador ciega cuando ve y mira lo malo, y ensordece cuando oye lo que no ha de oír, y enmudece cuando habla lo que no le conviene hablar.
Pondera cuántas veces has cegado, ensordecido y enmudecido por esta causa, y pon freno a tus sentidos, y vela sobre ellos para que no entre la muerte por estas ventanas y pierdas la vida eterna.
Pídele a Cristo que toque tus oídos con sus dedos, tu lengua y tus ojos con sus manos, para que los santifique y te comunique su gracia para moderarlos y refrenarlos como debes.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.